Y tú: ¿confías o desconfías de los demás? Actitudes ante los obstáculos

Y tú: ¿confías o desconfías de los demás? Actitudes ante los obstáculos

Confiar o no confiar, he ahí la cuestión.

Cuantas veces habré escuchado que desconfiar protege y evita que te hagan daño, y yo pregunto:  ¿si desconfías y te proteges nunca deben haberte hecho daño? La respuesta siempre es la misma: sí, me lo han hecho igual.

Pues claro que te han hecho daño igual porque en las relaciones humanas, herirnos unos a otros, es algo inevitable.

Y, inevitable es inevitable por una simple y sencilla razón: no siempre coinciden nuestras necesidades ni siempre coinciden nuestras prioridades y cuando eso sucede chocamos.

¿Es mejor confiar a ciegas? Pues tampoco, porque es ingenuo pensar que todas las personas van a ser buenas, honestas y maravillosas contigo, sobre todo teniendo en cuenta que somos egocéntricos por naturaleza y que todos barremos para casa.

Entonces que es mejor, ¿confiar o desconfiar?

Ni una cosa ni la otra, lo más equilibrado y positivo es crear una historia que se va redactando a medida que van sucediendo los días. Lo mejor es una hoja en blanco para cada nueva persona y no pagar con unos lo que te han hecho otros.

¿Es justo que desconfíes de todas tus parejas porque una te fue infiel?

¿Es justo que desconfíes de todas las personas porque te sentiste traicionada por algunas?

¿Es justo que desconfíes de todas las personas porque a lo largo de tu vida algunas te han hecho daño?

Desconfiar tiene un precio muy alto, el precio de la intranquilidad, el precio del miedo, el precio de la tensión, el precio de estar continuamente alerta por si pasa algo.

A ver, es evidente que si alguien que te hiere una vez y otra y otra, es fácil que haya una cuarta vez, por lo tanto más que desconfiar, lo ideal es alejarse porque a la vista está que hay algo que entra en continuo conflicto, pero de ahí a desconfiar sistemáticamente de los demás hay un abismo de diferencia.

¿Puedes confiar más en unas personas que en otras? Lógicamente sí, por norma general alguien que te quiere intentará no herirte, pero eso no significa que siempre lo consiga. Sin querer muchas veces hacemos daño a personas que queremos y ,de la misma forma, sin querer nos hacen daño a nosotros las personas que queremos.

La desconfianza es un mecanismo de defensa, una forma de creer que estamos más a salvo, pero es una creencia irreal porque nunca estamos a salvo de los conflictos.

  1. Los conflictos son inevitables

Yo quiero una cosa y tu quieres otra, no es personal, es que queremos cosas distintas y los dos tenemos el derecho a necesitar lo que necesitamos.

  1. Los conflictos son inevitables

Solo tú eres responsable de tus propias expectativas, que alguien no las cumpla no lo hace culpable.

  1. Los conflictos son inevitables

Sin dificultades, sin desavenencias, sin obstáculos las relaciones se quedarían estancadas. Los conflictos son también oportunidades para conocerse mejor, establecer límites o simplemente para encontrar soluciones intermedias.

  1. Los conflictos son inevitables

Todos pagamos las decisiones de los demás. A veces para bien, a veces para mal.

  1. Los conflictos son inevitables

Las personas cambiamos mucho a lo largo de los años y en ocasiones los cambios nos unen y  otras veces nos separan.

¿Qué podemos hacer?

Relajarnos y ser nosotros mismos y construir relaciones en base a la experiencia que vayamos teniendo con las personas.

Y si sientes que alguien te traiciona, te decepciona o te hiere, ocúpate de averiguar el motivo, ocúpate de resolver el conflicto u ocúpate de alejarlo de tu vida, pero no te digas a ti mismo que todo el mundo es igual o que no se puede confiar en los demás porque no te haces ningún favor, todo lo contrario, consigues una coraza, un muro lleno de miedo que tampoco te salvará de futuras heridas.

Te guste o no, quieras o no, la decepción, la desilusión, el conflicto forman parte de la convivencia y puedes aceptarlo y asumirlo como algo natural de las relaciones o puedes encerrarte en el miedo y desconfiar. La decisión es cosa tuya, tú decides la actitud que tomas ante los obstáculos, pero si quieres vivir de forma relajada y tranquila, la desconfianza nunca es el camino.

Vani G. Leal, Psicóloga

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¿Qué es la nutrición empática? La psicología de la alimentación

¿Qué es la nutrición empática? La psicología de la alimentación

Hoy hablaré de una corriente que crece como la espuma  y, aunque a priori, no tiene nada que ver con la psicología, al final todo está en la mente y, por lo tanto, todo es psicología (o es lo que yo me digo para opinar sobre todo aquello que me parece reflexivamente importante).

Vegetarianos, veganos, frugívoros, frutarianos… Ahora son muchos los que se alzan contra un sistema que prioriza la proteína animal, la industria cárnica o el alimento procesado.

¿Es una moda o es que de verdad empezamos a concienciarnos de que no podemos utilizar   los animales a nuestro antojo?

Yo soy omnívora, la verdad, y como de todo, pero desde hace algunos años no he podido ignorar todas las barbaridades que se cometen en nombre de los hogares para que tengamos mañana, tarde y noche productos de origen animal en la despensa.

Pero, reflexionemos un poco:

Somos nietos de generaciones de postguerra (hace 100 años había guerra sí o sí en cualquier parte del mundo y, por desgracia, sigue habiendo muchas, aunque nos queden geográficamente más lejos).

¿Qué quiere decir? Pues que las abuelas, que vivieron hambre y pobreza en su infancia, crecieron con la mentalidad de que comer carne o pescado a diario es sano, que beber un litro de leche al día es lo mejor y que, a poder ser, hay que reventar en cada comida.  Una mentalidad normal teniendo en cuenta que la mayoría contemplaban un buen guiso de carne de uvas a brevas (la escasez en la niñez crea adultos excesivos).

El mundo lo mueve el dinero y el alimento animal mueve tanto que nadie quiere soltar a la gallina de los huevos de oro.

También normal porque, a pesar de que son los magnates los que más se aprovechan de nuestra ignorancia alimenticia, son millones de personas las que viven de ello y nadie quiere ver su puesto de trabajo en peligro.

Lo que no se ve no existe y en un mundo donde la manipulación mediática está cada vez más monopolizada por el poder político y económico, es fácil que obviemos la realidad.

Una realidad que mata a millones de animales o, mejor dicho, que crea vidas animales para tenerlos torturados, mal alimentados, sufriendo y en condiciones que, probablemente, si lo vieras, se te pondrían los pelos de punta.

Sí, los pelos de punta al ver como gritan de dolor y pena las vacas cuando les quitan una y otra vez a sus crías.

Sí, los pelos de punta al ver como tienen a los lechones, bebés cerditos, para que tú te los comas con una manzana en la boca (pequeñines no gracias, debes dejarlos crecer).

Sí, los pelos de punta si vieras a las gallinas en jaulas, comiendo día y noche para que tú tengas miles de huevos que escoger en tu estante del supermercado.

Y ya no hablemos de los pelos de punta si vieras los experimentos que algunas compañías hacen para que tu pintalabios, desodorante o champú del pelo, sea tan suave como el culito de un bebé.

Y no sigo porque se me pone un nudo en el estómago al pensar lo salvajes que somos.

Pero bueno, los humanos somos capaces de atrocidades con otros humanos, que no haremos con otras especies.

Los animales sienten, sufren y padecen los mismo que tú, exactamente de la misma manera.

Lo sabe toda persona que ha tenido algún animal de compañía en casa, bueno, lo sabe quien los ha querido, porque tener, tienen animales muchos descerebrados.

Y no me vale el argumento de la cadena alimenticia ni el ciclo de la vida, porque ya quisiera el animal de granja industrial, tener una vida libre y un día ser devorado por otro animal. Eso es el ciclo de la vida y no lo que hacemos nosotros, esclavizarlos para ser servidos al instante en cualquier lugar del mapa.

Son necesarias las modas ecológicas, los movimientos verdes, las corrientes animalistas porque, aunque no equilibren la balanza, hacen que mires otras formas y alternativas de entender el mundo y eso siempre es algo muy positivo.

No, yo no soy vegana, ni si quiera soy vegetariana, sigo siendo omnívora y como de todo y variado, pero sí me he convertido en una omnívora consciente y empática, que tiene en cuenta que, por cada litro de leche que se bebe, hay un animal padeciendo por mi exagerada glotonería.

No es gran cosa seguramente, pero si todos fuésemos responsables de lo que comemos y entendiéramos que no hace falta atiborrarse de animales, podríamos conseguir un mundo mucho más humano, porque una de las cosas que determina una evolución positiva es como tratamos nuestro ecosistema. Y nuestro ecosistema son las montañas, los mares, la flora y, por supuesto, la fauna, y lo extinguimos, lo destruimos, lo arrasamos y lo esclavizamos como si fuera nuestro, cuando en realidad somos parte del sistema, pero no sus dueños.

Imaginaos lo narcisistas y egocéntricos que somos cuando nos da igual lo que provoquemos mientras tengamos en nuestro plato el manjar que nos apetezca en cada momento.

Y, por favor, tampoco me vale el argumento de que “todo es así”, “qué le vamos a hacer” o “qué podemos hacer nosotros”. Eso es un argumento pésimo, infantil e inmaduro. El pueblo, aunque lo ignore a menudo, tiene el poder más grande que existe, la fuerza  y con fuerza no me refiero a violencia, luchas o revueltas, con fuerza me refiero a presión. Porque quizás solo un 1 % de la población mundial sea la que dirige el mundo, pero el 99%, nosotros, somos los que movemos su dinero. Tenemos la fuerza de elegir hacia dónde va nuestro dinero y te aseguro que si tu dinero se va a un sector ecológico, responsable y equilibrado, ese uno por ciento que nos domina, tendrá que adaptarse a ese cambio si no quieren ver peligrar su enorme y magnífica economía.

Así que, hazte omnívoro responsable y súmate al cambio porque, si todos hiciéramos lo mismo, el mundo, inevitablemente, sería un lugar mejor.

Aquí os dejo algunas ideas por si queréis sumaros a la nutrición empática, esta nueva corriente que tanto bien nos puede hacer a todos:

  • Comprar huevos del número 0 o 1 (si de verdad quieres sumar infórmate de dónde encontrarlos).
  • De cada tres cartones de leche compra uno de avena, soja o arroz.
  • Reduce un poco el consumo de carne, la OMS recomienda entre 350 y 500 gramos de carne a la semana (Calcula si no te pasas un poco entre chuletones y muslos de pollo).
  • Tener un día a la semana vegano y comer, probar, experimentar o simplemente divertirte comiendo otro tipo de sabores y alimentos, como el jueves vegano en Bélgica o el martes vegano en Brasil.
  • Ser vegetariano o vegano hasta las 18 de la tarde.
  • No consumir productos que experimenten con animales.

 

Vani G. Leal, Psicóloga.

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¿Por qué somos tan rencorosos? Emociones negativas

¿Por qué somos tan rencorosos? Emociones negativas

Somos rencorosos porque no podemos o no sabemos perdonar a alguien que nos ha hecho daño.

“Yo perdono, pero no olvido” , nadie olvida, porque no se trata de olvidar, ni hace falta que lo hagas, solo hace falta que perdones y pases página.

¿Y por qué no podemos perdonar? porque normalmente vemos mala intención en las cosas que nos hacen.

No podemos perdonar que alguien nos haya hablado mal o que haya dicho algo de nosotros inapropiado. No podemos perdonar que nos hayan sido infieles. No podemos perdonar que nos hayan dejado de lado. No podemos perdonar desplantes o desencuentros.

No podemos perdonar porque a menudo ponemos un carácter personal a la situación (a mí, me lo han hecho a mí).

Sí, por supuesto que te lo han hecho a ti ¿pero crees que en verdad buscaban hacerte daño?

Vamos a ir todavía más lejos, incluso alguien que te ha sido infiel, incluso alguien que haya dicho de ti cosas muy inapropiadas ¿crees que lo hace a propósito, para herirte en lo más hondo?   Tal vez simplemente actuaron mal, en un mal momento, en una mala situación.

Pocas personas se levantan por la mañana con la idea de herirte, las habrá, claro que sí, pero son la minoría. La mayoría de personas vive sumida en su propio mundo, con toda la mierda que eso conlleva, y presta poca atención a las consecuencias de sus comportamientos. Somos egocéntricos por naturaleza y nos cuesta ser conscientes de lo que salpicamos a los demás con nuestros actos.

No podemos perdonar porque no entendemos cómo alguien a quien queremos o confiamos nos haga daño. Pero lo siento, el efecto colateral de convivir con personas es inevitable. Tú también dañas a otros y a veces ni siquiera te das cuenta.

El rencor es un sentimiento muy negativo, porque nos ciega y no nos permite pensar con claridad ni ser objetivos. El rencor es una maquina emocional de destrucción, un pozo negro y oscuro que te daña más a ti que a la otra persona.

Y claro que hay que ser precavidos, claro que hay que tener presente lo sucedido, pero estar atento es una cosa y guardar rencor otra muy distinta.

¿Te molesta y te enfada casi todo lo que hace esa persona?

¿Ves es todas sus actitudes algo maquiavélico, falso o con intencionalidad?

¿Sientes rabia al pensar en la situación o en la persona?

¿No puedes evitar soltar indirectas o repetir continuamente lo que te hizo?

Que tus respuestas te lleven a la conclusión…

¿Qué podemos hacer para dejar de sentir rencor?

Entender que es la personalidad, las necesidades o las prioridades las que entran en conflicto y no nosotros como personas. No siempre somos compatibles, no siempre pensamos igual, no siempre hacemos lo que es mejor para los otros, no siempre tenemos en cuenta a los demás, no siempre pasamos por el mismo momento, no siempre somos conscientes de los resultados…

Hacemos y decimos cosas que repercuten en otros y otros hacen y dicen cosas que repercuten en nosotros. Se llama convivencia y se llama relacionarse.

Tampoco estoy diciendo que decidas hacer como si nada. Si de verdad es alguien que te hace daño continuamente, replantéate la relación y, si es necesario, pon agua de por medio. Pero sin rencor, sin odio, solo con la firme convicción de que es alguien que no te conviene o no te aporta nada positivo.

Pero si decides perdonar, si prefieres pasar página porque en realidad es alguien importante, no vivas anclado en el pasado y asume con equilibrio vuestras diferencias, porque en las relaciones los momentos incómodos, las desavenencias, las decepciones o las peleas son una forma muy sana de madurar, en cambio el rencor, nunca ha ayudado a madurar a nadie.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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¿Acaso tú no te equivocas? Juicios y prejuicios

¿Acaso tú no te equivocas? Juicios y prejuicios

Nos resulta muy fácil ser duros con los comportamientos de los demás. Criticar, prejuzgar, menospreciar o reprochar son algunas de las actitudes que tenemos con las personas de forma ligera y altiva, como si nosotros no nos equivocáramos a menudo, como si nosotros nunca cometiéramos fallos, como si nosotros no la cagáramos también continuamente.

Lo primero que debemos intentar es hacer un ejercicio de  reflexión y autocrítica.

¿Cuántas veces te has equivocado? Seguramente muchas, muchísimas, porque no somos perfectos, ni nacemos enseñados.

¿Por qué te equivocaste? Seguramente porque no supiste hacerlo mejor, porque nadie se equivoca por gusto o expresamente.

¿Te gusta que te juzguen por tus errores? ¿Te gusta que te critiquen sin saber lo que hay detrás de tu conducta? Entonces, ¿por qué lo haces tú?

Seguro que ahora piensas que tú no lo haces, que tú intentas no juzgar a los demás, pero  si te observas unos días, te darás cuenta de la cantidad de veces que hablas de forma tajante y dura con los comportamientos de otros.

  • Va de duro por la vida, es un chulo…
  • No se le puede decir nada, es una histérica…
  • Le ha puesto los cuernos, es un cerdo…
  • Siempre está de mal humor, seguro que no folla…
  • Nunca dice lo que piensa, es un falso…

Y sí, una parte es normal, porque vivimos en comunidad y observar y catalogar a la personas que tenemos alrededor nos ayuda a situarnos, a comparar, a valorar, a elegir mejor dónde y con quien queremos estar, pero de ahí a convertirnos en jueces morales de los demás hay un enorme abismo de diferencia.

¿Por qué nos cuesta entender a los demás?

Pues porque los demás no somos nosotros. No tienen nuestra personalidad, tienen la suya, ni tienen nuestros valores, tienen los suyos, no tienen nuestros pensamientos, ni nuestras necesidades, sino que tienen las suyas.

Si ya es difícil entenderse a uno mismo, entender a otros resulta dificilísimo.

Ahora bien, ¿has de entenderlo todo para no criticarlo?

No, claro que no, que no entiendas por qué alguien hace algo, aunque tú no lo compartas en absoluto, no te da derecho a juzgarlo. Y no te da derecho por una simple razón, no tienes ni idea de lo que hay detrás.

Puedes opinar, por supuesto, somos animales sociales y necesitamos compartir opiniones. Pero, por favor, opiniones constructivas, opiniones con algo de mimo, opiniones con un poco de sentido positivo.  

Detrás de cada persona hay una historia cargada de experiencias, de dudas, de infancia. Detrás de cada persona hay una mochila repleta de errores, de inseguridades, de complejos. Detrás de cada persona hay un ser pequeñito y vulnerable que lucha por sobrevivir de la mejor forma posible. Y es por eso, cuando hablamos sin saber, cuando nos llenamos la boca de juicios, que estamos obviando lo más importante, obviamos que detrás de ese comportamiento hay alguien que hace lo que puede y que, si a tus ojos no es lo adecuado, recuerda las veces que tú no has hecho lo adecuado para los demás y, sin embargo, has hecho lo que creías mejor o lo que podías hacer en ese momento.

Empatía, esa es la herramienta que tanto necesitamos para no ser tan ogros con los demás. Empatía para respetar un comportamiento a pesar de no entenderlo o de no compartirlo, empatía incluso para respetar una conducta que nos afecte directamente.

Y es ahí, en la empatía, donde empezaremos a cambiar nuestra forma tan arrogante de juzgar a los demás, porque nos daremos cuenta de algo que pocas veces tenemos en cuenta y es que, a pesar de las diferencias, todos en algún momento cometemos errores parecidos.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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¿Eres una persona profunda o superficial? Reiniciando los conceptos

¿Eres una persona profunda o superficial? Reiniciando los conceptos

Hoy hablaremos de dos etiquetas que utilizamos con mucha frecuencia a la hora de catalogar a alguien: profundo y superficial. Es normal utilizarla, el problema es que lleva consigo un calificativo de bueno, malo, mejor o peor que no nos ayuda en el camino de la objetividad y el juicio justo.

¿Es mejor ser profundo o ser superficial? Pues la verdad es que las dos características tienen ventajas y desventajas, pero ni mejor ni peor, simplemente dos temperamentos distintos.

Las personas profundas son inteligentes y las personas superficiales tontas. Pues no, ni una cosa ni la otra.

Siempre nos empeñamos en catalogarlo todo en puntos opuestos, como si fuera información en forma de verdad absoluta. Absolutismo: Distorsión cognitiva

No confundamos la forma con el fondo, porque la inteligencia va mucho más allá de lo que tenemos etiquetado.

  • Le gusta leer es profundo, le gustan los coches es superficial.
  • Le gustan los documentales es profundo, le gusta la tele basura es superficial.
  • Le gusta la política es profundo, le gusta la moda es superficial.
  • Le gusta vestir seria es profunda, le gusta vestir escotada es superficial.

A esto se le llaman tópicos y los tópicos encierran mucha ignorancia y poca reflexión.

Por supuesto que las personas profundas tienen cosas en común, al igual que lo tienen las personas nerviosas o las personas viscerales. La gente profunda suele ser más precavida, controladora, ensimismada, introvertida…

Pero digo suele porque es una mera aproximación, teniendo en cuenta la cantidad de combinaciones existentes.

También las personas superficiales suelen tener aspectos parecidos, suelen ser espontaneas, despistadas, extrovertidas, valientes…

Y vuelvo a puntualizar en el suele, porque las combinaciones son infinitas.

¿Puedes decir que es mejor o peor? No, no puedes decirlo porque para algunas cosas es una ventaja y para otras un inconveniente.

¿Qué ventajas y desventajas tienen?

La gente profunda vive más preocupada y sopesa mil veces todas las opciones, por lo tanto, les cuesta más tomar decisiones. Viven más en el pasado y en el futuro que en el presente y no suelen asumir riesgos innecesarios.

A la contra son personas que entienden más lo que les rodea, se adaptan mejor a las circunstancias y se hacen responsables de sus logros y errores.

La gente superficial es más despreocupada y por lo tanto, se tiran a la piscina con más facilidad. Saben vivir de forma más natural el presente y como profundizan menos en las consecuencias asumen riesgos sin pensárselo dos veces.

A la contra son personas que entienden menos lo que les rodea, los cambios se les hacen más cuesta arriba y tienden a culpar a los demás de sus propios errores.

¿Puedes decir que es mejor o peor?

Pues para una persona profunda a veces será mejor ser superficial y poder ser más valiente y asumir riesgos.

Para una persona superficial a veces será mejor ser profunda y analizar las situaciones en vez de ir a ciegas a por el objetivo.

He de decir una cosa muy importante también: Nadie es todo una cosa y nada la otra.

La gente profunda es y se comporta muchas veces de forma superficial.

La gente superficial es y se comporta muchas veces de forma profunda.

Así que, por favor, intentar reiniciar el concepto y cuando cataloguéis a alguien hacerlo con toda la conciencia del mundo, sabiendo que nadie es mejor ni peor, ni más listo, ni más tonto, ni más bueno, ni más malo que nadie por ser profundo o superficial, porque cada uno de ellos tiene cosas maravillosas y cosas que no lo son tanto.

Vani G. Leal
Psicóloga

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¿De dónde salen las buenas personas? Un lugar llamado amor

¿De dónde salen las buenas personas? Un lugar llamado amor

¿Las personas son buenas o malas por naturaleza? una pregunta interesante.

Con los años me he dado cuenta de que soy de la opinión de que las personas son en su mayoría neutras. Es el entorno, la familia y las experiencias lo que decanta la balanza hacia un lado o hacia otro.

Por supuesto, siempre hay excepciones. De familias y entornos buenos salen personas horrendas y de familias y entornos malos salen personas extraordinarias, pero por desgracia no es la norma general.

¿Qué es una familia buena y un entorno adecuado?

Es sencillamente AMOR. Cuando por encima de todo está el amor, por muchos conflictos que haya y por muchos conflictos que se vivan alrededor, las familias buenas, crían en su mayoría a personas buenas.

Esto no significa que sean familias perfectas, desde luego. No hay familia perfecta porque no hay persona perfecta. Pero dentro de sus peculiaridades, dentro de su forma de demostrar afecto, a pesar de que existan conflictos, este tipo de familia, que antepone el amor, son familias sanas. Estas familias cosechan en los niños el mensaje más importante que hay y es que la aceptación, el respeto y el apoyo es lo que da significado a la palabra AMOR.

¿Por qué una persona que ha crecido en un entorno de amor y apoyo es más fácil que resulte buena?

Es obvio, ¿no?

Debe ser muy difícil ser bueno con los demás cuando desde niño recibes reproches, abandono, desatención, egoísmo, incluso maltrato. Qué difícil debe ser confiar en el mundo y en la gente. Que difícil debe ser creer que alguien se preocupará por ti, que alguien será bueno contigo.

De lo que se come se cría dicen. Pues sí, depende de lo que te den de comer de pequeño, así serás de mayor. Y si te dan palos, si te dan vacío, miedo o desolación, de mayor lo más probable es que seas una persona gris y triste, porque los que tenían que enseñarte lo bueno de la vida, solo te enseñaron la parte más negativa.

Es más fácil ser bueno cuando te protegen, te arropan, se preocupan por ti. Es más fácil ser bueno cuando a pesar de todo, el AMOR es lo que importa.

No, no utilices mis palabras para responsabilizar de tus errores o tus fracasos a tu familia. Ese es otro cantar. Vuelvo a repetir que no existe la familia perfecta y que una familia buena puede tener muchos problemas o puede darte muchos quebraderos de cabeza, pero eso no significa que no te hayan dado lo más importante.

Las buenas familias también son a veces egoístas, a veces pesadas, a veces desquiciantes o a veces insoportables, pero al final están ahí, en las buenas y en las malas, haciendo lo imposible por los suyos. Y tampoco significa que no te pongan trabas o que no intenten convencerte de lo que es mejor o más bueno para ti. Significa que a pesar de que no estén de acuerdo, de que no les guste o no lo compartan, te sigan apoyando, aceptando y queriendo de la misma manera. Porque el amor está por encima de todo lo demás.

¿Qué es una persona sana y buena psicológicamente hablando?

  1. Es alguien que a pesar de tener errores, fallos, conflictos, inseguridades, intenta aprender y mejorar.
  2. Es alguien que ,a pesar del egocentrismo y egoísmo intrínseco del ser humano, intenta ser generoso con las personas que quiere, material o emocionalmente.
  3. Es alguien que acepta a los demás.
  4. Es alguien que perdona los errores, aunque le cueste trabajo y tiempo.

Da igual la religión, la cultura, la clase social y la sociedad en la que una familia viva. Si hay amor, crecerán personas más fuertes, más libres, más seguras, más tolerantes, más sanas y más buenas.

Y podrás decir: Yo tengo una familia buena y sana y tengo mil problemas e inseguridades. Pues sí, ni tu, ni tu familia sois perfectos y la vida no es de color de rosa, por mucho que los cuentos lo hayan vendido así.

Pero mira a tu alrededor y valora lo que importa, porque mientras tu luchas por vivir, las personas que han tenido la desgracia de nacer en familias hostiles y negativas, luchan por sobrevivir. No es lo mismo enfrentarse a la vida solo y desamparado, que con un séquito de personas que te quieren detrás, por muchas equivocaciones que puedan llegar a tener.

Una última e importante aclaración: La familia es algo que viene etiquetado de nacimiento, pero no es inamovible ni inalterable. La familia es algo que también se crea y se crea con cualquier persona que tu decidas que forme parte de tu vida, como los buenos amigos, por ejemplo.

Este es un tema delicado y sin duda me han faltado muchas cosas que decir y aclarar. Sé que suena simplista decir que de lo bueno sale lo bueno. Pero las personas somos muy simples a pesar de toda nuestra complejidad. Queremos comer, queremos un techo y queremos amor. Y cuando estas cosas las tenemos, todo lo demás, por complicado que nos parezca, es coser y cantar.

 

Vani G. Leal
Psicóloga

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