¿Por qué sentimos celos hacia los demás? Emociones que podemos corregir para que no nos causen dolor

¿Por qué sentimos celos hacia los demás? Emociones que podemos corregir para que no nos causen dolor

Este artículo no va dirigido a los celos obsesivos y recurrentes a los que puede llegar una pareja, creo que eso merece un artículo aparte.

Hoy hablaremos de los celos emocionales que sentimos hacia los demás en algunas ocasiones y que nos causan más de un disgusto en nuestro círculo de confianza.

Sentir celos en una emoción muy normal en la conducta humana. Tener celos significa que tienes miedo a que otra persona ocupe tu lugar y todos tenemos miedo, en mayor o menor medida, a que alguien pueda sustituirnos.

Como en todas las emociones, sentir celos no es algo malo en sí, lo malo es que esos celos determinen cómo te comportas y que hagas cosas que no harías por tener esa sensación.

Existen muchos tipos de situaciones en las que podemos sentir celos:

  • En la amistad: cuando tu mejor amigo/a a encontrado a alguien con quien también se lleva muy bien y, por lo tanto, puede que tenga menos tiempo para ti.
  • En las familias: cuando hay miembros que se llevan muy bien y otros se sienten desplazados.
  • En el trabajo: al considerar que alguien está recibiendo más atención o reconocimiento que tu.
  • En la pareja: cuando sientes que hace más caso a otras personas.

Inseguridad, esa es la palabra clave.

Sentimos celos cuando nos sentimos inseguros. Y lo importante es saber por qué, en realidad, sientes esa inseguridad.

Tendemos a simplificar mucho cuando alguien decide pasar tiempo con otra persona que no eres tú. No me ha elegido, prefiere estar con la otra persona, por lo tanto, me quiere menos.

Y con esta afirmación empezamos a dudar de nuestro lugar, a pensar que la otra persona es mejor que nosotros o tiene algo que nosotros no tenemos.

Y tienes que saber que, en la mayoría de casos, puedes equivocarte.

  • Tu pareja puede amarte y adorarte, pero también necesitar pasar tiempo con otras personas. No está eligiendo a otras personas, solo está utilizando su parcela personal para realizarse en otros roles y no solo en el rol de pareja.

Pregúntate qué te da miedo en realidad. ¿Quizás eres tú mismo el que creas que no eres suficiente?

  • Las personas pueden valorarte aunque valoren también lo que hacen los demás. Alabar a una persona no menosprecia a la otra. En infinidad de situaciones en las que se realzan las cualidades de alguien, inmediatamente otra persona se siente ofendida.

Pregúntate por qué te hace sentir poca cosa que alaben y realcen las características positivas de los demás.

  • La familia no se elige, por lo tanto, habrá miembros con los que tengas una relación especial y otros con los que simplemente te lleves. Las afinidades en las familias son como en la calle. La personalidad, las creencias o los valores son el motor del feeling. A veces tenemos, y otras veces no.

Pregúntate por qué te llevas mejor con unos que con otros y entiende que al resto le pase lo mismo que a ti.

  • Es bueno tener buenos amigos, pero somos seres dinámicos, cambiamos a lo largo de los años. Tener más relación con unos amigos que con otros también depende del momento por el que uno está pasando o por las prioridades que tenga en esa etapa.

Tu mejor amigo/a también tiene derecho a encontrar a más buenos amigos. Igual que tu  tienes derecho a encontrar nuevas amistades.

Pregúntate en que te afecta. Pregúntate por qué altera tanto tu lugar que lleguen nuevas personas.

Si te haces las preguntas adecuadas y te contestas con sinceridad, te darás cuenta de que todo viene de ti. Los celos son nuestro propio problema, es nuestra propia inseguridad.

Si no te quieres o no te valoras… es lógico y normal que sientas celos porque, todo lo nuevo, todo lo diferente o todo lo que te cause malestar se convertirá en tu enemigo y lo rechazarás, porque todo lo que nos incomoda lo rechazamos.

Pues enfréntate a la incomodidad y trabaja en tu autoestima.

Cuando alguien se quiere y se valora, no siente que otra persona pueda ocupar su lugar, ocupará otro lugar. Porque en las relaciones humanas todos ocupamos un lugar. Y, este bendito lugar, no está debajo ni encima de nadie, está al lado. Y compitiendo por el puesto, lo único que conseguimos es perder el sitio. Y no porque alguien lo ocupe, sino porque alguien cansado de tus inseguridades te quite de allí.

Así que no te agobies ni te sumerjas demasiado en una sensación de celos que no te llevará a ninguna parte (al menos a ninguna buena). Y recuerda que hay amor para todos, porque somos capaces de querer a muchas personas y de querer a muchas personas de formas distintas.

 

Vani G. Leal

Psicóloga

Inteligencia Emocional de lunes a domingo. Descarga gratuita en Bookboon

 

 

¿Cómo sobrevivir a las personas tóxicas? No siempre podemos huir, a veces tenemos que lidiar con ellas

¿Cómo sobrevivir a las personas tóxicas? No siempre podemos huir, a veces tenemos que lidiar con ellas

¿Qué es una persona tóxica? Es alguien que tiene continuamente comportamientos dañinos consigo mismo y con los demás.

Personas  negativas, egocéntricas, víctimas, envidiosas, soberbias, descalificadoras…

Deshazte de ellas, aléjate, date la vuelta, huye y sácalas de tu vida son algunos de los consejos que nos dan. Como si fuera tan fácil tirar a la basura a personas que, en realidad, están en nuestra vida y a las que muchas veces queremos.

Valga decir que sí, que hay que correr y correr mucho ante  las personas que  nos humillan, pegan, insultan o coartan nuestra libertad del modo que sea. 

Y dicho esto.

¿Qué les pasa a las personas tóxicas? Les pasa que llevan una mochila demasiado cargada de mierda y no saben cómo vaciarla o ni siquiera saben que la cargan.

Demasiado miedo al rechazo, demasiado miedo a sufrir, demasiado miedo a defraudar, demasiado miedo a fracasar, demasiado miedo a la soledad… eso es lo que llevan en su mochila, demasiado miedo.

Todos somos un poco negativos en nuestros problemas y hemos sido egocéntricos en alguna ocasión.

Todos nos hemos sentido  víctimas de algo o de alguien y hemos sentido envidia, aunque fuera sana.

Todos  hemos hablado con soberbia en alguna ocasión y hemos descalificado a alguien en un enfado desmedido.

Pero lo que nos diferencia de las personas tóxicas es que, mientras la mayoría tenemos comportamientos tóxicos solo en momentos puntuales, a las personas tóxicas las define ese comportamiento.

Es muy importante entender qué les pasa y por qué se comportan así. Las personas tóxicas tienen un problema, pero tú no eres su problema.

Evidentemente, puedes intentar no acercarte demasiado, es una buena forma de no tener problemas extra con tu entorno, pero las personas tóxicas no llevan un cartel en la frente y muchas veces cuando nos damos cuenta ya estamos atrapados por el cariño, el amor o la simpatía y ya no resulta tan sencillo apartarte de ellas o dejarlas a un lado.

Como tal vez no podamos apartarlas de nuestra vida, lo que podemos hacer es protegernos para que sus comportamientos no nos causen tantos problemas.

1.  Sinceridad y honestidad.

Dile a esa persona lo que te duele, molesta o daña de su comportamiento cada vez que ocurra. Y no utilices la excusa de que se va a enfadar. Sí, puede enfadarse. Pero, si de verdad quieres tener una relación más sana con esa persona, tendrás también que ser valiente. 

2. Temple y valentía.

Es fácil que, después de decírselo, monte en cólera o rompa a llorar. Mantén la calma y dile y repítele que, simplemente estás expresando cómo te sientes, que sabes que no lo hace a posta y que, en ningún caso, es un ataque. No olvides que  no es personal y que son ellos los que tienen el problema. 

3. Espacio y distancia.

Deja que esa persona se tome su tiempo.  Si no te habla en una semana, no pasa nada. Hay personas que necesitan más tiempo que otras en aceptar las situaciones.  Hay que respetarlo.

Decirle a una persona que algo que hace o dice te daña no significa que esa persona pueda cambiarlo o pueda evitar hacerlo. Como hemos dicho antes, no somos el problema, por lo tanto, que deje de hacerlo, al menos inmediatamente, no es algo demasiado probable. 

Lo que sí podemos hacer es ser conscientes de que esa persona, hoy por hoy, es y se comporta así.  Puedes aceptarlo o no, puedes entenderlo o no, pero lo que es es y no pretendas que cambie porque no está en tu mano conseguirlo. Si esa persona quiere cambiar lo hará porque decida hacerlo, porque decida pedir ayuda o porque decida que pierde más que gana con su mochila cargada. Pero tú no has de salvarla de nada. Con que intentes que no te afecte demasiado su toxicidad, ya es más que suficiente.

Las personas tóxicas son amigos, hermanos, compañeros, padres, hijos, familia, colegas, madres, conocidos, parejas.  Las personas tóxicas son personas que están en todas partes, porque en todas partes hay demasiado miedo a muchas cosas. Y el miedo, cuando nos controla la vida, es una poderosa herramienta de tristeza y negatividad.

Así que la próxima vez que reconozcas a una de esas personas y no puedas sortearla, ármate de paciencia, sé sincero, sé valiente y sé flexible, que con un poco de mano izquierda se pueden conseguir muchas cosas.

Vani G. Leal

Psicóloga

Inteligencia Emocional de lunes a domingo. Descarga gratuita en Bookboon

Yo y mi verdad y tú y tu verdad. ¿Quién tiene razón? Aprendiendo a relativizar

Yo y mi verdad y tú y tu verdad. ¿Quién tiene razón? Aprendiendo a relativizar

¿Por qué nos cuesta tanto ponernos en la situación de otra persona? ¿Por qué nos tomamos las cosas de forma tan personal? ¿Por qué creemos tener siempre razón en las cosas que nos suceden?

Relatividad es una término que utilizamos en muchos momentos los psicólogos. “Todo es relativo”, “depende de cómo lo mires” o “hay otra perspectiva además de la tuya”, son algunas de las frases que nos ayudan a decirle a una persona que, todos los puntos de vista son igual de reales y verdaderos y que, lo que yo pienso, digo y hago, tiene el mismo valor que lo que piensa, dice o hace el otro.

Un ejemplo lo encontramos en las preferencias que tenemos por los colores. Si preguntas a las personas sobre su color favorito, cada uno te responderá un color diferente. ¿Crees que tu color es mejor que otro? No, seguro que entiendes que los gustos son relativos y que a pesar de que nos gusten distintos colores, todos son igual de buenos.

Si entendemos que a cada uno le guste un color distinto, sin que ello signifique que el nuestro sea mejor o peor, bueno o malo ¿por qué nos cuesta tanto entender que otro piense diferente, sin que ello signifique que vaya en nuestra contra?

Cuando interpretamos un suceso lo hacemos con nuestro cerebro y nuestro cerebro son la suma de nuestras experiencias, entorno, miedos, educación, valores, prioridades, temperamento y carácter. Cuando otro interpreta el mismo suceso que nosotros, lo hace con su cerebro y con la suma de su cerebro, por lo tanto nuestra verdad y la suya son igual de reales.

Si son igual de reales, ¿quién tiene razón?

Las dos personas tenemos razones para interpretar los hechos a nuestra manera, las dos personas tenemos razón en nuestra verdad. Y como en el color favorito, no hay mejor o peor, ni buena o mala verdad. Solo distintos puntos de vista sobre algo, productos de un cerebro distinto.

Aceptar que pensamos diferente es fácil en los aspectos triviales de la vida, los gustos, las aficiones, los hábitos, etc. pero, ¿qué pasa cuando pensamos diferente en un conflicto?, ¿qué pasa cuando pensar diferente hace que nos duela el comportamiento del otro? o ¿qué pasa cuando alguien hace algo que te repercute directamente?

En esos momentos no somos capaces de aceptar de forma tan fácil que otros piensen o actúen de forma distinta. Pero, en realidad, es el mismo mecanismo que nos hace entender que tengamos gustos distintos.

El problema es que no nos duele o nos molesta que prefieran otra música, pero sí que tengan otras prioridades, otros valores o que actúen de forma diferente a como lo haríamos nosotros.

Pero, ¿recuerdas lo que hemos dicho antes, que tú eres la suma de muchas cosas y el otro es la suma de sus muchas cosas?

Por eso las personas actuamos y nos comportamos de formas distintas, por eso tenemos valores, ideas y prioridades diferentes y por eso lo que tú ves como algo importante otra persona puede que ni siquiera lo tenga presente.

¿A que no es lo mismo pensar que ha sucedido algo que te ha dolido, a pensar que te han hecho daño?

Si somos capaces de entender que todos tenemos cerebros distintos y que casi nadie se levanta por la mañana expresamente para hacernos daño, sino que nuestros pensamientos y acciones repercuten en los demás, dejaremos de sentirnos tan vulnerables y víctimas de las malas artes ajenas y comprenderemos que la verdad es relativa.

Imagina que te encuentras con un amigo o amiga que te cuenta que su pareja le ha sido infiel. Puedes pensar en lo mala que ha sido esa persona, en cómo alguien puede engañar a alguien que le quiere. A la semana siguiente te encuentras a la pareja de tu amigo/a y te cuenta lo mal que lo ha pasado el último año, que apenas coincidía con su pareja y que sin darse cuenta se enamoró de alguien del trabajo. ¿Verdad que ya no puedes pensar tanto en lo mala persona que ha sido? Quizás se ha equivocado a la hora de hacer las cosas, pero ya no es una mala persona, es un acto mal hecho, producto de un error o una equivocación.

Un mismo hecho puede verse de maneras diferentes cuando tienes más información, cuando entiendes que varias realidades pueden conformar una verdad.

Que las cosas nos dolerán igual, posiblemente sí, porque somos seres sensibles y nos afectan las cosas que nos suceden, pero ser capaz de abarcar otros puntos de vista, relativizar, hará ese dolor más llevadero, te sentirás menos enfadado y podrás enfrentarte a las situaciones de forma más positiva para ti.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

Hay que pararse a pensar un momento antes de sacar las conclusiones más negativas, hay que pararse a pensar antes de creer a ciencia cierta que nuestra verdad es la única que existe. Recuerda, que todo lo que hacemos o decimos es producto de nuestra verdad y repercute en los demás al igual que, la verdad de los demás, repercute en nosotros.

Si eres capaz, por un momento, de dejar de mirarte el ombligo, puede que veas más allá de tus propias narices y te des cuenta de que la verdad depende de los ojos que la miren.

Vani G.Leal, Psicóloga

Psicoreset Barcelona. Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo.

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¿Alguien me explica cómo se dice que “NO”? Aprendiendo asertividad

¿Alguien me explica cómo se dice que “NO”? Aprendiendo asertividad

¿Por qué hacemos una y otra vez cosas que no queremos hacer por no saber decir que NO?

Decimos SÍ cuando queremos decir NO por miedo a que se enfaden con nosotros, que crean que no les queremos o nos dejen de querer.

Decimos SÍ cuando queremos decir NO para que no piensen mal de nosotros o no nos digan que somos egoístas.

Decimos SÍ cuando queremos decir NO porque nos sentimos responsables y obligados.

Está bien que no queramos que se enfaden con nosotros y es normal tener un cierto miedo a que nos dejen de querer pero ¿crees que las relaciones con las personas solo dependen de que hagas todo lo que ellas quieren o necesitan de ti? ¿incluso haciendo cosas que no quieres o no te gustan? ¿a pesar de que hacerlas suponga un problema para ti?

¿Crees que las personas que te quieren prefieren que estés mal, pero que lo hagas? ¿Tu prefieres que alguien esté mal pero que haga lo que tú quieres o le digas?

Seguro que no.

Por otro lado no interpretes que tu NO, va a ser una catástrofe y que va a poner tu mundo patas arriba. De eso nada, un NO, es solo un NO y si en tu vida hay muchos SÍ y algunos NO, estás dentro de una normalidad sana y positiva.

Y, si eres de los que se enfada cuando alguien te dice NO, empieza por entender y aceptar que un NO, no es una declaración de intenciones, solo es alguien que en ese momento no puede y no por ello te quiere menos, es malo o pasa de ti.


¿Piensas que diciendo NO eres un egoísta y que solo piensas en ti? ¿Quedarás mal por decir no? ¿de que quedarás? ¿de egoísta? ¿de pasota? ¿de irresponsable?

Para empezar no eres mejor ni peor persona por no acceder a todo. No te juzgues pensando en cómo te juzgará el resto. No eres solo las decisiones que no gustan a los demás.

Las personas no somos egoístas solo porque alguien considere que lo somos. Tal vez has sido egoísta en ese momento o en ese aspecto pero, actuar de forma egoísta no es ser egoísta. Y, en todo caso ¿qué hay de malo en ser a veces un poco egoísta? “EGOÍSTA” es pensar en uno mismo. ¿Acaso es malo pensar en nosotros mismos?


¿Crees que es tu obligación o tu responsabilidad y por eso no puedes decir NO?

Es bueno ser responsable y es bueno intentar hacer cosas por los demás, pero no es bueno que nos hagan daño las responsabilidades ni es bueno ser esclavos de las obligaciones.

Nadie nos obliga ni nos hace responsables de nada, somos nosotros los que tomamos esa decisión y las decisiones se cargan en una mochila. Así que, asegúrate de cargar en la mochila solo el peso que puedas llevar. Si tu mochila pesa demasiado, si te haces cargo siempre de todo, el peso te hará daño y empezarás a sentir rabia y tristeza por todo lo que llevas en tu espalda que en realidad no quieres.

Sí, lo sé, es difícil encontrar el equilibrio entre contentar a los demás y hacer lo que uno quiere hacer. Pero no es imposible. Solo hace falta que te pares a pensar un poco y no respondas un SÍ o un NO de forma automática. Primero pregúntate por qué lo haces y luego toma la decisión. Si aprendes a responder con sinceridad, para empezar te sorprenderá comprobar que muy pocas personas van a enfadarse o dejarte de lado solo por eso, y para terminar comprobarás lo fácil que es llevar una mochila con el peso justo para poder caminar con ella.


Pequeños trucos que te ayudarán a conseguirlo:

  1. Como te he dicho antes, nada de contestar al momento. Tómate tu tiempo. ” Mañana te digo algo, deja que mire si podré y te digo o ahora no te sé decir si puedo o me va bien” pueden ser un comodín para ganar tiempo.
  2. Sé lo mas honesto posible en los motivos para decir NO, aunque te parezca que el otro no los va a entender o creas que son motivos tontos. Son tus motivos y son totalmente respetables. “Estoy cansad@ para ir, hoy no me apetece, tengo que hacer recados o me gustaría hacer otra cosa”.
  3. No siempre gustará tu decisión. A veces se pueden enfadar, a veces te dirán que les decepcionas, a veces te dejarán de hablar o incluso a veces hay gente que te dejará de lado. Hay que aceptar que no todos entienden o comparten nuestros motivos. Déjales el espacio que necesiten, deja que tengan su derecho a pataleta como nosotros pataleamos de otros. Si te quieren, se les pasará.

Recuerda…

  • No siempre tienes que acompañar a todo el mundo. Puede no apetecerte o que no te vaya bien en ese momento. En serio, no pasa nada.
  • No siempre tienes que acceder a todo. Puede que no te convenga, que no te venga bien, puede simplemente que no quieras. En serio, no pasa nada.
  • No siempre tienes que ir. Puede que te aburras, que quieras ir a sitios nuevos, que no te apetezca. En serio, no pasa nada.
  • No siempre tienes que estar… en serio, no pasa nada.
  • No siempre tienes que hacer…en serio, no pasa nada.
  • No siempre tienes que ser perfecto…en serio, NO PASA NADA.

Vani G. Leal, Psicóloga

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¿Por qué no te caigo bien si soy genial? No todos podemos llevarnos bien con todo el mundo

¿Por qué no te caigo bien si soy genial? No todos podemos llevarnos bien con todo el mundo

Todos queremos caer bien a todo el mundo. Otra cosa es que no te afecte demasiado si no es así, pero a todos nos gusta gustar.

Pero, la realidad es que no podemos gustar a todo el mundo ¿o a ti te gusta todo el mundo?

¿Qué pasaría si de repente pudieras decir y hacer lo que quisieras sin miedo a que se enfadaran contigo? ¿Habría mucha diferencia a lo que dices y haces?

Desde luego, la respuesta solo la sabes tú.

Pero, si eres consciente de que hay mucha diferencia quiere decir que TE IMPORTA DEMASIADO EL QUE DIRÁN.

Y,  si te importa demasiado el qué dirán necesitas caer bien y gustar a todo el mundo. Y, si necesitas caer bien y gustar a todo el mundo no puedes ser tú mismo porque, para ser tú mismo, has de hacer y decir lo que de verdad piensas y eso no siempre va a gustar a todo el mundo.

Desde que somos pequeños nos juntamos con las personas por similitudes, gustos, valores o aficiones y es lo lógico porque las personas nos movemos por afinidades.

Si es una conducta normal el que nos juntemos por afinidades, ¿por qué nos empeñamos en gustar a todo el mundo?

Que no se enfaden con nosotros, que no se vayan, que no nos dejen, que no nos traicionen, que permanezcan al lado, que nos sean leales, que nos acepten, que nos valores, que nos quieran…

  • Si le digo que no quiero ir se enfadará.
  • Si hago lo que me gusta se reirán de mi.
  • Si le digo lo que pienso le defraudaré.
  • Si no hago todo lo que me pide se irá de mi lado.

¿Y si se enfadan contigo qué? ¿Por un enfado se van a ir, van a pasar de ti, van a joderte la vida? SI ES ASÍ, antes vete tú.

¿Y si se ríen de ti qué? ¿A caso no te has reído tú muchas veces de otros al principio y luego ya no le has dado importancia? ¿Se irán por eso?  ¿Te dejarán de lado solo porque te guste algo que a ellos no les gusta? PUES SI ES ASÍ, que se vayan ya.

¿Y si defraudas qué? El problema es de quien se crea la expectativa de lo que tú eres. Si por pensar diferente van a repudiarte, por favor, dales una patada en el culo.

¿Y si se van de tu lado qué?  Si has de dejar de ser tú mismo para ser lo que quiere el otro, mejor que se vaya pronto para que pueda entrar alguien que te quiera tal y como eres.

Es bueno querer mejorar, cambiar, adaptarse a las circunstancias, querer llevarse bien con todo el mundo, pero nunca al precio de ser o de hacer lo que no eres o no quieres, porque el simple hecho de dejar de ser quien eres, hará que sufras muchas consecuencias negativas a lo largo de tu vida. Consecuencias que tú mismo te habrás creado por miedo a no ser aceptado.

Si eres una persona que NECESITAS gustar a todo el mundo, corres el peligro de dar mucho más de ti de lo que en realidad quieres, corres el peligro de decir siempre SÍ, cuando en realidad quieres decir NO, corres el peligro de adaptarte tanto a los demás que pierdas tu esencia por el camino.Deje-de-suplicar-amor-en-redes-sociales

¿Qué te hace pensar que siendo lo que quieren los demás siempre permanecerán a tu lado?

¿Qué te hace pensar que por querer agradar a todo el mundo agradas a todo el mundo?

¿Qué te hace pensar que decir a los demás lo que quieren oír hará que nunca se enfaden contigo?

Por esta regla de tres nunca tendríamos conflictos, nunca se irían de nuestro lado y siempre gustaríamos a todo el mundo. Pero, no es verdad ni es real.

Sé que hablar es fácil, pero que a la hora de la verdad es complicado enfrentarse a situaciones o personas a las que podemos perder pero, ¿a caso no se han ido personas de tu vida y has seguido viviendo? ¿No se han enfadado contigo y luego te has reconciliado? Y como te decía al principio, ¿a caso a ti te gusta todo el mundo?

No, por supuesto que a ti tampoco te gusta todo el mundo. Y, muchas veces no es que no te gusten, simplemente no congeniáis o no tenéis cosas en común o la otra persona tiene un carácter que choca con el tuyo.

Por millones de motivos, importantes o sin importancia, tú eliges a las personas con las que te rodeas. Por lo tanto, permite que el resto haga lo mismo y te elija o no en función de sus millones de motivos, con o sin importancia. Cuando dos personas se eligen honestamente, siendo ellas mismas, sin querer aparentar, sin querer ser lo que no son, tienen muchas más probabilidades de tener una relación sana y equilibrada.

No te obligues a ser perfecto para los demás y sé un poco más tu mismo, te darás cuenta que muchos de los que están se quedarán igualmente, te darás cuenta de que se irán aquellos con los que menos en común tengas y te darás cuenta de que siendo honesto con cómo eres y lo qué quieres, eres más capaz de obtener todo lo que necesitas de los otros.

Es normal querer gustar a todo el mundo, a todos nos gusta caer bien, ser aceptados, estar arropados, pero no te engañes, siempre habrá personas a las que no caerás bien, personas a las que no gustarás y personas a las que tu compañía, tu amistad o tu amor, no les valdrá. NO PASA NADA. NADA EN ABSOLUTO. Porque habrán otras que se quedarán, otras a las que encantarás y otras que desearán tu amistad, tu compañía o tu amor.

Así que en vez de perseguir a todo el mundo, sé un poco más tú mismo y rodéate de los importantes, los que si te aceptan.

Vani G.Leal, Psicóloga

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¿Por qué fingimos ser lo que no somos? Voy de duro/a por la vida, pero en realidad soy un peluche

¿Por qué fingimos ser lo que no somos? Voy de duro/a por la vida, pero en realidad soy un peluche

“Yo soy sensible pero prefiero aparentar ser una persona dura y fría a la que no le duele ni le importa lo que le hagan. Así me protejo para que no me hagan daño”.
Cuantas veces habré escuchado este argumento. Un argumento basado en la autoprotección, en el miedo, en la desconfianza hacia los demás y en la poca confianza en uno mismo.

Que enorme contradicción ir por la vida siendo alguien que no eres por miedo a que te hagan daño.
Pero dime, ¿te ha dejado alguna vez de doler por aparentar que no te duele? No, finjas o no, lo que nos duele, nos duele y por mucho que nos hagamos los duros, si por dentro estás mal o triste, fingir no sirve absolutamente de nada. Bueno,  sirve para ocultar tus miedos, sirve para ir de quien no eres y  sirve para que no te conozcan, pero no sirve de ninguna manera para que las cosas te duelan menos, ni sirve para protegerse de nada.

Nada puede evitarnos las decepciones, ni las desilusiones, ni los golpes inesperados. Lo único que podemos hacer es ser honestos con cómo somos y enfrentarnos a las situaciones siendo verdaderamente nosotros mismos.

El que va de duro, el que va de ligón, el que va de pasota, el que va listo, el que va de… Ir de algo que no eres es una consecuencia del miedo a demostrar al mundo quien eres de verdad.

El que va de duro por la vida, es más sensible de lo que quiere aparentar.
El que va de ligón, se cree menos guapo de lo que parece.
El que va de pasota, es al que en verdad, todo le importa.
El que va de listo, necesita demostrar al mundo lo mucho que sabe.
El que va de…

Al final, todas las personas que van de algo, fingen un personaje que no son.

¿Te compensa? ¿Crees que todo ese esfuerzo que tienes que invertir en que no se note tu yo, merece la pena?

Te voy a explicar que pasa cuando el personaje que aparentas se instala en tu vida.

1. Nadie te conoce de verdad y en consecuencia te tratarán diferente a como te tratarían si vieran quien eres. Puede parecerte una medida preventiva contra el dolor, pero no lo es.
Si vas de que nada te duele, es fácil que no te tengan en cuenta, total, nada te duele, ¿no?
Si vas de ligón, te tratarán como a un creído, y sinceramente, a nadie le gustan los creídos.
Si vas de pasota, dejarán de preguntarte, total, todo te da igual.
Si vas de listo, te verán como a un prepotente, porque a nadie le gusta que le hagan sentir tonto.

2.Tendrás que estar constantemente pensando en cómo actúa el personaje que te has montado y, por lo tanto, te aleja de ser una persona natural. ¿Crees que no se ve a leguas las personas que son poco naturales? ¿ Crees que las personas de tu alrededor no notan que algo falla en tu comportamiento? ¿Cuántas veces has visto tu en los demás que van de algo que no son? Si tu eres capaz de verlo, ¿qué te hace pensar que los demás no lo ven en ti?

3.La mayoría de los personajes que creamos no se eligen de forma libre,  el miedo y el dolor  lo eligen por ti.
¿Por qué no dejas de aparentar ser diferente a quien eres y trabajas en modificar tu yo auténtico? El “YO” es un estado dinámico y activo, “YO no soy, Yo voy siendo”, así que hazte más fuerte, más realista o más consecuente. A través de la autocrítica y de pensamientos meditados y sinceros, enfréntate a tus miedos en vez de protegerte falsamente de ellos.

Sin duda, es más fácil crear un rol que finja ser muchas cosas, pero pregúntate si ese rol, ese personaje al que llevas a todas partes, te hace verdaderamente feliz.

¿Merece la pena?

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Si no sabes cómo modificar y potenciar  tu YO más auténtico, pide ayuda. Pero no te disfraces de quien no eres.

Vani G, Psicóloga

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