Las decepciones sentimentales ¿Podemos evitarlas? Trabajando en las expectativas

Las decepciones sentimentales ¿Podemos evitarlas? Trabajando en las expectativas

Que terrible es la decepción ¿verdad?  es una poderosa sensación de triste enfado. Pero ¿por qué nos decepcionamos?

Las expectativas son las auténticas responsables. Ponemos nuestro esfuerzo e ilusión en una relación o en una persona y cuando no funciona, cuando te das cuenta de que todo es un desastre, te entra la irremediable sensación de decepción. Es curioso porque a pesar de que pasamos miles de veces por ella, siempre nos sorprende y nos clava su afilada estaca.

Ahora bien ¿cuántas decepciones son culpa nuestra? ¿Son realistas nuestras expectativas? ¿Hemos pecado de ingenuos?

Veamos hasta que punto somos responsables de nuestras decepciones emocionales:

  • ¿Al principio de una relación has pasado por alto cosas que sabías que no te gustaban?

¿Por qué las pasaste por alto? ¿Creíste que esa persona podría ser diferente, creíste que tu serías diferente, pensaste que el amor todo lo puede…?

  • ¿Has actuado de forma diferente a quien eres solo para agradar a alguien?

¿Por qué actuaste así? ¿No crees que estás dando unas expectativas de ti mismo que no son realistas? ¿No crees que pasa factura fingir, exagerar o disimular tu verdadero yo?

  • ¿Has esperado en algún momento que alguna persona cambiara por ti?

¿Es sensato pensar que alguien puede dejar de ser quien es solo porque tú lo necesites?

Las expectativas y las decepciones son dos conceptos que van de la mano. Contra más altas son las expectativas, más duras son las decepciones.

Si pongo toda mi esperanza en una relación, pero no soy realista ¿cuántas probabilidades hay de que la cosa salga bien?

Expectativa: Yo quiero o necesito que sea la pareja de mi vida, quiero que me haga reír, quiero que comparta sus emociones conmigo, quiero que sea una persona cariñosa, quiero que tengamos aficiones en común, quiero que tengamos valores parecidos, quiero…

Realidad: No nos divertimos, no comparte conmigo lo que le pasa, es una persona bastante fría, no tenemos aficiones parecidas y tenemos valores de vida muy diferentes.

Expectativa: Seguro que si hablamos cambiará lo que no me gusta, seguro que por amor hará lo que le pido, seguro que puede aprender a expresar, seguro que al final los valores no son tan importantes…

Decepción: No me quería lo suficiente, no se ha esforzado por la relación, se ha portado mal conmigo… ¡Qué decepción tan grande!

Acabamos por culpabilizar a los demás de nuestras propias expectativas.

Las personas a veces somos compatibles y otras veces no. Si has de encajar, cambiar o modificar a una persona quizás es que has de buscar una persona distinta.

Los demás no tienen la culpa de que hayas creado un mundo de fantasía para hacer frente a tus miedos. La otra persona no tiene por qué cambiar para encajar en tus planes. Somos como somos y si en algún momento hemos de cambiar solo lo hacemos por motivación propia y no porque alguien necesite que seamos de otra manera.

Esto no significa que no haya que tener expectativas, ni quiere decir que no podamos amoldarnos en una relación, lo que quiere decir es que hemos de aprender a ser un poco más objetivos, equilibrados y realistas a la hora de poner nuestras ilusiones en alguna parte.

Tal vez hemos de preguntarnos más a menudo que queremos y mirar bien lo que tenemos en frente para ver si se parece o nos estamos montando nuestra propia película. El miedo es un poderoso aliado para fantasear y ser irrealista porque nos nubla la mente y no nos permite pensar con claridad.

Las decepciones son inevitables y por mucho que nos escondamos de ellas siempre nos van a encontrar, es algo que hay que asumir como emoción habitual de la vida, pero hay una diferencia abismal entre una decepción producto de unas circunstancias que no hemos podido controlar, como son dos personas incompatibles, a una decepción que nosotros mismos hemos provocado, como cuando vemos claramente que es una rana, pero nos empeñamos en ver a nuestra alma gemela.

Vani G Leal, Psicóloga.

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Verano en pareja ¿oasis de tranquilidad o paraíso de conflictos? Sobrevivir al verano

Verano en pareja ¿oasis de tranquilidad o paraíso de conflictos? Sobrevivir al verano

Dicen que muchas parejas terminan después de un periodos de vacaciones. ¿Es cierto?

Pues sí, es cierto. Las vacaciones son 24 horas, 7 días a la semana y, por lo tanto, las diferencias se hacen mucho más significativas.

Por ejemplo, imagina una pareja con hijos que no tiene tiempo ni para respirar, se ven poco y cuando se ven la mayoría de conversaciones giran en torno a los niños, el trabajo, las responsabilidades y como consecuencia, la inercia activa sus pilotos automáticos, pero llegan las vacaciones y todo cambia. Dos personas que van y vienen durante todo el año, tienen por delante unas semanas de convivencia intensiva y es entonces cuando comprueban la compatibilidad que tienen en ese momento. “Solo estamos bien cuando tenemos ocupaciones que nos distraen de la relación de pareja”.

No, esto no es una regla exacta, también hay parejas que durante el año se llevan muy mal y en vacaciones viven en un oasis de tranquilidad y tregua. Pero al final acaban dejando en evidencia lo mismo, la compatibilidad del momento: “Solo estamos bien cuando no tenemos ocupaciones que nos distraen de la relación de pareja”.

Sea como sea, es importante conocer que está pasando para ponerle remedio.

Y ponerle remedio significan muchas cosas:

  • Hablar de lo que os gusta y lo que no de vuestra vida: Ser honestos y hablar abiertamente de aquellos aspectos de vuestra vida con la que no estáis contentos. A veces una parcela gris en nuestra vida arrastra las demás y nos agria el carácter.
  • Reorganizar las tareas del año para que los dos os sintáis más equilibrados: A veces una de las dos personas abarca mucho más de lo que puede y como consecuencia se enfada y reprocha a la otra la falta de implicación. El reparto de obligaciones y responsabilidades siempre ha de estar medianamente equilibrado. No significa 50/50, significa que en algunas cosas yo soy un 70 y tu un 30 y en otras tú serás el 70 y yo el 30. Por desgracia, en el tema de los hijos el 80 % de responsabilidad recae en la mujer, así que si ese es tu caso, aprende a ceder responsabilidad o exige a la otra parte más implicación. Día a día y poco a poco, en algunos países, esto también va cambiando y cada vez son más los padres que se involucran tanto como las madres. Lento, la evolución es lenta, pero esperemos que en algún momento de la historia ser hombre o mujer no implique tener un rol específico.
  • Hacer una autocrítica individual: por mucho que critiques o juzgues el comportamiento de tu pareja no vas a poder cambiar nada. Pero tú sí que puedes cambiarte a ti mismo. Así que, si los dos hacéis el proceso de autoanalizaros e intentar mejorar, es fácil que las mejoras se extiendan a la relación.
  • Decidir si estáis mejor juntos o separados: separarse es una etapa difícil, no nos vamos a engañar, pero se sobrevive perfectamente si las dos partes de la pareja ponen su empeño en hacer las cosas de la mejor manera posible. Una vez superado el choque inicial de cambio de vida, separarse puede ser una oportunidad personal muy importante. Si no eras feliz en pareja, ahora tienes la oportunidad de serlo. Y para los que piensen que con niños es mucho más duro y doloroso, deciros que sí, con hijos todo es más complicado, pero haciendo las cosas de forma positiva y con amor, lo que sería un trauma para los niños se convierte solo en un cambio de realidad. Los traumas por separación no los provoca la separación en sí, los provoca las peleas, los chantajes, la rabia con la que hacen las cosas las madres y padres de los niños.

La verdad es que las relaciones de pareja son muy complejas y resistir al desgaste del tiempo es una realidad que no muchos consiguen. Pero si lo miras con la perspectiva del tiempo, ¿prefieres 20 años de infelicidad en pareja o prefieres ser feliz con diferentes personas en 20 años?

Si encuentras una persona que camine a tu lado, durante toda la vida, con la que te lleves bien y eres feliz, estupendo, lucha por ello, pero si no eres feliz, si las vacaciones se convierten en batallas o, si por el contrario, solo eres feliz en vacaciones, revisa un poco que está pasando porque la infelicidad no se recupera y los 365 días del año son importantes.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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Ser positivo ¿Un cuento chino? Aprendiendo herramientas cognitivas-conductuales

Ser positivo ¿Un cuento chino? Aprendiendo herramientas cognitivas-conductuales

“No es para tanto, seguro que todo pasa, piensa en otra cosa, no te agobies, intenta no pensar, tienes que ser más positivo…”

Resulta fácil decirlo cuando no nos está sucediendo a nosotros. Pero cuando te está pasando a ti, cuando eres tu el que estás metido en el bucle, que vengan a decirte “sé positivo”, casi consigue el efecto contrario y te dan ganas de arrancarle la lengua.

En realidad tienen razón, pero que te lo digan tan alegremente y como si fuese lo más fácil del mundo es como cuando te acabas de separar y alguien viene a decirte que lo que tienes que hacer es olvidar a esa persona. Te dan ganas de decir: “ah, gracias, espera que le doy al botón de reinicio y mañana ya seré feliz”.

No, no es fácil ver el lado bueno de las cosas, nadie nos entrena en positividad ni nos facilita herramientas para ver la botella medio llena, en vez de verla totalmente seca.

Cuando algo nos va mal somos quejicas e histéricos y, sobre todo y ante todo, muy dramáticos. Y, ¿por qué no? Lo que nos duele nos duele, lo que nos afecta nos afecta y a veces es bueno cagarnos un poco en todo, berrear y patalear hasta quedarnos afónicos.

Pero cuidado, una vez ha pasado la pataleta inicial, ya está. Para de quejarte, de lamentarte o de enfadarte. Una vez has descargado el drama, hay que saber parar y hacer caso a ese consejito que, a priori, tanto puede desesperarnos.

¡Vamos a ser positivos!

Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿cómo podemos ver el lado positivo de algo que nos está amargando la excistencia?

Bueno, no te voy a engañar, no hay un consejo trascendental y poderoso que al escucharlo cambie tu mente. No, aprender a ser positivo es trabajar de forma frecuente, es esforzarte continuamente y es un acto de amor diario hacia ti mismo. ¿Acaso hay algo más importante y prioritario que tú?

Vayamos por partes:

Una vez te has desahogado y estés exhausto de tu propia intensidad, respira y ves a buscar lápiz y papel.

Lo primero que vamos hacer es cambiar la perspectiva. En vez de hablar y pensar en nuestros problemas, vamos a hablar y pensar en nuestras posibles soluciones.

No es lo mismo estar invirtiendo tiempo en bucles tipo: soy un desgraciado, todo me pasa a mí, qué mala suerte, qué mala es la vida, todo es una mierda… a invertir tiempo en hacerte algunas preguntas:

¿Qué parte de responsabilidad tengo en lo que ha pasado?

¿Podía haber evitado o minimizado las consecuencias si mis pensamientos o comportamientos hubieran sido diferentes?

¿Puedo hacer algo para arreglar, mejorar o cambiar la situación? Si puedo hacer algo, ¿qué comportamientos o pensamientos pueden ayudarme? Y si no puedo hacer nada por esta situación, ¿qué puedo hacer o pensar para sentirme mejor?

¿Está en mi mano que no se repita una situación parecida?, si está en mi mano ¿qué comportamientos o pensamientos puedo tener para que no se repita? y si no está en mi mano, ¿qué puedo hacer para tomármelo mejor la próxima vez que me suceda?

¿He vivido alguna situación parecida en el pasado? ¿He sobrevivido?

Evidentemente no podemos pretender contestar a estas preguntas en estados alterados. Si pretendes ser positivo justo en el momento en el que te pasan las cosas vas a darte contra la pared muchas veces.

Hazte las preguntas adecuadas en los momentos adecuados. Con calma y tranquilidad el cerebro funciona mejor.

Lo segundo que vamos hacer es comunicarle a alguien las conclusiones a las que hemos llegado con las preguntas que nos hemos hecho. Oírnos en voz alta ayuda a saber cómo nos hacen sentir nuestras propias conclusiones, pondremos en orden todos pensamientos y haremos real todo lo reflexionado. Decírselo a los demás nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos.

Para hablarlo debemos elegir a la persona adecuada. No elijas a alguien que te diga a todo que sí o a todo que no, porque no es momento de que te pongan medallas o de que alguien te peguen la bronca. Cuéntaselo a alguien que te escuche sin juzgar, a alguien que no pretenda influir, a alguien totalmente ajeno al problema y a alguien que no te haga sentir mal por cometer errores.

Intenta ser lo más honesto y transparente posible y habla abiertamente de tus reflexiones, de tus tropiezos, de tu parte de responsabilidad. Habla de cómo crees que puedes sentirte mejor, habla de todo aquello que está en tu mano hacer o cambiar, habla de tus equivocaciones y habla de cómo hacer las cosas mejor para la próxima vez.

Puede que cuando termines tengas una sensación liberadora o puede que te quedes más hecho polvo, pero poner en orden los pensamientos ayuda a tener las ideas más claras.

Y lo tercero que vamos hacer es premiarnos. Porque sí, porque después de hacer el gran esfuerzo de pararte a reflexionar y luego contárselo a alguien, lo que nos merecemos es un enorme premio. Porque sí, porque no hay que navegar en la culpa ni en el drama eternamente. Porque sí, porque mimarse y quererse es una obligación.

Pégate una comilona, ves a ver una película al cine, sal a cenar con amigos, cómprate un libro que te guste… Prémiate con algo bueno y positivo para ti. Tú eres la persona más importante de tu vida, no lo olvides.

Y a la noche, cuando te sientes en tu cama, sé consciente, sé consciente y sé consciente de que has sido positivo. Porque ser positivo es sacar partido a las cosas que te suceden en vez de lloriquear por las esquinas. Porque ser positivo es reflexionar y aprender de los errores. Porque ser positivo es ver las cosas desde otra perspectiva y porque ser positivo es levantarse con las ideas mejor colocadas para la próxima vez.

Y no, no te des por vencido solo porque te vuelva a pasar algo y te vengas un poco abajo. Lo importante no son las veces que lloriquees, lo importante son las veces que te seques las lágrimas para acordarte de que hay una forma de ser positivo y empieza por patalear primero, calmarte luego y por último ir a coger lápiz y papel.

Vani G. Leal, psicóloga.
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El poderoso y gigante ESTRÉS Una mini guía de combate

El poderoso y gigante ESTRÉS Una mini guía de combate

Estrés: nos levantamos por la mañana con el pito en el culo. Desayunamos cualquier cosa rápida que nos permita salir corriendo de casa o nos comemos algo de camino al trabajo. Compatibilizamos una jornada laboral con los quehaceres de la casa, la compra, los niños, las obligaciones familiares, los recados, la pareja, las relaciones sociales, las responsabilidades…

Perseguimos la felicidad, el equilibrio, el bienestar, pero no tenemos tiempo de ocuparnos de eso, estamos demasiado atareados con la inercia de la vida.

Hablemos de lo que supone el estrés ¿Cómo nos afecta?

  • Estamos de mal humor, serios y enfadados.
  • Nos sentimos agotados.
  • Todo obstáculo, por pequeño que sea, nos desanima.
  • Se nos debilita el sistema inmunológico.
  • Estamos más expuestos a comer, jugar, beber o fumar más de la cuenta.
  • Dormimos mal y nos despertamos más a menudo.
  • Nos sentimos nerviosos, agitados y ansiosos.

Pues eso es el estrés. Una nube gris que nos deja más vulnerables y nos complica todavía más la vida. Pero es lo que hay, así es la vida y no se detiene por nadie ni por nada.

Si quieres ser un poco más feliz has de adaptarte. Has de aprender a salir de vez en cuando de la inercia y descansar, reír, desconectar y cargar pilas.

Hay personas que no le dan importancia. Hay personas que piensan que no es algo determinante ni limitante, pero se equivocan. El es estrés es muy poderoso, tan poderoso que lleva a muchas personas ,que ni si quiera lo saben, a sentirse infelices.

¿Qué podemos hacer para combatirlo?

1– Una vez a la semana, como mínimo, encuentra dos o tres horas para ti. Una mañana, una tarde o una noche a la semana ha de ser tu pequeño oasis. Salir a tomar el sol, leer un libro quedar para un café, dormir…Nadie mejor que tu se conoce y sabe que cosas echas de menos hacer. HAZLAS.

Puedes excusarte en la falta de tiempo, pero si dejas de lado tu espacio, más adelante te arrepentirás de no haber perdido tres horas de tu tiempo. La felicidad no se instala en nuestra vida por arte de magia. Si quieres tenerla o mantenerla, pierde el tiempo ganando tiempo para ti mismo.

2– Busca aficiones. Solo o acompañado. Con amigos o con tu familia. Utiliza tu tiempo libre para desarrollar y potenciar alguna actividad divertida. Excursiones, deporte, pintura, cantar, hacer ganchillo o hacer pulseritas. Da igual lo que sea mientras te guste y te haga pasar un día divertido y alegre.

3– Deja de preocuparte por todo y ocúpate de las cosas cuando sucedan. Y si, y si, y si…es un término que nos predispone a esperar siempre lo peor.

Todo el tiempo que inviertes en estar preocupado, es tiempo que tiras a la basura. Te preocupes o no las cosas que no están en tu mano pueden suceder igual. No podemos controlar todo lo que pasa a nuestro alrededor pero si podemos ocuparnos, a tiempo real, de las cosas cuando pasen. No puedes solucionar lo que pasará dentro de un mes o dentro de un año, pero puedes solucionar lo que te pasa hoy.

Si evitas estar todo el tiempo preocupado, ganarás en concentración, efectividad y tranquilidad. Además de estar de mejor humor. Porque las preocupaciones, no nos engañemos, nos agrían el carácter.

Y no estoy diciendo que haya que vivir sin estar preparado para los obstáculos que puedan venir. Pero hay una gran diferencia entre ser y estar prevenido a ser y estar preocupado.

4– Organízate mejor, así de simple. Revisa tu horario, tus horas disponibles, tus obligaciones y tus quehaceres y vuelve a organizarte para que puedas disponer de más tiempo libre o ir más relajado.

Pregúntate:

¿Cuáles son mis prioridades, hacerlo todo y estresarme o hacer menos y estar más tranquilo?

Si tu respuesta es estar más tranquilo, pregúntate: ¿Qué puedo dejar de hacer o que puedo hacer de forma diferente que me permita ir con más calma en mi día a día?

Saber organizarse bien no es una tarea fácil para mucha gente. Hay quien tiene la suerte de tener un cerebro organizado y práctico, pero la mayoría de los mortales solemos hacer las cosas de forma atropellada y desorganizada. Así que haz una lista de tus tareas, hazte un horario y organiza tu semana de forma más efectiva.

5– Ten charlas sinceras con personas adecuadas. No es fácil encontrar personas que te escuchen sin juzgarte, que no quieran aconsejarte o que no intenten convencerte de lo que te conviene, pero las hay.

La finalidad de tener una charla sincera y transparente con alguien es para que puedas escuchar en voz alta las cosas que te rondan por la cabeza, relativizarlas y desahogarte un poco. Quejarse y tener una pequeña pataleta de vez en cuando ayuda a aligerar la mochila. Ayuda a sacar fuera lo que llevamos dentro.

Como ves, no te estoy diciendo que hagas nada del otro mundo. Te pido que te organices un poco mejor, que te tomes tiempo para ti, que tengas aficiones, que te ocupes de los problemas y que charles con personas de confianza.

Pero no te engañes, son cosas muy simples de hacer pero nada fáciles de llevar a cabo. Hay que tener determinación, estar motivado, darle la importancia que merece y por último hacerlo.

La buena noticia es que solo depende de ti, única y exclusivamente de ti, y eso es una gran suerte.

¿Pondrás excusas?¿Dirás que son tonterías?¿Lo intentarás una semana y después te olvidarás?

Ser feliz es una tarea compleja y complicada porque la vida nunca lo pone fácil, demasiadas cosas que pensar, demasiadas cosas que hacer. No, no es fácil ser feliz, así que no te lo compliques más estresándote por la vida misma. Si le das a la tranquilidad la importancia que merece, te darás cuenta de que el estrés es solo un mensaje de tu cuerpo y de tu mente para que te pares a divertirte más a menudo.

Vani G. Leal
Psicóloga

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Hablemos de la muerte hablando de la vida Aprovecha el momento, Carpe Diem.

Hablemos de la muerte hablando de la vida Aprovecha el momento, Carpe Diem.

Qué poco hablamos de la muerte siendo algo tan presente y natural. Supongo que nadie quiere pensar en algo que duele y asusta tanto, pero que no lo queramos pensar no significa que no vaya a suceder.

Nunca estamos preparados para decir adiós a un ser querido. Y no estamos preparados porque es algo a lo que no nos acostumbramos por muy normal que sea.

Pero, una vez que ha sucedido, una vez que ya se ha ido alguien importante para nosotros, ¿cómo podemos superarlo? ¿Cómo podemos llevar el duelo?

Lo primero que has de saber es que no hay una forma concreta de llevar el duelo. Dependiendo del tipo de personalidad, creencias, valores, entorno… cada persona sentirá, reaccionará y lo asumirá de forma muy distinta.

Dolor, pena, rabia, frustración, soledad, tristeza… son algunas de las emociones que se apoderarán de nosotros durante algún tiempo. ¿En qué orden y con qué intensidad? Pues depende de las circunstancias, depende del momento y depende de la persona que se haya ido. Pero lo que debes tener claro es que no son emociones que puedas eludir o bloquear porque son necesarias para llegar a la aceptación.

Si has de llorar llora hasta vaciarte, si has de enfadarte y gritar, enfádate y grita lo que necesites, si has de dormir y descansar, duerme todo lo que puedas, si has de hablar sobre lo que sientes, háblalo hasta quedarte sin voz y si lo que quieres es no hablar de nada, no hables de nada.

Hay personas que necesitarán unas semanas para asumir lo que ha pasado, otras algunos meses y otras necesitarán años. ¿Se supera? bueno, la verdad es que se asume, más que se supera. Sobre todo cuando son muertes inesperadas o trágicas, como puede ser la muerte de un hijo.

Por desgracia no todas las personas tienen la misma facilidad para saber lo que necesitan. Habrá que necesiten hablar pero ni si quiera lo sepan o no sepan cómo hacerlo y habrá que necesiten llorar pero no se lo permitan a sí mismas. Lo siento, poco podemos hacer ante eso.

El duelo es un camino personal e intransferible y respetarlo es importante, aunque sea complicado. A veces queremos ayudar a nuestros seres queridos pero no entendemos las reacciones que tienen y les apretamos para que actúen como lo haríamos nosotros. Pero olvidas que ellos no son tu. No tienen tu personalidad, ni tus herramientas, ni tus creencias…tienen las suyas. Respeta ese espacio y respeta esa diferencia y si quieres ayudar acércate por si te necesitan, expresa tus sentimientos y espera a ver si hacen lo mismo o pregúntales qué clase de ayuda necesitan. Porque no todos necesitamos lo mismo para superar un duelo.

Pero hablemos de la vida…

Si algo nos enseña la muerte es que estamos vivos y, eso significa, que aun tenemos tiempo para cumplir nuestros sueños y cambiar o mejorar todo aquello que nos preocupe.

Hay personas que después de una muerte sienten el impulso de correr riesgos, de cambiar de vida o de cometer locuras. Bueno, es una opción, aunque suele ser un lapsus temporal producto de las emociones que has sentido y por eso con el tiempo se vuelve a la normalidad.

Pero ese primer impulso es maravilloso en realidad. Cuando muere alguien lo primero que pensamos es que la vida tiene fecha de caducidad y pensamos que hay que ponerse las pilas.

Y es verdad, hay que ponerse las pilas…

  • Has de valorar lo que tienes y si no te gusta, corregirlo o cambiarlo.
  • Has de evaluar tus prioridades porque a veces perdemos mucho tiempo en cosas que al final no son tan importantes.
  • Has de repasar las personas que tienes en tu vida y ajustar las relaciones para que sean lo más equilibradas posible.
  • Has de solucionar todo lo que creas tener pendiente.
  • Has de preguntarte cómo quieres que sea tu vida y si estás haciendo lo necesario para conseguirlo.
  • Has de decir a las personas que quieres que son importantes para ti.

La muerte no suele tener nada de bueno, pero puede tenerlo si conviertes esa tristeza del que se va por la alegría de los que si están. Si conviertes la rabia o el enfado por empuje y fuerza hacia tus sueños. Si conviertes el dolor del vacío por recuerdos que se quedan contigo.

No, no tiene nada de bueno la muerte, pero la vida sí que lo tiene. Y tú estás vivo. Así que como dijo Horacio, poeta romano, aprovecha el momento, CARPE DIEM.

Vani G. Leal

Psicóloga

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¿Estás de mal humor? averigua por qué El mal humor que nos amarga la vida

¿Estás de mal humor? averigua por qué El mal humor que nos amarga la vida

Hay muchos motivos por los cuales las personas nos ponemos de mal humor, pero tres son los motivos principales: Estar preocupado, sentirse frustrado y estar enfadado.

La verdad es que es un estado emocional habitual y hasta cierto punto sano. Estar de mal humor es la descarga emocional que nos ayuda a sacar para fuera lo que nos corroe por dentro. Pero, y siempre hay un pero, es que si lo alargas o lo expresas con demasiada intensidad, las consecuencias no se hacen esperar.

¿Cómo actuamos cuando estamos de mal humor?

Ofendemos a los demás, les hablamos mal, decimos cosas que no vienen a cuento, tenemos contestaciones bruscas y secas, levantamos la voz, lo vemos todo negativo…

Consecuencias: Nos peleamos, hacemos daño, nos sentimos nerviosos y alterados, no pensamos con claridad, tomamos malas decisiones…

Como ves, no sale nada bueno de ello. Pero podemos sacarle partido y ponerle remedio.

El mal humor es una emoción, y como tal, tiene su cometido. Tu mal humor es un mensaje directo a ti mismo de que algo no anda bien. Te avisa de que hay algo que debes solucionar.

Vamos a excluir de aquí el mal humor de situaciones puntuales en nuestro día a día. Está claro que no es excusa para vomitar a los demás nuestro estado emocional, pero somos humanos y hemos de aceptar que todos tenemos pequeños momentos de alteración. No es personal, no van dirigidos a dañar a nadie, son solo explosiones puntuales producto de nuestra poca tolerancia a algunas situaciones como levantarnos muy temprano, tener hambre, estar muy cansado, tener sueño, etc.

Está claro que no podemos evitar estar de mal humor cuando estamos preocupados, frustrados o enfadados, pero podemos evitar que se prolongue, podemos disculparnos y detenerlo a tiempo y podemos corregir lo que nos sucede.

¿Qué podemos hacer para combatirlo?

  • En primer lugar hazte unas cuantas preguntas en el momento en que seas consciente de tu mal humor, ya sea porque lo reconozcas o ya sea porque alguien te lo diga.

¿Desde cuándo estoy de mal humor? ¿Ha sido un momento puntual, como el mal humor matutino o llevo días en este estado?

¿Ha pasado algo a mi alrededor que pueda haberme afectado?

¿Estoy pagando con los demás lo que me sucede a mi?

¿Qué está en mi mano hacer para cambiar mi preocupación, mi frustración o mi enfado?

Y si no está en mi mano, ¿qué puedo hacer para sentirme mejor?

  • En segundo lugar aprende a disculparte cuando te hayas excedido en tu mal humor. No pasa nada, todos nos equivocamos, todos pagamos con los demás nuestros problemas, pero una disculpa a tiempo te ayudará a hacerte responsable de lo que te sucede y también te ayudará a relacionarte mejor con los demás.

A veces por orgullo, por no mostrar debilidad, por miedo a enfrentarnos a la situación, hacemos como si nada y dejamos que los demás soporten nuestra carga. No lo hagas, no quites importancia a tu actitud solo porque te conviene. Disculparse es una actitud valiente y honesta, no siempre es fácil, pero hacerlo te permite crecer, te permite cambiar y te permite corregir.

  • Y en tercer lugar, haz algo con lo que te sucede. Si te has hecho preguntas, si has hecho autocrítica y has escuchado el mensaje de tu emoción, ya sabrás que te pasa y por qué estás de mal humor. Haz algo, así de simple. Ponte manos a la obra con lo que esté en tu mano hacer. Sin excusas, sin justificaciones, sin lamentos. Ponte a trabajar en el problema y cambia las cosas porque las cosas no cambian solas.

No te puedo indicar que cosas hacer para solucionar lo que te sucede porque yo no sé qué te sucede. Pero tú si lo sabes, tú si tienes toda la información que te hace falta para arreglar el problema. Y, si crees que no lo sabes o no encuentras la manera de hacerlo, pide ayuda. Puedes hablar con personas de confianza, puedes ir a un psicólogo o puedes buscar libros que te orienten, pero no te quedes parado. Es mejor que lo intentes, aunque no lo consigas, a que te quedes inmóvil mirando a otro lado.

No es nada fácil enfrentarse a uno mismo, pero recuerda que es más fácil arreglar las situaciones que vivir siendo esclavo de tu mal humor.

Vani G. Leal, Psicóloga

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