¿Por qué siento un vacío constante? Agujeros que tapamos

¿Por qué siento un vacío constante? Agujeros que tapamos

Rellenar vacíos es algo que se nos da muy bien aunque muy mal a la vez.

Comemos, bebemos, fumamos, compramos, nos enganchamos a personas, al trabajo,a drogas, a situaciones y pretendemos que nos alivie la sensación angustiosa de no saber por qué sentimos un vacío constante.

Es complicado saber qué parte de nosotros no está satisfecha, qué es lo que nos falta o lo que nos sobra, qué es lo que nos ahoga o nos abruma, qué es lo que no nos deja ser feliz,  ¿o sí? Quizás lo difícil no es saberlo, lo difícil es reconocerlo, sentirlo, aceptarlo y hacer algo adecuado para cambiarlo.

El autoengaño es lo primero que tenemos que tener en cuenta. La mayoría de veces cómo no somos capaces de hacerle frente a la realidad nos protegemos (mecanismo de defensa) y nos engañamos con excusas y mentiras creyendo así que estamos a salvo, pero no lo estamos.

No querer admitir tus problemas es normal porque da miedo, a veces parece una solución adecuada ignorarlos o hundirlos en algún lugar de la mente, pero por mucho que los guardes los problemas te afectan igual y aunque los acalles con muros alrededor, el vacío sigue apareciendo una y otra vez.

Por eso comes, por eso bebes, por eso vas de una persona a otra, por eso compras, por eso tienes comportamientos dañinos y negativos, creyendo que te ayudan a taponar lo que sientes.

Pero lo siento, nunca vas a rellenar el vacío de esta forma, lo único que vas a conseguir es que un pequeño agujero se convierta en un enorme pozo de ansia y necesidad.

¿Y qué podemos hacer? Escuchar, sentir y aceptar.

  1. Escucharnos para empezar. Escuchar más allá de tu muros, escuchar aquello que te da miedo o no quieres oír. No creas que el hecho de no pensarlo hace que no exista.
  2. Sentir la tristeza, el dolor, la frustración, la rabia…, sentir esas emociones que no quieres sentir, aunque estas te parezcan negativas, no es malo, solo duelen, eso sí y eso nada ni nadie puede evitarlo y lo sabes, lo sabes porque a pesar de tus intentos desesperados por rellenar el vacío, sigue doliendo y sigue estando vacío.
  3. Aceptar la realidad, aunque esta no te guste y aceptar que hoy por hoy es lo que es y te afecta del modo en que te afecta.

¿Y ahora qué?

Pues ahora toca reflexionar un poco sobre tu vacío y entender que es normal sentir así. Lo que deseamos, lo que necesitamos, lo que anhelamos tiene mucha fuerza, tanta como para generarte un bucle de tristeza y ansiedad que no se va por mucho que quieras.

Tal vez desear algo diferente hace que tengas que renunciar a tu zona de confort, tal vez lo que necesitas choca con lo que necesita otra persona, tal vez lo que anhelas hace que tengas que replantearte tu estilo de vida. Sí, es complicado, no te lo voy a negar porque los cambios provocan pánico (más vale malo conocido que bueno por conocer), produce demasiada inseguridad lo nuevo y nos aferramos a lo que conocemos, aunque este no sea lo que de verdad queremos.

Pero, ¿cuánto tiempo puede sostenerse una mentira? Exacto, puedes sostenerla años, pero el precio es muy alto.

¿Vale la pena? eso es algo que tendrás que decidir por ti mismo, pero pregúntate si merece la pena que el miedo sea más poderoso que tu felicidad.

Y sí, también sé que el miedo es difícil de combatir, pero no te creas ni por un instante que los cambios sólo se producen cuando uno deja de tener miedo porque el miedo es una constante en la vida y lo único que podemos hacer es aprender a combatirlo a base de decisiones a pesar del miedo; el miedo no se supera, se practica.

Los vacíos emocionales son horriblemente pesados, pero son auténticos mensajes de que algo no va demasiado bien, no te escondas, no los entierres, no los pases por alto porque son mensajes que vienen directamente de la persona que más te conoce en el mundo, tú mismo.

 

¿Por qué resultan irresistibles los «malotes»? Todo lo que no tenemos en cuenta de esta personalidad

¿Por qué resultan irresistibles los «malotes»? Todo lo que no tenemos en cuenta de esta personalidad

Tus ojos ven a un tipo duro, introvertido, seguro de sí mismo e inaccesible, que parece tener a la mujer que quiere, pero que no quiere quedarse con ninguna y, de repente, sientes que detrás de esa apariencia hay alguien interesante que seguro es capaz de amar muchísimo, pero no ha encontrado a la persona adecuada («50 sombras de Grey» es el ejemplo perfecto).

El malote siempre parece más divertido, más seductor, más valioso pero, ¿sabes lo que hay detrás? Hay simplemente una persona con miedo a comprometerse, una persona que no sabe comunicarse, una personalidad hermética que, lo siento mucho, no cambiará por el amor de nadie.

Que drástico pensarás, pero es drástico porque no es el amor por los demás lo que hace que cambiemos, es el amor por nosotros mismos lo que nos empuja a cambiar. Y, cuando estamos dentro de la relación, cuando estamos al lado de ese malote y el tiempo pasa y sigue comportándose como una persona dura, introvertida e inaccesible, nos preguntamos qué pasa, por qué no cambia, por qué no nos quiere lo suficiente como para ser la persona que hay detrás de esa coraza.

No, no es que no te quiera lo suficiente, es que tú te enamoraste antes de conocer a la persona, te enamoraste de una idea, de una ilusión pero, tarde o temprano, la realidad es la que es, y la realidad es que no es nada divertida una relación con alguien así.

«Una persona que me proteja, me cuide y me haga sentir segura». Este es el fatídico concepto que hay escondido tras esta fantasía irreal.

Tal vez siglos atrás tuviera su razón de ser porque, desde luego, siendo mujer tenías que ser protegida y cuidada de múltiples y variados males (a día de hoy, todavía deben sentirse así en muchos sitios). Pero, en sociedades evolucionadas (y evolucionadas por decir algo) ya no necesitamos que nadie nos proteja, ni nos cuide, ni nos dé seguridad, porque podemos hacerlo nosotras solitas.

Así que, puede que todo aquello que vieras interesante y atrayente en un primer momento, no deje de ser más que un concepto que ha sido traspasado a través de generaciones con la única finalidad de hacernos sobrevivir.

A lo mejor, es hora de que avancemos y empecemos a ver a la pareja no como a un refugio o una guarida, sino como a un complemento, alguien que te acompaña y te hace la vida más fácil, más bonita y más tranquila (con un malote la vida ni es más fácil ni más bonita ni más tranquila).
¿Qué podemos hacer para dejar atrás este concepto?
Pues hay que conseguir desprenderse de la idea de alfa dominante que protege y empezar a verlo como lo que es, una personalidad cargada de miedos.

Y no me malinterpretéis, no estoy diciendo que no haya que enamorarse de alguien así, estoy diciendo que cuando te enamores de alguien con ese comportamiento seas consciente de que es como es y que querer que sea diferente no es una elección que esté en tu mano.

Si te enamoras de alguien que va de duro, no te sorprendas cuando actúe de forma dura, si te enamoras de alguien que no se comunica, no te sorprendas cuando no te cuente cómo se siente, si te enamoras de alguien que no se compromete, no te sorprendas cuando no lo haga.

Lo enigmático y lo difícil atrae, es normal porque nos seduce lo que parece inalcanzable, pero antes de dejar volar tu imaginación y empezar a enamorarte, pregúntate si de verdad te gusta ese tipo de personalidad o simplemente te estás dejando llevar por el ancestral concepto de ser protegida.

Pd: en ningún momento malote es sinónimo de mala persona. Malote solo es un adjetivo para definir un tipo de personalidad específica. 

Vani G. Leal, Psicóloga.

¿Cuán inteligente soy? Y, ¿de qué me sirve saberlo? El coeficiente intelectual y otras inteligencias

¿Cuán inteligente soy? Y, ¿de qué me sirve saberlo? El coeficiente intelectual y otras inteligencias

En un momento donde queremos medirlo todo, la inteligencia no podía ser menos, y conocer cuáles son nuestras habilidades se ha convertido en una herramienta para saber a qué dedicarnos, para qué servimos, hacia dónde dirigir nuestro futuro o, simplemente, para entendernos un poquito mejor.

A día de hoy, el Cociente intelectual y la Inteligencia emocional son los test más populares para averiguar nuestras aptitudes, así que vamos a tratar de explicar qué son y para qué sirven.

En primer lugar, tenemos el coeficiente intelectual que mide algunas habilidades como la inteligencia matemática, la viso espacial o la lingüística, entre otras, y su puntuación te da una orientación aproximada de en qué promedio te encuentras dentro de la población.

Aquí tienes un ejemplo de este test y que puedes realizar en 10 minutos.

Por otra parte, tenemos la Inteligencia Emocional que son las diferentes habilidades cognitivas que poseemos como la empatía, las habilidades sociales o la capacidad para motivarnos.

Y, dicho esto, ¿qué puede aportarte conocer tu inteligencia?

Lo que puede aportarte es información sobre ti mismo, algo que sí es importante para todo en esta vida. La información es poder y qué mejor que conocer cuáles son tus auténticos poderes y cuáles tus auténticas limitaciones.

Aquí no se trata de si eres tonto o listo, eso es un concepto absolutamente erróneo que, por desgracia, utilizamos con frecuencia. La realidad es que todos somos inteligentes, pero en diferentes cosas.

Habrá personas que tengan una asombrosa habilidad para las matemáticas, pero carezcan de habilidades sociales, y habrá personas que tengan una maravillosa habilidad social, pero carezcan de inteligencia matemática. Y, por supuesto, habrá personas que tengan las dos, pero que estén un poco faltos de otras.

Así es el cerebro, nos dota de unas cosas y nos limita otras y por eso somos todos tan diferentes a pesar de ser iguales.

Pero, si eres capaz de averiguar cuales son tus mejores armas para enfrentarte a la vida, las opciones se multiplican y podrás saber mejor hacia dónde dirigir tus pasos o qué cosas hacer para compensar tus limitaciones.

El éxito en la vida no es una cuestión de azar, por lo tanto, si lo qué quieres es éxito/felicidad, lo primero que has de lograr es conocerte un poco mejor.

Una cosa quiero añadir, muchas personas se sienten defraudadas cuando no obtienen los resultados esperados, es evidente que a todos nos encantaría ser genios, pero la realidad es que la mayoría somos personas normales, con parámetros normales, con puntuaciones normales.

De lo que se trata es de que encuentres una orientación, de que seas consciente de aquellas cosas que se te dan bien y de aquellas cosas que si quieres que se te den mejor tienes que potenciar, porque no olvides que los test están hechos para encontrar unos parámetros precisos, pero la voluntad, la actitud y el empuje es algo que depende y decides tú.

Por último, me gustaría explicar que no existen habilidades mejores que otras. Hasta hace relativamente poco, incluso a día de hoy, la inteligencia matemática o la lingüística son de las mejor valoradas, pero se ha demostrado que para la felicidad no importa si tienes la matemática, la viso espacial o la interpersonal, lo que de verdad importa es cómo la utilizas y para qué, lo que importa es que sepas sacar partido a las que tienes sin importar cuáles sean.

La felicidad no es exclusiva de los matemáticos (Inteligencia matemática), ni de los arquitectos (Inteligencia viso espacial), ni de los políticos (Inteligencia lingüística), la felicidad es de quién aprovecha sus cualidades para aprender a suplir sus defectos, la felicidad es de quién utiliza las herramientas que tiene a su alcance y no se deja amedrentar por los obstáculos.

Así que, busca cuestionarios y averigua tus puntos fuertes, porque la batalla comienza por el autoconocimiento, una información que puede ayudarte a caminar con mucha más felicidad por la vida.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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Inteligencia Emocional de lunes a domingo

¿Del 1 al 10 cuánto te conoces? ¿Estás seguro? Lo que no sabes de ti

¿Del 1 al 10 cuánto te conoces? ¿Estás seguro? Lo que no sabes de ti

Todo el mundo cree conocerse, pero la realidad es que conocerse a uno mismo es la tarea más compleja del desarrollo personal.

Conocerse no solo implica que conozcas los adjetivos que te definen: nervioso, tranquilo, introvertido, extrovertido, emocional, racional, cariñoso, distante…, también implica que sepas por qué, cómo y dónde repercute tu personalidad en la vida que llevas.

Una persona nerviosa sabe que es nerviosa, pero puede no ser consciente de lo mucho que le repercute esa característica cuando se enfada, cuando ha de tomar una decisión, cuando se estresa…

  • Si te conoces, puedes saber lo que necesitas y lo que no, lo que quieres y lo que no.
  • Si te conoces y sabes lo que necesitas y lo que quieres, puedes saber dónde o cómo buscarlo.
  • Si te conoces, puedes utilizar tus cualidades para ayudar a cambiar tus defectos.
  • Si te conoces, puedes saber hasta dónde puedes llegar solo y dónde necesitas ayuda para llegar.

Si te pregunto a que sabe la madera, el mármol o el hierro, ¿lo sabes?

Seguramente muchos no podréis explicar a qué sabe, pero notaréis el sabor en la boca.

Esto es debido a que en algún momento de la infancia probaste estos materiales (los niños se lo meten todo en la boca) y el cerebro catalogó y almacenó en tu memoria lo que sentiste.

Ahora al recordar el sabor, tu cerebro hace un ejercicio de recuperación. Es algo que sabías, pero no eras consciente de saberlo. Bueno, ahora ya si eres consciente de que lo sabes.

Pues con la personalidad pasa lo mismo. Nuestro cerebro recoge toda la información desde que nacemos, pero solo recoge la información, hasta que no reflexionas sobre ello, se mantiene en el subconsciente.

La reflexión en una oportunidad de hacer consciente lo inconsciente.

Lo primero que vamos a hacer es un pequeño cuestionario:

  1. Cómo es tu temperamento (parte innata de la personalidad).
  2. Cómo es tu carácter (parte aprendida de la personalidad).

Cuestionario Autoconocimiento Psicoreset (10 minutos de tu tiempo)

Una vez hayas hecho el cuestionario, el siguiente paso será observar.

Obsérvate a ti mismo durante unos días y luego verifica y puntualiza todo lo que respondiste en el cuestionario.

Observar significa reflexionar cada noche lo que has pensado, sentido, dicho o hecho en el día.

  • Observa cuándo tus umbrales se disparan y por qué se disparan.
  • Observa en qué momentos te sientes inseguro y qué características salen a relucir cuando te sientes así.
  • Observa cómo reaccionas cuando te enfadas, cuando estas triste, cuando estás melancólico…
  • Observa por qué te enfadas, por qué te pones triste, por qué estás melancólico…
  • Observa tus pensamientos, cómo te hablas a ti mismo, las ordenes positivas y negativas que te das…
  • Observa, observa y observa todo lo que hagas, pienses o digas.

¿Y ahora qué hacer con todo lo que has observado?

Pues asumir y aceptar como eres, con todos tus defectos y con todas tus cualidades, con tus grandes triunfos y con tus enormes cagadas, con tu lado más angelical y con tu parte más endemoniada.

Seguramente observarás cosas que no te gusten (cosas que no sabías, no eras consciente o no querías serlo), pero no tiene nada de malo tener defectos, miedos o inseguridades, lo malo es no ser consciente de ello.

¿Por qué es importante aceptar quien eres hoy y ahora? Pues porque todo lo que no aceptas lo escondes y si algo está escondido no puedes trabajar para cambiarlo.

Siguiente paso…

No te juzgues, ni dramatices, ni te fustigues por lo que has hecho, por lo que no eres capaz de hacer, por lo que no consigues o por lo que ha salido mal, recuerda que no somos, sino que vamos siendo. Las personas somos seres dinámicos, nos vamos transformando con los años, por lo tanto, lo que eres hoy, bueno y malo, es solo una página de las miles que te esperan, el resto depende de ti, depende de si quieres seguir en el hoy o empezar a trabajar en quién serás mañana.

Último y primordial punto: ponte manos a la obra.

¿Cómo ponerse manos a la obra?

Ensaya nuevos comportamientos, aprende a decirte cosas distintas, busca pensamientos diferentes, enfréntate a situaciones, habla abiertamente de tus miedos, ves a ver a un psicólogo…

Hay muchas y variadas formas de trabajar en uno mismo, alternativas que no sabes que existen o que simplemente has pasado por alto. A veces equivocamos las preguntas o nos obsesionamos demasiado con las respuestas, a veces repetimos una y otra vez lo mismo sin entender que nada nuevo sucede en el mismo bucle de siempre.

Me gustaría poder decirte que es un camino fácil, que querer es poder y hablarte de todas esas cosas maravillosas que te esperan detrás del cambio, pero no te lo voy a decir porque no es un camino fácil, ni querer es poder, ni detrás del cambio vienen siempre cosas maravillosas.

Lo que sí puedo decirte es que conocerte te da la oportunidad de desarrollar y potenciar tus propias herramientas, te da la oportunidad de ser una versión mejorada de ti mismo y te da la oportunidad de ampliar perspectiva. Quizás a priori no te parezcan cosas excepcionales, pero hay una diferencia abismal entre alguien que se conoce a alguien que cree conocerse.

 

Vani G. Leal, Psicóloga

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¿Cómo te trata el Karma? Las terribles consecuencias de nuestras decisiones

¿Cómo te trata el Karma? Las terribles consecuencias de nuestras decisiones

¿Existe el Karma? ¿Es verdad que el destino te devuelve multiplicado por tres tus errores?

Pues el destino no lo sé, pero lo que si devuelve los errores que cometes es la vida, y no porque el karma se vengue de ti, sino porque los errores tienen consecuencias y tarde o temprano acabamos pagando las malas decisiones. Las buenas decisiones también se pagan, pero nadie se queja del buen karma.

¿Es justo pagar por los errores? Pues no y sí.

No es justo porque cuando la cagamos es porque no lo hemos sabido hacer diferente, nadie se equivoca a propósito, ni se equivoca por gusto. Y sí, es justo porque nosotros somos los dueños de nuestras decisiones y por lo tanto somos los responsables. Además, sin consecuencias nunca aprenderíamos, ni reflexionaríamos de lo sucedido.

¿Hay errores que se pagan demasiado caros? Pues también. A veces un pequeño error pone tu vida del revés y pagas un precio excesivo por un resbalón. Pero así es la vida, complicada y rebuscada, al igual que nosotros, que somos complicados y rebuscados.

¿Lo más difícil? Perdonarnos.

A veces nos flagelamos y nos culpabilizamos por las decisiones tomadas, sobre todo cuando somos conscientes de todas las consecuencias que nosotros mismos hemos provocado, pero la culpa no sirve de nada, lo hecho hecho está y ya nada puede cambiarlo.

Vivir en la culpa no te aportará nada positivo y aunque es normal sentirse mal, no puedes castigarte eternamente por algo que no has sabido hacer diferente. Además no poder cambiar una situación pasada no significa que no podamos mejorar la situación futura.

¿Por qué normalmente repetimos una y otra vez los mismos errores? Pues los repetimos porque no nos hacemos responsables de nuestra parte en los sucedido. Echamos la culpa a los demás, a la situación, al momento, a todo y a todos menos a nosotros y por lo tanto, examinamos más lo de fuera que lo de dentro. ¿Qué pasa entonces? Que no cambiamos porque esperamos que cambie lo demás. ¿Es el karma? No, eres tú que no te detienes a reflexionar y vuelves al mismo hábito de siempre. 

A veces por miedo, por inseguridad o simplemente por costumbre nos quedamos inmóviles, pero sin movimiento no hay avance y sin avance estamos condenados a repetir aquello que nos hace daño.

No te voy a engañar, hacerlo todo bien no garantiza que todo vaya a salirte bien. No olvides que no estás solo en el mundo y que una buena decisión para ti, puede ser una mala decisión para otros. Por lo tanto, estamos expuestos a las salpicaduras de los demás, lógico y normal, teniendo en cuenta que los demás también sufren nuestras salpicaduras.

El Karma ajeno no podemos controlarlo porque no está en nuestras manos. Eso sí, ten en cuenta que el 80% de las cosas que te suceden  son tu propio Karma, así que no te excuses en que la vida te trata mal o que los demás son los culpables porque todos podemos asumir el impacto de ese 20% ajeno.

Ocúpate de tu parte, ocúpate de tus decisiones, ocúpate de tus reflexiones y tarde o temprano el destino, el Karma o como quieras llamarlo picará a tu puerta de forma más positiva.

¿Qué cosas podemos hacer para mejorar nuestro Karma?

  1. Las decisiones tomadas por miedo o inseguridad son un mal negocio. Te puede parecer una medida preventiva y segura pero lo que no enfrentas no desaparece, solo se esconde para volver más tarde.
  2. Hazte responsable de todo lo que te sucede en la vida. Si la has cagado tu quiere decir que también puedes hacer las cosas de otra forma. Y no te preocupes por la falta de oportunidades porque la vida nos pone en encrucijadas parecidas continuamente, así que a la siguiente, hazlo un poquito mejor.
  3. No tomes decisiones en caliente. Muchas ostias del Karma llegan precisamente de decisiones tomadas en momentos de enfado o de tristeza. No, aprende a despejarte, a contar hasta 1000 o sal a correr, pero las decisiones, por pequeñas que sean, se toman dentro de la tranquilidad mental y no estando en una montaña rusa.
  4. Asume las consecuencias del Karma con toda la calma que seas capaz de encontrar. Una vez ha pasado, una vez que el Karma ya se ha despachado a gusto, respira, asume y acepta que las personas salpicadas estarán enfadas, ofendidas o defraudadas. Dales espacio, dales tiempo y si está en tu mano mejorar la situación, inténtalo, pero también acepta que no todas las personas saben o pueden perdonarte tan rápido como tu quisieras.
  5. No somos perfectos ni podremos serlo nunca, por lo tanto, acepta que de vez cuando el mal karma vendrá a visitarte, al igual que te visita el buen Karma. Los errores no son fracasos, son solo oportunidades de mejorar y aprender.

Nuestro destino está elaborado a base de decisiones, buenas y malas, pero nuestras decisiones. Así que, si quieres que te llegue el buen Karma de forma más habitual, dale a tu comportamiento el lugar que se merece y examínate más a menudo, seguro que encuentras muchas pequeñas cosas que puedes hacer diferente para que todo te vaya mejor en el futuro.

Vani G. Leal, Psicóloga.

Despacho Psicoreset Barcelona: Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo.

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6 preguntas imprescindibles para eso que llaman desarrollo personal Las respuestas son la clave para ponerse manos a la obra

6 preguntas imprescindibles para eso que llaman desarrollo personal Las respuestas son la clave para ponerse manos a la obra

¿Qué es para ti la felicidad?

Esta pregunta ha de ser respondida de forma concreta y real, nada de sensaciones etéreas ni emociones difusas. Cuando tenemos claras las ideas podemos ir en busca de lo que necesitamos.

No hay una única respuesta ni una respuesta más válida que otra porque la felicidad es algo personal e intransferible. Lo que para ti es felicidad para otro puede ser esclavitud. No importa lo que quieran los demás para ser felices lo que importa es lo que tu consideres que es felicidad.

Para mí la felicidad es…

 

¿Te consideras una persona feliz?

Esta pregunta te obliga a sopesar tu día a día y a elegir en función de cómo te sientes en la mayoría de ocasiones.

Ojo, ser feliz no implica ser feliz a todas horas, en todos los momentos y con todas las personas. Ser feliz significa que estas contento con lo que haces o tienes en la mayor parte del tiempo.

Si tu respuesta es no ¿qué puedes hacer para mejorar tu situación?

Siempre hay algo que podemos hacer, algo que podemos cambiar o algo que debemos aceptar para sentirnos más felices.

Si no haces nada, nada pasará. Por lo tanto, responde a la pregunta de una forma honesta y céntrate en las cosas que están en tu mano cambiar.

 

¿Qué defectos, miedos e inseguridades te gustaría cambiar?

Nadie te ve, ni te escucha, ni te mira, así que se transparente contigo mismo y pon encima de la mesa aquellas pequeñas cosas que sabes perfectamente que te hacen daño o te limitan o complican la vida.

Miedo a la soledad, dependencia emocional, vergüenza, inseguridad a la hora de hablar de sentimientos, carácter sumiso o demasiado directivo, miedo al qué dirán…

Lo importante es que seas capaz de decir en voz alta que cosas de ti mismo te perjudican.

Para poder cambiar algo hay que saber exactamente cuál es el problema.

Todas las personas tenemos defectos e inseguridades. Nada de lo que te pase es algo único o excepcional porque le pasa a millones de personas, así que no pienses ni por un momento que lo tuyo no tiene solución. Tal vez no hayas encontrado la manera de enfrentarte, pero la soluciones te están esperando, búscalas.

 

¿Cuales son tus mejores cualidades?

Conocer nuestro lado más maravilloso es tan importante como conocer nuestro lado más oscuro.

Nuestras virtudes, nuestras características más destacables son las herramientas que tenemos para enfrentarnos a la vida, por lo tanto, hay que conocerlas y potenciarlas.

Debemos dejar de lado la modestia y sentirnos orgullosos de nuestra parte más positiva.

Soy una persona…empática, generosa, atrevida, productiva, alegre, comunicativa, resolutiva, mediadora, luchadora, etc.

 

¿Qué actividades realizas para divertirte, desconectar o recargar pilas?

El trabajo, la familia, los hijos, las amistades, las responsabilidades y las rutinas diarias son una fuente inagotable de estrés, por lo que es importante tener espacios donde desestresarse.

A veces ponemos de excusa la falta de tiempo, no lo hagas. Si no puedes sacar 2 horas para ti de toda una semana es que has de organizarte mejor o pedir ayuda para organizarte de otra forma.

Si tiras y tiras y tiras del carro continuamente sin pararte a beber agua, pronto caerás exhausto. ¿Dime entonces quién tirará del carro?

Has de cuidar y mimar de ti porque eres el motor de tu vida.

 

¿Qué proyectos de futuro tienes en mente?

Los objetivos que nos marcamos en la vida nos ayudan a vivir más motivados. Da igual si son proyectos profesionales, personales o familiares, lo importante es que sean objetivos que te levanten por las mañanas con ganas de seguir luchando.

Montar una empresa, aprender a cantar, crear una familia, ponerte en forma, estudiar…

Lo único que debes tener en cuenta es que sean objetivos realistas, que estén en tu mano alcanzar. Soñar es barato, pero si vives soñando imposibles tu frustración pagará un precio muy alto.

 

Si nos hacemos las preguntas adecuadas conseguiremos llegar a las respuestas que necesitamos. Evidentemente, esta es la parte más fácil porque trabajar en las respuestas requiere una dosis de valentía, atrevimiento, aceptación y disciplina que no resulta tan sencillo de lograr. Pero se empieza por algo, y ese algo, tan simple como una pregunta, puede acercarte o alejarte de tu propia felicidad.

 

Vani G, leal

Psicóloga

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