Psicoreset Barcelona. Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo Todas las preguntas que me hacen al conocer mi profesión

Psicoreset Barcelona. Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo Todas las preguntas que me hacen al conocer mi profesión

¿Qué tipo de psicóloga eres? ¿Qué terapia haces? ¿Trabajas más el pasado, el presente o el futuro? ¿Qué problemas tratas? ¿Cuánto tiempo duran las terapias?¿De verdad te importan los problemas de los demás? ¿Cómo consigues que no te afecte? ¿Qué tipo de relación tienes con tus pacientes?

Estas son algunas de las preguntas que suele hacerme la gente de forma habitual cuando saben que soy psicóloga, así que, ¿por qué no escribir un artículo para contestarlas?

Vayamos por partes:

  • ¿Qué tipo de psicóloga soy?

Si tengo que poner una etiqueta, ecléctica sería la palabra, dicho de otro modo, no me define ninguna corriente psicológica en concreto porque encuentro que todas son útiles y tienen su parte de razón.

Me gusta trabajar la corriente cognitiva, lo que pensamos y cómo lo pensamos. La conductual, lo que hacemos y cómo lo hacemos. La psicoanalítica, lo que nos ha sucedido y cómo nos ha sucedido. Y la corriente sistémica, los sistemas a los que pertenecemos y cómo nos desenvolvemos en ellos.

Pero dicho esto, si tuviera que especificar el tipo de psicóloga que soy, la única etiqueta con la que me identifico plenamente es con la Inteligencia Emocional. ¿Por qué? Bueno, en primer lugar, porque son herramientas que todos tenemos, por lo que resulta práctico y realista trabajar con ellas y, en segundo lugar, porque todas las corrientes psicológicas pueden trabajarse a través de las herramientas de la Inteligencia Emocional.

No voy a extenderme en la Inteligencia Emocional, si os interesa saber más sobre qué significa y para qué sirve podéis mirarlo en el siguiente enlace: Inteligencia Emocional

  • ¿Qué tipo de terapia hago?

La consecuencia de mi eclecticismo mezclado con la Inteligencia Emocional, se traduce en que mi terapia consiste en trabajar el hoy, mirando al ayer, para construir el mañana. ¿Qué significa?

Significa que mi trabajo reside en que presten atención al presente, porque es donde están, pero a la misma vez vayan entendiendo cómo han llegado a ese presente y así puedan, poco a poco, edificar un futuro más positivo.

Me encantaría poder ser más concreta, porque tal vez se entendería mejor mi forma de trabajar, pero la experiencia me ha enseñado que etiquetarse demasiado limita y yo prefiero tener que explicarme más y mejor a tener que usar una palabra para definirme.

  • ¿Qué trabajo más: el pasado, el presente o el futuro?

Siguiendo con la pregunta anterior, trabajo los tres tiempos de forma bastante paralela. Me centro en el presente porque es el punto de partida, pero entender y aceptar el pasado es prioritario para no cometer los mismos errores el día de mañana.

Evidentemente, también depende mucho del por qué vienen a verme. No es lo mismo trabajar con alguien que necesita liberarse del pasado, a alguien que necesita herramientas para enfrentarse a un nuevo trabajo.

Pero lo que está claro es que todo el que pasa por mi despacho tiene que hacer un mínimo recorrido por su vida. Las personas somos la suma de pensamientos, experiencias, emociones, comportamientos…, y el pasado, el presente y el futuro forman parte de quienes vamos siendo, por lo que elegir qué parcela de vida es más importante me resulta poco realista.

  • ¿Qué tipo de problemáticas trabajo?

Todas las que tengan que ver con la vida diaria, así de simple.

Un psicólogo no solo está para depresiones graves, esquizofrenias o trastornos de la personalidad, un psicólogo también trabaja todos los aspectos personales, profesionales o emocionales que nos ocupan y nos preocupan la mayoría del tiempo.

Rupturas, relaciones tóxicas, dependencias, desmotivación, tristeza, frustración, relaciones familiares, inseguridad, celos, miedos… ¿A quién no le ocurren estas cosas?

Pues éste es mi trabajo, ayudarte a sacar lo mejor de ti para que puedas enfrentarte a la vida con todas tus herramientas desplegadas y bien desarrolladas.

¿Cómo? Bueno, eso es algo que tendrás que comprobar.

  • ¿Cuánto tiempo duran las terapias?

Pues depende de la persona y del problema por el que esté pasando.

Lo importante para mí es que se sientan libres de venir a verme siempre que lo necesiten, ya sea una vez al mes o tres veces al año.

Por supuesto, también hay personas que vienen una vez a la semana, pero procuro darles vacaciones a menudo, no siempre es posible poner en práctica lo trabajado en una semana y es prioritario que aprendan a enfrentarse a los obstáculos sin mi ayuda. Se trata de que desarrollen sus herramientas, no de que me utilicen a mí de herramienta.

  • ¿Qué si me importan los problemas de mis pacientes?

Por supuesto que sí.

Cuando alguien viene a verme significa que ha dado un paso de gigante, pedir ayuda es un acto muy valiente y solo por eso merece toda mi atención.

Muchas veces me han preguntado qué pasa cuando no tengo feeling con algún paciente, pero por suerte no es algo que me haya sucedido a menudo.

Tal vez sean personas con las que, a priori, no tenga nada en común, pero cuando conoces a alguien de verdad, cuando ves a las personitas luchando por aprender, entender y evolucionar, empatizar resulta muy sencillo. Y, cuando empatizas, cuando te implicas, porque yo soy de las que pienso que sin implicación es difícil ayudar, resulta muy, pero que muy gratificante ver cómo crecen y cómo poco a poco dejan de venir porque se sienten más fuertes.

Claro que me gusta que vengan, vivo de ello, o al menos lo intento, pero no me hice psicóloga para hacerme millonaria, cosa poco probable, me hice psicóloga porque creo que podemos ser más felices si trabajamos un poco más nuestra mente.

  • ¿Cómo consigo que no me afecten los problemas de los demás?

No me afecta porque no me repercuten los problemas de los pacientes. Si me afectaran lo más mínimo no podría ayudarles porque perdería perspectiva. Es por eso que la familia o los amigos no siempre pueden ayudarnos, porque les repercute y les afecta y pierden la perspectiva.

  • ¿Qué relación tengo con mis pacientes?

Evidentemente tengo una relación profesional, pero me gusta tener un trato cercano e informal con las personas con las que trabajo. Quizás suene maternalista, pero son mis chicos y mis chicas, mis amores profesionales, personas que admiro por lo mucho que luchan por sus vidas.


Y ésta soy yo y mi forma de trabajar, poco más puedo añadir. Me gusta mi trabajo, es interesante observar lo pequeños que nos sentimos, pero lo grandes que somos en realidad. Ser capaz de ver el potencial de las personas es un regalo para mi propia motivación, me lleva a dedicar horas y horas a buscar diferentes y variadas formas de enseñar a los demás que somos el guionista de nuestra propia película.

Y, dicho todo esto, si eres de Barcelona y quieres cambiar tu vida, te espero en mi despacho, o en el tuyo, porque también me desplazo por la ciudad.

Escríbeme a psicoreset@gmail.com o a través del whatsapp 644 425 609 y nos ponemos manos a la obra.

Vani G. Leal, Psicóloga colegiada Nº 21655

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¿Cuánta confianza tienes en ti mismo? ¿Sabes cómo mejorarla? Trabajando la autoconfianza

¿Cuánta confianza tienes en ti mismo? ¿Sabes cómo mejorarla? Trabajando la autoconfianza

Confiar en uno mismo ¿qué significa? ¿Es posible tener plena confianza? ¿Cómo se consigue?

Confiar en ti mismo significa que eres consciente de tus posibilidades, que valoras tus cualidades y que asumes tus defectos.

Lo primero y más importante es dejar claros algunos conceptos:

  1. La falta de confianza es la negación de tus cualidades y la exaltación de tus defectos.

¿Cuáles son tus cualidades? ¿Qué cosas haces bien? Y no te pongas dramático pensando que no haces nada bien porque eso no es realista. Todos y ,todos es todos, tenemos cualidades, al igual que todos y ,todos es todos, tenemos defectos. Así que piensa cuáles son tus mejores herramientas.

Reflexiona que actitudes, características o comportamientos son positivos en ti, seguro que si te paras a pensar un momento encuentras unos cuantos.

¿Todo lo haces mal? Seguro que no, quizás algunas cosas, como cualquiera, pero ¿todo? Tampoco es realista creer que todo lo haces mal. ¿Por qué agrandas tus errores?

¿A caso no has pagado y pagas lo suficiente por ellos? ¿Por qué les das tanto poder a tus defectos?

Son importantes, claro que sí, pero los errores y los defectos sirven para aprender y corregir y no para quedarte atascado en ellos.

  1. No somos todo una cosa y nada la otra.

Que no seas una persona valiente en todas las situaciones no te convierte en una persona cobarde. Tendemos a generalizar tanto que perdemos la realidad por el camino.

A veces somos valientes y a veces cobardes, a veces empáticos y a veces crueles, a veces generosos y a veces egoísta, a veces cercanos y a veces distantes… Somos muchas y variadas cosas y simplificarlo todo, es dejarte la mitad de ti mismo.

La confianza en uno mismo no pasa por ser capaz de hacerlo todo, a todas horas y con todo el mundo. La confianza en uno mismo pasa por conocerse y aceptarse para poder trabajar en mejorar.

  1. No hay una fórmula mágica o secreta para la autoconfianza.

Intentar, probar, ensayar, equivocarte, corregir los errores, volver a intentar, cambiar de estrategia, pedir ayuda, volverlo a probar, volver a equivocarte y seguir intentándolo.

No es una fórmula mágica, es el ensayo y error de toda la vida, es la búsqueda constante de hacer que las cosas salgan un poquito mejor cada vez.

Normalmente lo intentamos unas cuantas veces y si no sale, nos frustramos, nos decepcionamos y nos rendimos. Pero ¿y si te has equivocado de estrategia? ¿Y si no te conoces aun lo suficiente como para acceder a tus verdaderas cualidades? ¿Y si estás obviando tus defectos?

No hay una manera de hacer las cosas, hay muchas, muchísimas y que no hayas dado con la adecuada no significa que no exista o no se pueda, significa que has de revisar lo más importante, a ti. El autoconocimiento real y verídico de uno mismo es la herramienta más potente que tenemos.

  1. El famoso poder de la actitud.

La actitud que tenemos va en función de los mensajes, diálogos internos, que nos damos a nosotros mismos.

No puedo, no sé hacerlo, nada se me da bien, no lo conseguiré, todo me sale mal, nunca seré feliz, nadie me entiende, no sirvo para nada…

¿Qué te dicen estos mensajes? Nada bueno, eso está claro. Pues si estos son los continuos diálogos que mantienes con tu mente ¿qué quieres? y ¿de qué te extrañas?

Tu mente es un ordenador dispuesto a ser programado, si lo programas mal, funciona mal, así de fácil.

¿Quiere decir que si mis mensajes son positivos todo me irá bien? Pues no, lo lamento. Nada te garantiza nunca que las cosas van a salir tal y como tú quieres. Pero desde luego, programando tu ordenador para que sea más positivo, reflexione sobre los errores, examine los defectos, valore las cualidades y cambie de estrategia siempre que haga falta, la posibilidad de que las cosas salgan mejor, aumenta notablemente.

  1. Ten presente todo aquello que no está en tu mano.

No podemos cambiar o modificar a los demás, por lo tanto, tu confianza nunca puede estar en otras manos que no sean las tuyas, ni puede depender de agentes externos que no puedas controlar.

  • Si tu confianza solo depende de tu pareja, el día que no esté ¿qué pasará?
  • Si tu confianza solo reside en tu trabajo ¿qué pasará si te despiden?
  • Si tu confianza solo está en tu físico ¿qué pasará el día que envejezcas o engordes?

Tu valor es igual de importante estés o no estés con alguien, tengas o no tengas trabajo, seas o no seas una persona guapísima. Tu valor depende de si te quieres bien o mal, de si te mimas, de si examinas tus errores, de lo que luches por ti…

¿Cuanta confianza tienes en ti mismo? ¿Sabes cómo mejorarla?

Tu valor depende de lo que hagas por y para ti, porque cuando ” eres consciente de tus posibilidades,  valoras tus cualidades y  asumes tus defectos”, la confianza no se hace esperar, y a pesar de los muchos obstáculos que te encuentres por la vida, sabes que de una manera u otra vas a poder con ello.

  1. Confiar en uno mismo no significa carecer de miedos o inseguridades.

Un error muy común es creer que las personas que más confianza tienen en sí mismas no tienen miedos o inseguridades. Pues no es verdad. Puedes sentir inseguridad a la hora de hablar en público, pero puedes tener confianza en que lo harás lo mejor que sepas hacerlo y si no sale bien, volverás a intentarlo.  Eso es tener confianza, no dejar que tus miedos limiten tu vida.

Así que si quieres tener autoconfianza deja de esconderte detrás del miedo y plántale cara. Porque las personas que tienen confianza en sus posibilidades son personas que a pesar de tener miedo, nunca se rinden.

Como ves la autoconfianza no es un traje o un vestido que te coloques y ya te sientas capaz de todo. No, no somos súper héroes, ni somos invencibles, solo somos personas, personas con miedos, personas con dudas, personas frágiles y sensibles que lo único que tienen que hacer es conocerse a sí mismas, porque cuando nos conocemos a fondo nos damos cuenta de que por cada defecto que tenemos, hay una cualidad al lado para hacerle frente.

Y es así como conseguimos valorarnos y tener confianza, cuando tenemos presente que no somos, ni nunca seremos personas perfectas, pero que depende de nosotros ser mucho mejores de lo que somos.

Vani G Leal, Psicóloga

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Las decepciones sentimentales ¿Podemos evitarlas? Trabajando en las expectativas

Las decepciones sentimentales ¿Podemos evitarlas? Trabajando en las expectativas

Que terrible es la decepción ¿verdad?  es una poderosa sensación de triste enfado. Pero ¿por qué nos decepcionamos?

Las expectativas son las auténticas responsables. Ponemos nuestro esfuerzo e ilusión en una relación o en una persona y cuando no funciona, cuando te das cuenta de que todo es un desastre, te entra la irremediable sensación de decepción. Es curioso porque a pesar de que pasamos miles de veces por ella, siempre nos sorprende y nos clava su afilada estaca.

Ahora bien ¿cuántas decepciones son culpa nuestra? ¿Son realistas nuestras expectativas? ¿Hemos pecado de ingenuos?

Veamos hasta que punto somos responsables de nuestras decepciones emocionales:

  • ¿Al principio de una relación has pasado por alto cosas que sabías que no te gustaban?

¿Por qué las pasaste por alto? ¿Creíste que esa persona podría ser diferente, creíste que tu serías diferente, pensaste que el amor todo lo puede…?

  • ¿Has actuado de forma diferente a quien eres solo para agradar a alguien?

¿Por qué actuaste así? ¿No crees que estás dando unas expectativas de ti mismo que no son realistas? ¿No crees que pasa factura fingir, exagerar o disimular tu verdadero yo?

  • ¿Has esperado en algún momento que alguna persona cambiara por ti?

¿Es sensato pensar que alguien puede dejar de ser quien es solo porque tú lo necesites?

Las expectativas y las decepciones son dos conceptos que van de la mano. Contra más altas son las expectativas, más duras son las decepciones.

Si pongo toda mi esperanza en una relación, pero no soy realista ¿cuántas probabilidades hay de que la cosa salga bien?

Expectativa: Yo quiero o necesito que sea la pareja de mi vida, quiero que me haga reír, quiero que comparta sus emociones conmigo, quiero que sea una persona cariñosa, quiero que tengamos aficiones en común, quiero que tengamos valores parecidos, quiero…

Realidad: No nos divertimos, no comparte conmigo lo que le pasa, es una persona bastante fría, no tenemos aficiones parecidas y tenemos valores de vida muy diferentes.

Expectativa: Seguro que si hablamos cambiará lo que no me gusta, seguro que por amor hará lo que le pido, seguro que puede aprender a expresar, seguro que al final los valores no son tan importantes…

Decepción: No me quería lo suficiente, no se ha esforzado por la relación, se ha portado mal conmigo… ¡Qué decepción tan grande!

Acabamos por culpabilizar a los demás de nuestras propias expectativas.

Las personas a veces somos compatibles y otras veces no. Si has de encajar, cambiar o modificar a una persona quizás es que has de buscar una persona distinta.

Los demás no tienen la culpa de que hayas creado un mundo de fantasía para hacer frente a tus miedos. La otra persona no tiene por qué cambiar para encajar en tus planes. Somos como somos y si en algún momento hemos de cambiar solo lo hacemos por motivación propia y no porque alguien necesite que seamos de otra manera.

Esto no significa que no haya que tener expectativas, ni quiere decir que no podamos amoldarnos en una relación, lo que quiere decir es que hemos de aprender a ser un poco más objetivos, equilibrados y realistas a la hora de poner nuestras ilusiones en alguna parte.

Tal vez hemos de preguntarnos más a menudo que queremos y mirar bien lo que tenemos en frente para ver si se parece o nos estamos montando nuestra propia película. El miedo es un poderoso aliado para fantasear y ser irrealista porque nos nubla la mente y no nos permite pensar con claridad.

Las decepciones son inevitables y por mucho que nos escondamos de ellas siempre nos van a encontrar, es algo que hay que asumir como emoción habitual de la vida, pero hay una diferencia abismal entre una decepción producto de unas circunstancias que no hemos podido controlar, como son dos personas incompatibles, a una decepción que nosotros mismos hemos provocado, como cuando vemos claramente que es una rana, pero nos empeñamos en ver a nuestra alma gemela.

Vani G Leal, Psicóloga.

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Verano en pareja ¿oasis de tranquilidad o paraíso de conflictos? Sobrevivir al verano

Verano en pareja ¿oasis de tranquilidad o paraíso de conflictos? Sobrevivir al verano

Dicen que muchas parejas terminan después de un periodos de vacaciones. ¿Es cierto?

Pues sí, es cierto. Las vacaciones son 24 horas, 7 días a la semana y, por lo tanto, las diferencias se hacen mucho más significativas.

Por ejemplo, imagina una pareja con hijos que no tiene tiempo ni para respirar, se ven poco y cuando se ven la mayoría de conversaciones giran en torno a los niños, el trabajo, las responsabilidades y como consecuencia, la inercia activa sus pilotos automáticos, pero llegan las vacaciones y todo cambia. Dos personas que van y vienen durante todo el año, tienen por delante unas semanas de convivencia intensiva y es entonces cuando comprueban la compatibilidad que tienen en ese momento. “Solo estamos bien cuando tenemos ocupaciones que nos distraen de la relación de pareja”.

No, esto no es una regla exacta, también hay parejas que durante el año se llevan muy mal y en vacaciones viven en un oasis de tranquilidad y tregua. Pero al final acaban dejando en evidencia lo mismo, la compatibilidad del momento: “Solo estamos bien cuando no tenemos ocupaciones que nos distraen de la relación de pareja”.

Sea como sea, es importante conocer que está pasando para ponerle remedio.

Y ponerle remedio significan muchas cosas:

  • Hablar de lo que os gusta y lo que no de vuestra vida: Ser honestos y hablar abiertamente de aquellos aspectos de vuestra vida con la que no estáis contentos. A veces una parcela gris en nuestra vida arrastra las demás y nos agria el carácter.
  • Reorganizar las tareas del año para que los dos os sintáis más equilibrados: A veces una de las dos personas abarca mucho más de lo que puede y como consecuencia se enfada y reprocha a la otra la falta de implicación. El reparto de obligaciones y responsabilidades siempre ha de estar medianamente equilibrado. No significa 50/50, significa que en algunas cosas yo soy un 70 y tu un 30 y en otras tú serás el 70 y yo el 30. Por desgracia, en el tema de los hijos el 80 % de responsabilidad recae en la mujer, así que si ese es tu caso, aprende a ceder responsabilidad o exige a la otra parte más implicación. Día a día y poco a poco, en algunos países, esto también va cambiando y cada vez son más los padres que se involucran tanto como las madres. Lento, la evolución es lenta, pero esperemos que en algún momento de la historia ser hombre o mujer no implique tener un rol específico.
  • Hacer una autocrítica individual: por mucho que critiques o juzgues el comportamiento de tu pareja no vas a poder cambiar nada. Pero tú sí que puedes cambiarte a ti mismo. Así que, si los dos hacéis el proceso de autoanalizaros e intentar mejorar, es fácil que las mejoras se extiendan a la relación.
  • Decidir si estáis mejor juntos o separados: separarse es una etapa difícil, no nos vamos a engañar, pero se sobrevive perfectamente si las dos partes de la pareja ponen su empeño en hacer las cosas de la mejor manera posible. Una vez superado el choque inicial de cambio de vida, separarse puede ser una oportunidad personal muy importante. Si no eras feliz en pareja, ahora tienes la oportunidad de serlo. Y para los que piensen que con niños es mucho más duro y doloroso, deciros que sí, con hijos todo es más complicado, pero haciendo las cosas de forma positiva y con amor, lo que sería un trauma para los niños se convierte solo en un cambio de realidad. Los traumas por separación no los provoca la separación en sí, los provoca las peleas, los chantajes, la rabia con la que hacen las cosas las madres y padres de los niños.

La verdad es que las relaciones de pareja son muy complejas y resistir al desgaste del tiempo es una realidad que no muchos consiguen. Pero si lo miras con la perspectiva del tiempo, ¿prefieres 20 años de infelicidad en pareja o prefieres ser feliz con diferentes personas en 20 años?

Si encuentras una persona que camine a tu lado, durante toda la vida, con la que te lleves bien y eres feliz, estupendo, lucha por ello, pero si no eres feliz, si las vacaciones se convierten en batallas o, si por el contrario, solo eres feliz en vacaciones, revisa un poco que está pasando porque la infelicidad no se recupera y los 365 días del año son importantes.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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Hablemos del Karma y de sus travesuras Las terribles consecuencias de nuestras decisiones

Hablemos del Karma y de sus travesuras Las terribles consecuencias de nuestras decisiones

¿Existe el Karma? ¿Es verdad que el destino te devuelve multiplicado por tres tus errores?

Pues el destino no lo sé, pero lo que si devuelve los errores que cometes es la vida, y no porque el karma se vengue de ti, sino porque los errores tienen consecuencias y tarde o temprano acabamos pagando las malas decisiones. Las buenas decisiones también se pagan, pero nadie se queja del buen karma.

¿Es justo pagar por los errores? Pues no y sí.

No es justo porque cuando la cagamos es porque no lo hemos sabido hacer diferente, nadie se equivoca a propósito, ni se equivoca por gusto. Y sí, es justo porque nosotros somos los dueños de nuestras decisiones y por lo tanto somos los responsables. Además, sin consecuencias nunca aprenderíamos, ni reflexionaríamos de lo sucedido.

¿Hay errores que se pagan demasiado caros? Pues también. A veces un pequeño error pone tu vida del revés y pagas un precio excesivo por un resbalón. Pero así es la vida, complicada y rebuscada, al igual que nosotros, que somos complicados y rebuscados.

¿Lo más difícil? Perdonarnos.

A veces nos flagelamos y nos culpabilizamos por las decisiones tomadas, sobre todo cuando somos conscientes de todas las consecuencias que nosotros mismos hemos provocado, pero la culpa no sirve de nada, lo hecho hecho está y ya nada puede cambiarlo.

Vivir en la culpa no te aportará nada positivo y aunque es normal sentirse mal, no puedes castigarte eternamente por algo que no has sabido hacer diferente. Además no poder cambiar una situación pasada no significa que no podamos mejorar la situación futura.

¿Por qué normalmente repetimos una y otra vez los mismos errores? Pues los repetimos porque no nos hacemos responsables de nuestra parte en los sucedido. Echamos la culpa a los demás, a la situación, al momento, a todo y a todos menos a nosotros y por lo tanto, examinamos más lo de fuera que lo de dentro. ¿Qué pasa entonces? Que no cambiamos porque esperamos que cambie lo demás. ¿Es el karma? No, eres tú que no te detienes a reflexionar y vuelves al mismo hábito de siempre. 

A veces por miedo, por inseguridad o simplemente por costumbre nos quedamos inmóviles, pero sin movimiento no hay avance y sin avance estamos condenados a repetir aquello que nos hace daño.

No te voy a engañar, hacerlo todo bien no garantiza que todo vaya a salirte bien. No olvides que no estás solo en el mundo y que una buena decisión para ti, puede ser una mala decisión para otros. Por lo tanto, estamos expuestos a las salpicaduras de los demás, lógico y normal, teniendo en cuenta que los demás también sufren nuestras salpicaduras.

El Karma ajeno no podemos controlarlo porque no está en nuestras manos. Eso sí, ten en cuenta que el 80% de las cosas que te suceden  son tu propio Karma, así que no te excuses en que la vida te trata mal o que los demás son los culpables porque todos podemos asumir el impacto de ese 20% ajeno.

Ocúpate de tu parte, ocúpate de tus decisiones, ocúpate de tus reflexiones y tarde o temprano el destino, el Karma o como quieras llamarlo picará a tu puerta de forma más positiva.

¿Qué cosas podemos hacer para mejorar nuestro Karma?

  1. Las decisiones tomadas por miedo o inseguridad son un mal negocio. Te puede parecer una medida preventiva y segura pero lo que no enfrentas no desaparece, solo se esconde para volver más tarde.
  2. Hazte responsable de todo lo que te sucede en la vida. Si la has cagado tu quiere decir que también puedes hacer las cosas de otra forma. Y no te preocupes por la falta de oportunidades porque la vida nos pone en encrucijadas parecidas continuamente, así que a la siguiente, hazlo un poquito mejor.
  3. No tomes decisiones en caliente. Muchas ostias del Karma llegan precisamente de decisiones tomadas en momentos de enfado o de tristeza. No, aprende a despejarte, a contar hasta 1000 o sal a correr, pero las decisiones, por pequeñas que sean, se toman dentro de la tranquilidad mental y no estando en una montaña rusa.
  4. Asume las consecuencias del Karma con toda la calma que seas capaz de encontrar. Una vez ha pasado, una vez que el Karma ya se ha despachado a gusto, respira, asume y acepta que las personas salpicadas estarán enfadas, ofendidas o defraudadas. Dales espacio, dales tiempo y si está en tu mano mejorar la situación, inténtalo, pero también acepta que no todas las personas saben o pueden perdonarte tan rápido como tu quisieras.
  5. No somos perfectos ni podremos serlo nunca, por lo tanto, acepta que de vez cuando el mal karma vendrá a visitarte, al igual que te visita el buen Karma. Los errores no son fracasos, son solo oportunidades de mejorar y aprender.

Nuestro destino está elaborado a base de decisiones, buenas y malas, pero nuestras decisiones. Así que, si quieres que te llegue el buen Karma de forma más habitual, dale a tu comportamiento el lugar que se merece y examínate más a menudo, seguro que encuentras muchas pequeñas cosas que puedes hacer diferente para que todo te vaya mejor en el futuro.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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Ser positivo ¿Un cuento chino? Aprendiendo herramientas cognitivas-conductuales

Ser positivo ¿Un cuento chino? Aprendiendo herramientas cognitivas-conductuales

“No es para tanto, seguro que todo pasa, piensa en otra cosa, no te agobies, intenta no pensar, tienes que ser más positivo…”

Resulta fácil decirlo cuando no nos está sucediendo a nosotros. Pero cuando te está pasando a ti, cuando eres tu el que estás metido en el bucle, que vengan a decirte “sé positivo”, casi consigue el efecto contrario y te dan ganas de arrancarle la lengua.

En realidad tienen razón, pero que te lo digan tan alegremente y como si fuese lo más fácil del mundo es como cuando te acabas de separar y alguien viene a decirte que lo que tienes que hacer es olvidar a esa persona. Te dan ganas de decir: “ah, gracias, espera que le doy al botón de reinicio y mañana ya seré feliz”.

No, no es fácil ver el lado bueno de las cosas, nadie nos entrena en positividad ni nos facilita herramientas para ver la botella medio llena, en vez de verla totalmente seca.

Cuando algo nos va mal somos quejicas e histéricos y, sobre todo y ante todo, muy dramáticos. Y, ¿por qué no? Lo que nos duele nos duele, lo que nos afecta nos afecta y a veces es bueno cagarnos un poco en todo, berrear y patalear hasta quedarnos afónicos.

Pero cuidado, una vez ha pasado la pataleta inicial, ya está. Para de quejarte, de lamentarte o de enfadarte. Una vez has descargado el drama, hay que saber parar y hacer caso a ese consejito que, a priori, tanto puede desesperarnos.

¡Vamos a ser positivos!

Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿cómo podemos ver el lado positivo de algo que nos está amargando la excistencia?

Bueno, no te voy a engañar, no hay un consejo trascendental y poderoso que al escucharlo cambie tu mente. No, aprender a ser positivo es trabajar de forma frecuente, es esforzarte continuamente y es un acto de amor diario hacia ti mismo. ¿Acaso hay algo más importante y prioritario que tú?

Vayamos por partes:

Una vez te has desahogado y estés exhausto de tu propia intensidad, respira y ves a buscar lápiz y papel.

Lo primero que vamos hacer es cambiar la perspectiva. En vez de hablar y pensar en nuestros problemas, vamos a hablar y pensar en nuestras posibles soluciones.

No es lo mismo estar invirtiendo tiempo en bucles tipo: soy un desgraciado, todo me pasa a mí, qué mala suerte, qué mala es la vida, todo es una mierda… a invertir tiempo en hacerte algunas preguntas:

¿Qué parte de responsabilidad tengo en lo que ha pasado?

¿Podía haber evitado o minimizado las consecuencias si mis pensamientos o comportamientos hubieran sido diferentes?

¿Puedo hacer algo para arreglar, mejorar o cambiar la situación? Si puedo hacer algo, ¿qué comportamientos o pensamientos pueden ayudarme? Y si no puedo hacer nada por esta situación, ¿qué puedo hacer o pensar para sentirme mejor?

¿Está en mi mano que no se repita una situación parecida?, si está en mi mano ¿qué comportamientos o pensamientos puedo tener para que no se repita? y si no está en mi mano, ¿qué puedo hacer para tomármelo mejor la próxima vez que me suceda?

¿He vivido alguna situación parecida en el pasado? ¿He sobrevivido?

Evidentemente no podemos pretender contestar a estas preguntas en estados alterados. Si pretendes ser positivo justo en el momento en el que te pasan las cosas vas a darte contra la pared muchas veces.

Hazte las preguntas adecuadas en los momentos adecuados. Con calma y tranquilidad el cerebro funciona mejor.

Lo segundo que vamos hacer es comunicarle a alguien las conclusiones a las que hemos llegado con las preguntas que nos hemos hecho. Oírnos en voz alta ayuda a saber cómo nos hacen sentir nuestras propias conclusiones, pondremos en orden todos pensamientos y haremos real todo lo reflexionado. Decírselo a los demás nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos.

Para hablarlo debemos elegir a la persona adecuada. No elijas a alguien que te diga a todo que sí o a todo que no, porque no es momento de que te pongan medallas o de que alguien te peguen la bronca. Cuéntaselo a alguien que te escuche sin juzgar, a alguien que no pretenda influir, a alguien totalmente ajeno al problema y a alguien que no te haga sentir mal por cometer errores.

Intenta ser lo más honesto y transparente posible y habla abiertamente de tus reflexiones, de tus tropiezos, de tu parte de responsabilidad. Habla de cómo crees que puedes sentirte mejor, habla de todo aquello que está en tu mano hacer o cambiar, habla de tus equivocaciones y habla de cómo hacer las cosas mejor para la próxima vez.

Puede que cuando termines tengas una sensación liberadora o puede que te quedes más hecho polvo, pero poner en orden los pensamientos ayuda a tener las ideas más claras.

Y lo tercero que vamos hacer es premiarnos. Porque sí, porque después de hacer el gran esfuerzo de pararte a reflexionar y luego contárselo a alguien, lo que nos merecemos es un enorme premio. Porque sí, porque no hay que navegar en la culpa ni en el drama eternamente. Porque sí, porque mimarse y quererse es una obligación.

Pégate una comilona, ves a ver una película al cine, sal a cenar con amigos, cómprate un libro que te guste… Prémiate con algo bueno y positivo para ti. Tú eres la persona más importante de tu vida, no lo olvides.

Y a la noche, cuando te sientes en tu cama, sé consciente, sé consciente y sé consciente de que has sido positivo. Porque ser positivo es sacar partido a las cosas que te suceden en vez de lloriquear por las esquinas. Porque ser positivo es reflexionar y aprender de los errores. Porque ser positivo es ver las cosas desde otra perspectiva y porque ser positivo es levantarse con las ideas mejor colocadas para la próxima vez.

Y no, no te des por vencido solo porque te vuelva a pasar algo y te vengas un poco abajo. Lo importante no son las veces que lloriquees, lo importante son las veces que te seques las lágrimas para acordarte de que hay una forma de ser positivo y empieza por patalear primero, calmarte luego y por último ir a coger lápiz y papel.

Vani G. Leal, psicóloga.
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