¿Por donde navegan tus sueños profesionales? La parte de la vida que también importa

¿Por donde navegan tus sueños profesionales? La parte de la vida que también importa

Hoy quiero hablar de algo tan importante como los sueños profesionales, los proyectos que soñamos con conseguir algún día. Un negocio, una página web, un libro, una empresa…

Es difícil ser valiente y tirarse a la piscina, pero a veces sin salto, no hay sueño.

Lo más complicado, como en todo, es dar ese primer paso y convertir algo etéreo en algo tangible y real con lo que ponerse a trabajar.

¿Por donde empezar?

  • Compra una libreta y pon por escrito todas las ideas, planes, estrategias y objetivos que quieras conseguir. No hace falta que haya orden, eso lo dejamos para el siguiente paso. Aquí solo tienes que dejar por escrito todo lo que tengas en tu cabeza. No pongas filtros a tus conceptos solo porque te parezcan irreales, suenen mal o no lo veas del todo claro. La lluvia de ideas no debe tener ningún tipo de censura. No te avergüences solo porque no te parezca perfecto.
  • Madura la idea durante unos días y ordena las ideas en la libreta. Tacha aquello que sepas de antemano que no es factible y haz un círculo en aquellos conceptos que creas que son imprescindibles para empezar.
  • Busca información sobre tu proyecto, páginas similares, negocios parecidos, ayudas a emprendedores, tutoriales, etc.

Yo, que soy una negada en páginas web, SEO, y multitud de nombres que a día de hoy sigo pronunciando al revés, empecé a fabricar mi sueño a través de mucho buscar e investigar por Internet. Maravilloso Internet donde encuentras páginas y tutoriales de todo y para todo.

La verdad es que en poco tiempo tenía más información de la que podía procesar, así que me fue muy bien tener controladas dos o tres páginas con gran cantidad de información sobre cómo empezar desde cero un proyecto profesional.  SOCIALetic.com es a día de hoy mi página de consulta cada vez que ando perdida, porque encuentro ideas, conceptos y herramientas que me ayudan a seguir aprendiendo y creciendo como emprendedora.

Por suerte mi sueño no requiere de grandes conocimientos ni necesito planes estructurales, pero si tu sueño incluye negocios o empresas puedes visitar ¿Cómo desarrollar una estrategia Hoshin Kanri?, del Japones Hoshin y que tan de moda se ha puesto entre las nuevas empresas.

  • Toca ponerse manos a la obra. No hace falta que lo abandones todo para empezar algo nuevo. Al principio, puedes combinar tu proyecto con las responsabilidades profesionales que tengas. Sí, supone sacar tiempo de donde no lo hay, pero nadie dijo que fuera fácil.

Lo importante es que no utilices excusas para abandonar tus sueños antes de haberlos empezado porque te digas a ti mismo que no tienes tiempo o no puedes abandonar tu trabajo. Organízate bien y haz un esfuerzo, tus sueños, sin duda, lo valen.

  • Sé realista. Que persigas tus sueños no significa que tengas que fantasear con ideas irreales e utópicas. Has de tener claro que el éxito no pasa de la noche a la mañana. Necesita tiempo, necesita dedicación, necesita planificación y necesita equivocaciones. Recuerda que empezar de cero significa encontrar obstáculos por el camino. No te vengas abajo cada vez que se te presente un problema y céntrate en las posibles soluciones. Cada bache que superes es una nueva herramienta que habrás aprendido.

Y, ahora, a trabajar, a poner en práctica todo aquello que navega en tu mente. Seguro que en muchos momentos sentirás miedo, duda e incertidumbre, es normal y lógico sentir temor ante lo desconocido o nuevo. Resiste y aguanta, resiste y supera, resiste y, si no funciona, resiste y vuelve a empezar, porque la vida es muy larga y tenemos tiempo para soñar muchas veces.

¿Cuál es tu sueño?

 

Vani G. Leal

Psicóloga

Inteligencia Emocional de lunes a domingo. Descarga gratuita en Bookboon

 

El poderoso y gigante ESTRÉS Una mini guía de combate

El poderoso y gigante ESTRÉS Una mini guía de combate

Estrés: nos levantamos por la mañana con el pito en el culo. Desayunamos cualquier cosa rápida que nos permita salir corriendo de casa o nos comemos algo de camino al trabajo. Compatibilizamos una jornada laboral con los quehaceres de la casa, la compra, los niños, las obligaciones familiares, los recados, la pareja, las relaciones sociales, las responsabilidades…

Perseguimos la felicidad, el equilibrio, el bienestar, pero no tenemos tiempo de ocuparnos de eso, estamos demasiado atareados con la inercia de la vida.

Hablemos de lo que supone el estrés ¿Cómo nos afecta?

  • Estamos de mal humor, serios y enfadados.
  • Nos sentimos agotados.
  • Todo obstáculo, por pequeño que sea, nos desanima.
  • Se nos debilita el sistema inmunológico.
  • Estamos más expuestos a comer, jugar, beber o fumar más de la cuenta.
  • Dormimos mal y nos despertamos más a menudo.
  • Nos sentimos nerviosos, agitados y ansiosos.

Pues eso es el estrés. Una nube gris que nos deja más vulnerables y nos complica todavía más la vida. Pero es lo que hay, así es la vida y no se detiene por nadie ni por nada.

Si quieres ser un poco más feliz has de adaptarte. Has de aprender a salir de vez en cuando de la inercia y descansar, reír, desconectar y cargar pilas.

Hay personas que no le dan importancia. Hay personas que piensan que no es algo determinante ni limitante, pero se equivocan. El es estrés es muy poderoso, tan poderoso que lleva a muchas personas ,que ni si quiera lo saben, a sentirse infelices.

¿Qué podemos hacer para combatirlo?

  • Una vez a la semana, como mínimo, encuentra dos o tres horas para ti. Una mañana, una tarde o una noche a la semana ha de ser tu pequeño oasis. Salir a tomar el sol, leer un libro quedar para un café, dormir…Nadie mejor que tu se conoce y sabe que cosas echas de menos hacer. HAZLAS.

Puedes excusarte en la falta de tiempo, pero si dejas de lado tu espacio, más adelante te arrepentirás de no haber perdido tres horas de tu tiempo. La felicidad no se instala en nuestra vida por arte de magia. Si quieres tenerla o mantenerla, pierde el tiempo ganando tiempo para ti mismo.

  • Busca aficiones. Solo o acompañado. Con amigos o con tu familia. Utiliza tu tiempo libre para desarrollar y potenciar alguna actividad divertida. Excursiones, deporte, pintura, cantar, hacer ganchillo o hacer pulseritas. Da igual lo que sea mientras te guste y te haga pasar un día divertido y alegre.
  • Deja de preocuparte por todo y ocúpate de las cosas cuando sucedan. Y si, y si y si…es un término que nos predispone a esperar siempre lo peor.

Todo el tiempo que inviertes en estar preocupado, es tiempo que tiras a la basura. Te preocupes o no las cosas que no están en tu mano pueden suceder igual. No podemos controlar todo lo que pasa a nuestro alrededor pero si podemos ocuparnos, a tiempo real, de las cosas cuando pasen. No puedes solucionar lo que pasará dentro de un mes o dentro de un año, pero puedes solucionar lo que te pasa hoy.

Si evitas estar todo el tiempo preocupado, ganarás en concentración, efectividad y tranquilidad. Además de estar de mejor humor. Porque las preocupaciones, no nos engañemos, nos agrían el carácter.

Y no estoy diciendo que haya que vivir sin estar preparado para los obstáculos que puedan venir. Pero hay una gran diferencia entre ser y estar prevenido a ser y estar preocupado.

  • Organízate mejor, así de simple. Revisa tu horario, tus horas disponibles, tus obligaciones y tus quehaceres y vuelve a organizarte para que puedas disponer de más tiempo libre o ir más relajado.

Pregúntate:

¿Cuáles son mis prioridades, hacerlo todo y estresarme o hacer menos y estar más tranquilo?

Si tu respuesta es estar más tranquilo, pregúntate: ¿Qué puedo dejar de hacer o que puedo hacer de forma diferente que me permita ir con más calma en mi día a día?

Saber organizarse bien no es una tarea fácil para mucha gente. Hay quien tiene la suerte de tener un cerebro organizado y práctico, pero la mayoría de los mortales solemos hacer las cosas de forma atropellada y desorganizada. Así que haz una lista de tus tareas, hazte un horario y organiza tu semana de forma más efectiva.

  • Ten charlas sinceras con personas adecuadas. No es fácil encontrar personas que te escuchen sin juzgarte, que no quieran aconsejarte o que no intenten convencerte de lo que te conviene, pero las hay.

La finalidad de tener una charla sincera y transparente con alguien es para que puedas escuchar en voz alta las cosas que te rondan por la cabeza, relativizarlas y desahogarte un poco. Quejarse y tener una pequeña pataleta de vez en cuando ayuda a aligerar la mochila. Ayuda a sacar fuera lo que llevamos dentro.

Como ves, no te estoy diciendo que hagas nada del otro mundo. Te pido que te organices un poco mejor, que te tomes tiempo para ti, que tengas aficiones, que te ocupes de los problemas y que charles con personas de confianza.

Pero no te engañes, son cosas muy simples de hacer pero nada fáciles de llevar a cabo. Hay que tener determinación, estar motivado, darle la importancia que merece y por último hacerlo.

La buena noticia es que solo depende de ti, única y exclusivamente de ti, y eso es una gran suerte.

¿Pondrás excusas?¿Dirás que son tonterías?¿Lo intentarás una semana y después te olvidarás?

Ser feliz es una tarea compleja y complicada porque La vida nunca lo pone fácil, demasiadas cosas que pensar, demasiadas cosas que hacer. No, no es fácil ser feliz, así que no te lo compliques más estresándote por la vida misma. Si le das a la tranquilidad la importancia que merece, te darás cuenta de que el estrés es solo un mensaje de tu cuerpo y de tu mente para que te pares a divertirte más a menudo.

Vani G. Leal
Psicóloga

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Hablemos de la muerte hablando de la vida Aprovecha el momento, Carpe Diem.

Hablemos de la muerte hablando de la vida Aprovecha el momento, Carpe Diem.

Qué poco hablamos de la muerte siendo algo tan presente y natural. Supongo que nadie quiere pensar en algo que duele y asusta tanto, pero que no lo queramos pensar no significa que no vaya a suceder.

Nunca estamos preparados para decir adiós a un ser querido. Y no estamos preparados porque es algo a lo que no nos acostumbramos por muy normal que sea.

Pero, una vez que ha sucedido, una vez que ya se ha ido alguien importante para nosotros, ¿cómo podemos superarlo? ¿Cómo podemos llevar el duelo?

Lo primero que has de saber es que no hay una forma concreta de llevar el duelo. Dependiendo del tipo de personalidad, creencias, valores, entorno… cada persona sentirá, reaccionará y lo asumirá de forma muy distinta.

Dolor, pena, rabia, frustración, soledad, tristeza… son algunas de las emociones que se apoderarán de nosotros durante algún tiempo. ¿En qué orden y con qué intensidad? Pues depende de las circunstancias, depende del momento y depende de la persona que se haya ido. Pero lo que debes tener claro es que no son emociones que puedas eludir o bloquear porque son necesarias para llegar a la aceptación.

Si has de llorar llora hasta vaciarte, si has de enfadarte y gritar, enfádate y grita lo que necesites, si has de dormir y descansar, duerme todo lo que puedas, si has de hablar sobre lo que sientes, háblalo hasta quedarte sin voz y si lo que quieres es no hablar de nada, no hables de nada.

Hay personas que necesitarán unas semanas para asumir lo que ha pasado, otras algunos meses y otras necesitarán años. ¿Se supera? bueno, la verdad es que se asume, más que se supera. Sobre todo cuando son muertes inesperadas o trágicas, como puede ser la muerte de un hijo.

Por desgracia no todas las personas tienen la misma facilidad para saber lo que necesitan. Habrá que necesiten hablar pero ni si quiera lo sepan o no sepan cómo hacerlo y habrá que necesiten llorar pero no se lo permitan a sí mismas. Lo siento, poco podemos hacer ante eso.

El duelo es un camino personal e intransferible y respetarlo es importante, aunque sea complicado. A veces queremos ayudar a nuestros seres queridos pero no entendemos las reacciones que tienen y les apretamos para que actúen como lo haríamos nosotros. Pero olvidas que ellos no son tu. No tienen tu personalidad, ni tus herramientas, ni tus creencias…tienen las suyas. Respeta ese espacio y respeta esa diferencia y si quieres ayudar acércate por si te necesitan, expresa tus sentimientos y espera a ver si hacen lo mismo o pregúntales qué clase de ayuda necesitan. Porque no todos necesitamos lo mismo para superar un duelo.

Pero hablemos de la vida…

Si algo nos enseña la muerte es que estamos vivos y, eso significa, que aun tenemos tiempo para cumplir nuestros sueños y cambiar o mejorar todo aquello que nos preocupe.

Hay personas que después de una muerte sienten el impulso de correr riesgos, de cambiar de vida o de cometer locuras. Bueno, es una opción, aunque suele ser un lapsus temporal producto de las emociones que has sentido y por eso con el tiempo se vuelve a la normalidad.

Pero ese primer impulso es maravilloso en realidad. Cuando muere alguien lo primero que pensamos es que la vida tiene fecha de caducidad y pensamos que hay que ponerse las pilas.

Y es verdad, hay que ponerse las pilas…

  • Has de valorar lo que tienes y si no te gusta, corregirlo o cambiarlo.
  • Has de evaluar tus prioridades porque a veces perdemos mucho tiempo en cosas que al final no son tan importantes.
  • Has de repasar las personas que tienes en tu vida y ajustar las relaciones para que sean lo más equilibradas posible.
  • Has de solucionar todo lo que creas tener pendiente.
  • Has de preguntarte cómo quieres que sea tu vida y si estás haciendo lo necesario para conseguirlo.
  • Has de decir a las personas que quieres que son importantes para ti.

La muerte no suele tener nada de bueno, pero puede tenerlo si conviertes esa tristeza del que se va por la alegría de los que si están. Si conviertes la rabia o el enfado por empuje y fuerza hacia tus sueños. Si conviertes el dolor del vacío por recuerdos que se quedan contigo.

No, no tiene nada de bueno la muerte, pero la vida sí que lo tiene. Y tú estás vivo. Así que como dijo Horacio, poeta romano, aprovecha el momento, CARPE DIEM.

 

Vani G. Leal

Psicóloga

 

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¿Sientes que vas a morder a alguien? El mal humor que nos amarga la vida

¿Sientes que vas a morder a alguien? El mal humor que nos amarga la vida

Hay muchos motivos por los cuales las personas nos ponemos de mal humor, pero tres son los motivos principales: Estar preocupado, sentirse frustrado y estar enfadado.

La verdad es que es un estado emocional habitual y hasta cierto punto sano. Estar de mal humor es la descarga emocional que nos ayuda a sacar para fuera lo que nos corroe por dentro. Pero, y siempre hay un pero, es que si lo alargas o lo expresas con demasiada intensidad, las consecuencias no se hacen esperar.

¿Cómo actuamos cuando estamos de mal humor?

Ofendemos a los demás, les hablamos mal, decimos cosas que no vienen a cuento, tenemos contestaciones bruscas y secas, levantamos la voz, lo vemos todo negativo…

Consecuencias: Nos peleamos, hacemos daño, nos sentimos nerviosos y alterados, no pensamos con claridad, tomamos malas decisiones…

Como ves, no sale nada bueno de ello. Pero podemos sacarle partido y ponerle remedio.

El mal humor es una emoción, y como tal, tiene su cometido. Tu mal humor es un mensaje directo a ti mismo de que algo no anda bien. Te avisa de que hay algo que debes solucionar.

Vamos a excluir de aquí el mal humor de situaciones puntuales en nuestro día a día. Está claro que no es excusa para vomitar a los demás nuestro estado emocional, pero somos humanos y hemos de aceptar que todos tenemos pequeños momentos de alteración. No es personal, no van dirigidos a dañar a nadie, son solo explosiones puntuales producto de nuestra poca tolerancia a algunas situaciones como levantarnos muy temprano, tener hambre, estar muy cansado, tener sueño, etc.

Está claro que no podemos evitar estar de mal humor cuando estamos preocupados, frustrados o enfadados, pero podemos evitar que se prolongue, podemos disculparnos y detenerlo a tiempo y podemos corregir lo que nos sucede.

¿Qué podemos hacer para combatirlo?

  • En primer lugar hazte unas cuantas preguntas en el momento en que seas consciente de tu mal humor, ya sea porque lo reconozcas o ya sea porque alguien te lo diga.

¿Desde cuándo estoy de mal humor? ¿Ha sido un momento puntual, como el mal humor matutino o llevo días en este estado?

¿Ha pasado algo a mi alrededor que pueda haberme afectado?

¿Estoy pagando con los demás lo que me sucede a mi?

¿Qué está en mi mano hacer para cambiar mi preocupación, mi frustración o mi enfado?

Y si no está en mi mano, ¿qué puedo hacer para sentirme mejor?

  • En segundo lugar aprende a disculparte cuando te hayas excedido en tu mal humor. No pasa nada, todos nos equivocamos, todos pagamos con los demás nuestros problemas, pero una disculpa a tiempo te ayudará a hacerte responsable de lo que te sucede y también te ayudará a relacionarte mejor con los demás.

A veces por orgullo, por no mostrar debilidad, por miedo a enfrentarnos a la situación, hacemos como si nada y dejamos que los demás soporten nuestra carga. No lo hagas, no quites importancia a tu actitud solo porque te conviene. Disculparse es una actitud valiente y honesta, no siempre es fácil, pero hacerlo te permite crecer, te permite cambiar y te permite corregir.

  • Y en tercer lugar, haz algo con lo que te sucede. Si te has hecho preguntas, si has hecho autocrítica y has escuchado el mensaje de tu emoción, ya sabrás que te pasa y por qué estás de mal humor. Haz algo, así de simple. Ponte manos a la obra con lo que esté en tu mano hacer. Sin excusas, sin justificaciones, sin lamentos. Ponte a trabajar en el problema y cambia las cosas porque las cosas no cambian solas.

No te puedo indicar que cosas hacer para solucionar lo que te sucede porque yo no sé qué te sucede. Pero tú si lo sabes, tú si tienes toda la información que te hace falta para arreglar el problema. Y, si crees que no lo sabes o no encuentras la manera de hacerlo, pide ayuda. Puedes hablar con personas de confianza, puedes ir a un psicólogo o puedes buscar libros que te orienten, pero no te quedes parado. Es mejor que lo intentes, aunque no lo consigas, a que te quedes inmóvil mirando a otro lado.

No es nada fácil enfrentarse a uno mismo, pero recuerda que es más fácil arreglar las situaciones que vivir siendo esclavo de tu mal humor.

 

Vani G. Leal
Psicóloga

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Todos tenemos un lado oscuro. ¿Cual es el tuyo? Aceptarte hoy es el primer paso para ser mejor mañana

Todos tenemos un lado oscuro. ¿Cual es el tuyo? Aceptarte hoy es el primer paso para ser mejor mañana

Decir cosas que no piensas, hablar más de la cuenta, enfadarte con alguien que no tiene la culpa, juzgar sin conocer, comportarte mal con alguien, mentir por miedo, sentir celos, ocultar tus errores, aparentar ser quien no eres, exagerar tus cualidades, disimular tus defectos, hablar a las espaldas, traicionar…

Todos, y todos es todo el mundo, pasamos por estados o comportamientos parecidos a lo largo de la vida. En diferentes momentos, en diferentes situaciones o con distinta intensidad, todos cruzamos alguna vez la línea de hacer, sentir o pensar aquello que no nos gusta en los demás.

Pocas personas admiten sus debilidades o sus defectos, la mayoría tiende a esconder la parte imperfecta, la parte, en realidad, más humana que tenemos.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué no hablamos abiertamente de nuestros miedos, nuestros errores o nuestros defectos?

¿Qué opinarán de mi? ¿Qué dirán si digo que tengo celos, miedo o inseguridad? ¿Qué pensarán si ven que me equivoco? ¿ Qué pasará si averiguan que he mentido, que he exagerado o que he hablado mal de alguien?

Pues pensarán que eres humano, pensarán que no tienes la verdad absoluta y pensarán que te equivocas. Pero, ¿acaso no es cierto?

Es verdad que habrá un cierto tipo de personas que se regocijarán en tu error, que se reirán o se aprovecharán de la situación pero no son la mayoría y, en todo caso, descubrirás que tipo de persona tienes delante.

Mostrar al mundo solo tu cara más maravillosa, es ocultar una parte muy esencial de ti mismo. Es decirle al mundo que eres perfecto y que estás por encima de todo. Algo que todos sabemos que no es cierto, porque no es factible ni es real.

Todos la cagamos, todos nos equivocamos, todos cometemos errores, todos nos comportamos mal en algún determinado momento. ¿Puedes negarlo? No, no puedes y no puedes porque todos somos conocedores de una verdad aplastante que nos empeñamos en disfrazar. Una verdad simple pero directa: NO PODEMOS SER PERFECTOS.

Y si sabes esta verdad, ¿por qué finges? ¿Por qué disimulas? ¿Por qué ocultas? ¿Por qué aparentas?

¿Qué tiene de malo decirle al mundo que no tienes todas las respuestas? ¿Qué tiene de malo decirle al mundo que te has equivocado? ¿Qué tiene de malo decirle al mundo que también eres tu parte más oscura?

¿Y si compruebas que sucede cuando compartes tu zona tenebrosa? ¿Y si la próxima vez que sientas miedo, celos o inseguridad, lo compartes como si fuera lo más normal y natural del mundo? ¿Y si reconoces abiertamente que la has cagado? ¿Qué puede pasar?

Que sientas un poco de vergüenza, que sientas liberación, que compartas quien eres, que estreches lazos, que sientas tranquilidad, que resuelvas la situación, que deje de tener importancia, que soluciones un conflicto…

Pueden pasar muchas y variadas cosas, pero sobre todo pasará algo muy importante, que te enfrentarás a ti mismo y, por lo tanto, ganarás en seguridad y confianza.

Al contrario de lo que piensa la mayoría, ser transparente y hablar abiertamente de tus errores te hace más fuerte y no más débil. Si tú eres quién admite, acepta y se enfrenta a tus comportamientos menos buenos, te responsabilizas y, en consecuencia, tienes la posibilidad de cambiar las cosas para la próxima vez.

Nadie es perfecto porque nadie nace sabiendo. Lo que hacemos con las experiencias que vivimos es lo que determinará nuestra propia evolución. Así que, a partir de ahora, cada vez que pretendas esconder tu pequeño monstruo recuerda que no es tan fiero ni tan oscuro como lo pintas y que, si eres capaz de enseñar al mundo tu cara menos buena, empezarás a pintar de colores, al monstruo que antes veías como negro.

 

Vani G. Leal
Psicóloga

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