¿Estás de mal humor? averigua por qué El mal humor que nos amarga la vida

¿Estás de mal humor? averigua por qué El mal humor que nos amarga la vida

Hay muchos motivos por los cuales las personas nos ponemos de mal humor, pero tres son los motivos principales: Estar preocupado, sentirse frustrado y estar enfadado.

La verdad es que es un estado emocional habitual y hasta cierto punto sano. Estar de mal humor es la descarga emocional que nos ayuda a sacar para fuera lo que nos corroe por dentro. Pero, y siempre hay un pero, es que si lo alargas o lo expresas con demasiada intensidad, las consecuencias no se hacen esperar.

¿Cómo actuamos cuando estamos de mal humor?

Ofendemos a los demás, les hablamos mal, decimos cosas que no vienen a cuento, tenemos contestaciones bruscas y secas, levantamos la voz, lo vemos todo negativo…

Consecuencias: Nos peleamos, hacemos daño, nos sentimos nerviosos y alterados, no pensamos con claridad, tomamos malas decisiones…

Como ves, no sale nada bueno de ello. Pero podemos sacarle partido y ponerle remedio.

El mal humor es una emoción, y como tal, tiene su cometido. Tu mal humor es un mensaje directo a ti mismo de que algo no anda bien. Te avisa de que hay algo que debes solucionar.

Vamos a excluir de aquí el mal humor de situaciones puntuales en nuestro día a día. Está claro que no es excusa para vomitar a los demás nuestro estado emocional, pero somos humanos y hemos de aceptar que todos tenemos pequeños momentos de alteración. No es personal, no van dirigidos a dañar a nadie, son solo explosiones puntuales producto de nuestra poca tolerancia a algunas situaciones como levantarnos muy temprano, tener hambre, estar muy cansado, tener sueño, etc.

Está claro que no podemos evitar estar de mal humor cuando estamos preocupados, frustrados o enfadados, pero podemos evitar que se prolongue, podemos disculparnos y detenerlo a tiempo y podemos corregir lo que nos sucede.

¿Qué podemos hacer para combatirlo?

  • En primer lugar hazte unas cuantas preguntas en el momento en que seas consciente de tu mal humor, ya sea porque lo reconozcas o ya sea porque alguien te lo diga.

¿Desde cuándo estoy de mal humor? ¿Ha sido un momento puntual, como el mal humor matutino o llevo días en este estado?

¿Ha pasado algo a mi alrededor que pueda haberme afectado?

¿Estoy pagando con los demás lo que me sucede a mi?

¿Qué está en mi mano hacer para cambiar mi preocupación, mi frustración o mi enfado?

Y si no está en mi mano, ¿qué puedo hacer para sentirme mejor?

  • En segundo lugar aprende a disculparte cuando te hayas excedido en tu mal humor. No pasa nada, todos nos equivocamos, todos pagamos con los demás nuestros problemas, pero una disculpa a tiempo te ayudará a hacerte responsable de lo que te sucede y también te ayudará a relacionarte mejor con los demás.

A veces por orgullo, por no mostrar debilidad, por miedo a enfrentarnos a la situación, hacemos como si nada y dejamos que los demás soporten nuestra carga. No lo hagas, no quites importancia a tu actitud solo porque te conviene. Disculparse es una actitud valiente y honesta, no siempre es fácil, pero hacerlo te permite crecer, te permite cambiar y te permite corregir.

  • Y en tercer lugar, haz algo con lo que te sucede. Si te has hecho preguntas, si has hecho autocrítica y has escuchado el mensaje de tu emoción, ya sabrás que te pasa y por qué estás de mal humor. Haz algo, así de simple. Ponte manos a la obra con lo que esté en tu mano hacer. Sin excusas, sin justificaciones, sin lamentos. Ponte a trabajar en el problema y cambia las cosas porque las cosas no cambian solas.

No te puedo indicar que cosas hacer para solucionar lo que te sucede porque yo no sé qué te sucede. Pero tú si lo sabes, tú si tienes toda la información que te hace falta para arreglar el problema. Y, si crees que no lo sabes o no encuentras la manera de hacerlo, pide ayuda. Puedes hablar con personas de confianza, puedes ir a un psicólogo o puedes buscar libros que te orienten, pero no te quedes parado. Es mejor que lo intentes, aunque no lo consigas, a que te quedes inmóvil mirando a otro lado.

No es nada fácil enfrentarse a uno mismo, pero recuerda que es más fácil arreglar las situaciones que vivir siendo esclavo de tu mal humor.

Vani G. Leal, Psicóloga

Psicología Barcelona. Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo.

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Inteligencia Emocional de lunes a domingo

Todos tenemos un lado oscuro ¿cual es el tuyo? Aceptarte hoy es el primer paso para ser mejor mañana

Todos tenemos un lado oscuro ¿cual es el tuyo? Aceptarte hoy es el primer paso para ser mejor mañana

Decir cosas que no piensas, hablar más de la cuenta, enfadarte con alguien que no tiene la culpa, juzgar sin conocer, comportarte mal con alguien, mentir por miedo, sentir celos, ocultar tus errores, aparentar ser quien no eres, exagerar tus cualidades, disimular tus defectos, hablar a las espaldas, traicionar…

Todos, y todos es todo el mundo, pasamos por estados o comportamientos parecidos a lo largo de la vida. En diferentes momentos, en diferentes situaciones o con distinta intensidad, todos cruzamos alguna vez la línea de hacer, sentir o pensar aquello que no nos gusta en los demás.

Pocas personas admiten sus debilidades o sus defectos, la mayoría tiende a esconder la parte imperfecta, la parte, en realidad, más humana que tenemos.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué no hablamos abiertamente de nuestros miedos, nuestros errores o nuestros defectos?

¿Qué opinarán de mi? ¿Qué dirán si digo que tengo celos, miedo o inseguridad? ¿Qué pensarán si ven que me equivoco? ¿ Qué pasará si averiguan que he mentido, que he exagerado o que he hablado mal de alguien?

Pues pensarán que eres humano, pensarán que no tienes la verdad absoluta y pensarán que te equivocas. Pero ¿acaso no es cierto?

Es verdad que habrá un cierto tipo de personas que se regocijarán en tu error, que se reirán o se aprovecharán de la situación, pero no son la mayoría y, en todo caso, descubrirás que tipo de persona tienes delante.

Mostrar al mundo solo tu cara más maravillosa, es ocultar una parte muy esencial de ti mismo. Es decirle al mundo que eres perfecto y que estás por encima de todo. Algo que todos sabemos que no es cierto, porque no es factible ni es real.

Todos la cagamos, todos nos equivocamos, todos cometemos errores, todos nos comportamos mal en algún determinado momento. ¿Puedes negarlo? No, no puedes y no puedes porque todos somos conocedores de una verdad aplastante que nos empeñamos en disfrazar. Una verdad simple pero directa: NO PODEMOS SER PERFECTOS.

Y si sabes esta verdad, ¿por qué finges? ¿Por qué disimulas? ¿Por qué ocultas? ¿Por qué aparentas?

¿Qué tiene de malo decirle al mundo que no tienes todas las respuestas? ¿Qué tiene de malo decirle al mundo que te has equivocado? ¿Qué tiene de malo decirle al mundo que también eres tu parte más oscura?

¿Y si compruebas que sucede cuando compartes tu zona tenebrosa? ¿Y si la próxima vez que sientas miedo, celos o inseguridad, lo compartes como si fuera lo más normal y natural del mundo? ¿Y si reconoces abiertamente que la has cagado? ¿Qué puede pasar?

Que sientas un poco de vergüenza, que sientas liberación, que compartas quien eres, que estreches lazos, que sientas tranquilidad, que resuelvas la situación, que deje de tener importancia, que soluciones un conflicto…

Pueden pasar muchas y variadas cosas, pero sobre todo pasará algo muy importante, que te enfrentarás a ti mismo y, por lo tanto, ganarás en seguridad y confianza.

Al contrario de lo que piensa la mayoría, ser transparente y hablar abiertamente de tus errores te hace más fuerte y no más débil. Si tú eres quién admite, acepta y se enfrenta a tus comportamientos menos buenos, te responsabilizas y, en consecuencia, tienes la posibilidad de cambiar las cosas para la próxima vez.

Nadie es perfecto porque nadie nace sabiendo. Lo que hacemos con las experiencias que vivimos es lo que determinará nuestra propia evolución. Así que, a partir de ahora, cada vez que pretendas esconder tu pequeño monstruo recuerda que no es tan fiero ni tan oscuro como lo pintas y que, si eres capaz de enseñar al mundo tu cara menos buena, empezarás a pintar de colores, al monstruo que antes veías como negro.

 

Vani G. Leal, Psicóloga.

Despacho Psicoreset Barcelona: Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo.

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Inteligencia Emocional de lunes a domingo

La mala persona que habita en ti Todos somos malos a ojos de aquellos a los que hemos hecho daño

La mala persona que habita en ti Todos somos malos a ojos de aquellos a los que hemos hecho daño

A menudo escucho a la gente hablar de todas las malas personas que han pasado por sus vidas. Sin duda, escuchándoles puede parecer que el mundo está lleno de gente mala y perversa que nos va haciendo daño a diestro y siniestro a lo largo del tiempo. Pero, ¿es verdad? Bueno, la verdad es que nos han causado daño pero, de ahí a que sean malas personas, hay un abismo de diferencia.

Digamos que una mala persona es aquella que, consciente o inconscientemente, comete actos negativos continuamente hacia los demás. Puede parecer un amplio espectro de acciones, pero en realidad son bastante pocas. Mala persona es alguien que maltrata psicológicamente o físicamente. Mala persona es quien abusa sexualmente de otros. Mala persona es quien abandona cruelmente a sus hijos. Mala persona es… algunas cosas más que me dejo, pero que todos tenemos claro que son acciones de gente horrible.

Todos los demás sólo somos personas que a veces cometemos malos actos.

¿Quién no ha cometido errores? ¿Quién no ha hecho algo de lo que luego se ha arrepentido?¿Quién no ha causado algún daño a otra persona por una decisión propia?

Todos nos convertimos en malas personas a ojos de a quienes hemos fallado, ofendido, herido o traicionado. Pero hemos de aprender a distinguir entre una mala persona y una persona que hace algo mal.

¿Por qué? Pues porque si creemos continuamente que todos los que nos dañan son malas personas, acabamos por creer que hay más mala gente por el mundo de lo que en realidad hay. Y nos convertimos en seres desconfiados, cerrados, llenos de miedo y con máscaras para que no nos vean los demás.

Para empezar, deberíamos aprender a examinarnos a nosotros primero. Por supuesto que siempre es más fácil echar la culpa al otro o centrarnos en los errores ajenos, pero para lo único que nos sirve es para sentirnos vulnerables, frágiles y víctimas de los demás. Y, cuando nos sentimos así, víctimas, solo podemos quejarnos, lamentarnos y excusarnos, en vez de plantearnos opciones que podrían mejorar la situación o podrían darnos una visión diferente de las circunstancias.

Las cosas que nos hacen los demás son solo consecuencias de malas decisiones, de prioridades diferentes, de formas de pensar distintas… la mayoría de las veces no es porque quieran hacernos daño y, por supuesto, no es porque sean malas personas.

Si alguien es infiel a su pareja, puede que sea un cobarde, pero no tiene porque ser una mala persona.

Si alguien miente puede que tenga miedo a mostrarse como es o que tenga miedo a las consecuencias pero, no por ello, tiene que ser una mala persona.

¿Está mal ser infiel, engañar, mentir? Está mal dañar a otros; pero hacemos las cosas mal cuando no podemos o no sabemos hacerlas mejor. Porque nadie es tan idiota de hacer las cosas mal a posta.

A veces somos cobardes, a veces egoístas, a veces somos hipócritas y mentirosos. A veces somos infieles o manipuladores. A veces tenemos tanto miedo o tanta inseguridad que la cagamos una y otra vez y con nuestras patéticas acciones jodemos la vida a los demás. Y a veces son los demás los que, con sus patéticas decisiones, nos joden la vida a nosotros.

Si te pregunto si eres una mala persona por una mala decisión ,posiblemente, me dirás que no. Porque tienes razón. No eres una mala persona solo por haberla cagado.

Las malas personas existen, por supuesto, pero no son la mayoría. La mayoría solo somos personas imperfectas que tomamos decisiones en base a nuestras creencias, miedos, ideas, inseguridades, valores y es una putada que a veces nos llevemos por delante a personas que no se lo merezcan, pero así es la vida y así son las relaciones. Un círculo entre acciones y consecuencias.

Con todo esto no quiero decir que haya que perdonarlo o tolerarlo todo, eso dependerá de cada uno, lo único que quiero decir es que no seamos tan duros a la hora de juzgar solo porque nos haya repercutido a nosotros.

Aprendamos a enfadarnos con los que nos hacen daño de forma más justa. Nos han hecho daño, sí. Puede que lo hayan hecho fatal, sí. Puede que la hayan cagado, sí. Pero eso no convierte a alguien en malo. No dramatices, no exageres, no condenes todos los actos de alguien porque haya cometido errores.

  • Que alguien te haya mentido, no significa que todo lo que te haya dicho fuera mentira.
  • Que alguien te haya sido infiel, no significa que se haya estado riendo de ti.
  • Que alguien te haya defraudado, no significa que no puedas volver a confiar.
  • Que alguien te haya ofendido, no significa que lo hiciera expresamente para ofenderte.

 

Aristóteles decía: «Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo».

Así que, la próxima vez que digas que una persona es mala, cerciórate de que sea verdad. Porque utilizar a la ligera esa palabra te convierte en alguien que no ve más allá de sus propias narices.

 

Vani G. Leal, Psicóloga.

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Inteligencia Emocional de lunes a domingo

No tienes mala suerte en el amor, tienes mal ojo ¿Por qué repetimos errores una y otra vez?

No tienes mala suerte en el amor, tienes mal ojo ¿Por qué repetimos errores una y otra vez?

¿Cuántas veces has pensado que tienes mala suerte en el amor?

¿Y si te digo que no es mala suerte? Que eres tú, que eliges fatal a las personas, que te precipitas y te emocionas antes de conocerlas, que te dejas llevar solo porque les gustas, que alargas demasiado lo que ya no funciona o que la necesidad te bloquea los sentidos y no eres capaz de pararte a pensar qué te gusta de una persona y si esa persona lo tiene de verdad.

Al final eres tú el que te metes donde no debes y luego te lamentas.

Siempre hay una vocecita que te dice… «esto no me gusta», pero la apartas para seguir con la inercia de «mejor esto que solo/a» o «mejor ésto que nada».

Si cuando nos diéramos cuenta de que algo no funciona, nos fuésemos sin más, no tendríamos tanta mala suerte en el amor.

Pero, ¿por qué nos quedamos a pesar de saber que algo no funciona?

La respuesta es miedo.

Sin ese miedo seríamos capaces de elegir a nuestras parejas de forma más positiva y realista. Sin ese miedo terminaríamos las relaciones en el momento justo de escuchar la vocecita.

Pues claro que da miedo estar sin pareja, has de cuidar de ti, has de mimarte, has de tomar tus propias decisiones, has de buscarte la vida para quedar con gente, has de llegar a casa y ser capaz de distráete sin nadie…

Es toda una aventura ser independiente y autosuficiente. Una buena y bonita aventura que la mayoría se empeña en saltar y, cuando por cojones se quedan solos, necesitan tanto volver a tener a alguien, que cualquier alguien les vale. NO, NO y NO. Hay que disfrutar también de conocerse, de pensar en uno mismo, de no tener obligaciones ni ataduras, de disfrutar de una pequeña parcela de soledad.

Potencia y trabaja tu autoestima si crees que vales más cuando estás en pareja, porque es una idea totalmente equivocada. 

Sigamos…

¿Una ruptura es un fracaso? ¿Por qué lo sentimos así?

No debería ser un fracaso una relación que te ha hecho feliz.

Quizás deberíamos empezar por no creer tanto en el amor para toda la vida, que por supuesto existe, pero que no es lo más común. Y no es lo más común por la simple razón de que las personas cambiamos mucho a lo largo de la vida y a veces resulta complicado que dos personas cambien a la vez o sigan pensando, haciendo o siendo los mismo durante 30 años.

Pero si tres cuartas partes del tiempo vivido con tu pareja, has sido feliz… ya sea de tres meses, dos años o quince, no puede ser un fracaso solo porque se rompa la relación.

Podemos hablar de fracaso si durante la mayor parte de la relación te has sentido desgraciado y no has apretado a correr. Y podemos hablar de fracaso si estás en una relación porque no tienes valor para estar solo, pero todo lo demás no es fracaso, solo son cambios, puertas que se cierran y ventanas que se abren

Cuando una relación termina, solo termina una relación, no termina tu vida, ni termina tu equilibrio, ni termina tu estabilidad.

Recapitulemos…

¿Por qué se tiene mal ojo en el amor?

Porque tenemos demasiado miedo, miedo a estar solos y miedo al fracaso.

Si fuésemos libres de inseguridad, si tener o no tener pareja no cambiara nuestro concepto de nosotros, tendríamos pareja mientras fuéramos felices y en cuanto notáramos que no funciona pasaríamos a estar solos hasta encontrar a otra persona que nos gustara. Y así iríamos pasando los años, conociendo personas, teniendo relaciones de 6 meses, de 2 años o de 10, no importaría, porque si no tuviéramos miedo a estar solos, no tendríamos miedo a irnos ni a que se fueran, tampoco a que nos traicionaran,  ni a equivocarnos, porque sabríamos a ciencia cierta que después de una relación, hay otra y otra y otra, y sabríamos que nadie, excepto nosotros mismos, es imprescindible.

Y con esto no digo que no haya que luchar por una relación, por supuesto que sí, pero ninguna relación vale tanto como para que te dejes la vida en ella.  El amor hay que disfrutarlo y no padecerlo.

Así que la mala suerte en el amor es una mentira, no es mala suerte, es que estás tan cagado en la vida que eliges y vives con diarrea…

Empieza por ser sincero contigo mismo y con tus experiencias y pregúntate:

1. ¿He pasado de una pareja a otra sin espacio entre las relaciones?
2. ¿He estado en relaciones donde sabía que no era feliz?
3. ¿Me he sentido inseguro, solo y triste estando sin pareja?
4. ¿Cuantas veces he elegido yo y cuantas veces me han elegido a mi?
5. ¿Tengo claros los valores que ha de tener una persona para que me guste?

Y una vez te hayas contestado, y contestado me refiero a ser absolutamente sincero, reflexiona sobre cuales pueden ser los motivos que te llevan a tener miedo a estar solo y los motivos por los que no eres capaz de terminar las relaciones que te hacen infeliz.

No te puedo dar una fórmula mágica para que dejes de sentirte así. Solo puedo decirte que aunque te sientas solo, no lo estás, porque «solo» está un ermitaño en una cueva.

Y cuando estés sin pareja, superes y tragues con la inseguridad que provoca llegar a casa y que no haya nadie y compartas piso, salgas más a menudo a tomar algo con amigos o aprendas a disfrutar de una película en el sofá de tu casa y, sobre todo y ante todo, dejes de creer que la felicidad es exclusiva de los que tienen compañía sentimental.

Y dirás… bueno, eso ya lo sabía yo!! Sí, la verdad es que la teoría la sabemos todos y lo difícil es la práctica. Pues sí, que seas capaz de ponerlo en práctica es lo que marcará la diferencia. Y no, la diferencia no reside en tener o no tener miedo. Miedo se tiene siempre, pero si eres capaz de hacerlo a pesar del miedo, llegarás a dejar de tenerlo para darte cuenta de que, en realidad, NO PASA NADA. No pasa nada si estás sin pareja y no pasa nada si decides terminar con una relación porque no se acaba el mundo, nunca se acaba el mundo.

Somos más fuertes de lo que pensamos, eres más fuerte de lo que piensas. El único y verdadero problema es que nunca lo intentas lo suficiente como para demostrártelo. Así que la única fórmula mágica es ser valiente. Valiente para tomar decisiones y valiente para no dramatizar.

Así que, la próxima vez que sientas que el miedo está tomando las decisiones por ti, pregúntate si no merece la pena esforzarse un poco más en ser valiente, en vez de perder tanta energía siendo un cagado.

 

Vani.G Leal, Psicóloga.

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¿Por qué fingimos ser lo que no somos? Voy de duro/a por la vida, pero en realidad soy un peluche

¿Por qué fingimos ser lo que no somos? Voy de duro/a por la vida, pero en realidad soy un peluche

«Yo soy sensible pero prefiero aparentar ser una persona dura y fría a la que no le duele ni le importa lo que le hagan. Así me protejo para que no me hagan daño».
Cuantas veces habré escuchado este argumento. Un argumento basado en la autoprotección, en el miedo, en la desconfianza hacia los demás y en la poca confianza en uno mismo.

Que enorme contradicción ir por la vida siendo alguien que no eres por miedo a que te hagan daño.
Pero dime, ¿te ha dejado alguna vez de doler por aparentar que no te duele? No, finjas o no, lo que nos duele, nos duele y por mucho que nos hagamos los duros, si por dentro estás mal o triste, fingir no sirve absolutamente de nada. Bueno,  sirve para ocultar tus miedos, sirve para ir de quien no eres y  sirve para que no te conozcan, pero no sirve de ninguna manera para que las cosas te duelan menos, ni sirve para protegerse de nada.

Nada puede evitarnos las decepciones, ni las desilusiones, ni los golpes inesperados. Lo único que podemos hacer es ser honestos con cómo somos y enfrentarnos a las situaciones siendo verdaderamente nosotros mismos.

El que va de duro, el que va de ligón, el que va de pasota, el que va listo, el que va de… Ir de algo que no eres es una consecuencia del miedo a demostrar al mundo quien eres de verdad.

El que va de duro por la vida, es más sensible de lo que quiere aparentar.
El que va de ligón, se cree menos guapo de lo que parece.
El que va de pasota, es al que en verdad, todo le importa.
El que va de listo, necesita demostrar al mundo lo mucho que sabe.
El que va de…

Al final, todas las personas que van de algo, fingen un personaje que no son.

¿Te compensa? ¿Crees que todo ese esfuerzo que tienes que invertir en que no se note tu yo, merece la pena?

Te voy a explicar que pasa cuando el personaje que aparentas se instala en tu vida.

1. Nadie te conoce de verdad y en consecuencia te tratarán diferente a como te tratarían si vieran quien eres. Puede parecerte una medida preventiva contra el dolor, pero no lo es.
Si vas de que nada te duele, es fácil que no te tengan en cuenta, total, nada te duele, ¿no?
Si vas de ligón, te tratarán como a un creído, y sinceramente, a nadie le gustan los creídos.
Si vas de pasota, dejarán de preguntarte, total, todo te da igual.
Si vas de listo, te verán como a un prepotente, porque a nadie le gusta que le hagan sentir tonto.

2.Tendrás que estar constantemente pensando en cómo actúa el personaje que te has montado y, por lo tanto, te aleja de ser una persona natural. ¿Crees que no se ve a leguas las personas que son poco naturales? ¿ Crees que las personas de tu alrededor no notan que algo falla en tu comportamiento? ¿Cuántas veces has visto tu en los demás que van de algo que no son? Si tu eres capaz de verlo, ¿qué te hace pensar que los demás no lo ven en ti?

3.La mayoría de los personajes que creamos no se eligen de forma libre,  el miedo y el dolor  lo eligen por ti.
¿Por qué no dejas de aparentar ser diferente a quien eres y trabajas en modificar tu yo auténtico? El «YO» es un estado dinámico y activo, «YO no soy, Yo voy siendo», así que hazte más fuerte, más realista o más consecuente. A través de la autocrítica y de pensamientos meditados y sinceros, enfréntate a tus miedos en vez de protegerte falsamente de ellos.

Sin duda, es más fácil crear un rol que finja ser muchas cosas, pero pregúntate si ese rol, ese personaje al que llevas a todas partes, te hace verdaderamente feliz.

¿Merece la pena?

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Si no sabes cómo modificar y potenciar  tu YO más auténtico, pide ayuda. Pero no te disfraces de quien no eres.

Vani G, Psicóloga

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Inteligencia Emocional de lunes a domingo

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