El gran timo de la publifelicidad A veces pensar en grande no es la mejor solución

El gran timo de la publifelicidad A veces pensar en grande no es la mejor solución

Vive el momento, disfruta de la vida, libérate, aprovecha los obstáculos, no te rindas, puedes conseguir lo que te propongas, querer es poder, la vida es lo que tú decides, etc. 

¿Cuántas veces oímos estos mensajes a lo largo del día? Muchos, la verdad es que muchos, en la radio, en la televisión, en carteles publicitarios, en las esquinas de cualquier página web. La publifelicidad está por todas partes recordándonos continuamente que la tan perseguida felicidad está al alcance de nuestra mano.

Pero en ninguno de esos anuncios tan estupendos se especifica el contexto real de la vida: trabajar mucho, cobrar lo justo, atender, mimar y cuidar a los hijos, las obligaciones y las responsabilidades con familiares, pareja y amigos, los miedos, los conflictos, la falta de tiempo…, y podría seguir y seguir en una larga lista de obstáculos, decisiones y acciones que condicionan y mucho nuestra vida.

Así que, después de escuchar o leer esos benditos mensajes, te queda una sensación de estúpida impotencia porque sientes que es tu culpa no ser feliz, con lo fácil que parece y tú no lo haces (vamos, como si alguien quisiera ser infeliz a propósito).

Ante todo, analicemos primero este concepto: ¿qué significa la felicidad?

Si simplificamos las áreas de la vida en profesional, personal y emocional, la felicidad en todo su esplendor sería amar tu trabajo, tener exactamente el tipo de familia y amistades que deseas y sentirte a gusto con tu propia personalidad (facilito, ¿no?).

Pero la verdad es que, incluso teniendo las tres cosas, uno puede sentirse desdichado por millones de motivos, porque la vida es mucho más compleja que todo eso. Por lo tanto, lo primero que tienes que tener claro es que la palabra felicidad es un concepto bastante cruel porque nos genera una expectativa tan elevada que llegar a ella se convierte en una verdadera utopía.

Y, encima, todavía se complica más porque te dicen muy sabiamente: lo tienes todo, un techo, comida, trabajo, hijos, pareja… ¿Qué te pasa que no eres feliz? Has de estar agradecido.

Pues sí, ¿qué me pasa que no soy plenamente feliz si tengo todo lo que dicen que hace falta para serlo? Pues nada, no te pasa nada raro, simplemente nadie nos ha enseñado a manejar de forma sana, positiva y equilibrada todas las cosas que nos van sucediendo.

No, no es para desanimarte, es para que dejes de perseguir un invento publicitario y te centres en algo real y palpable que sí es más fácil de sentir y distinguir, los momentos felices.

¿Y qué son los momentos felices? Pues depende de la situación y depende de la persona; una cena con amigos, un cumpleaños, un paseo por el campo, un día en familia, sofá y Netflix, ir a la playa, una tarde de juegos con tus hijos e hijas, una comida familiar, salir a bailar… 

Los momentos felices son todos aquellos instantes plenos y divertidos que luego recuerdas y sonríes, porque eso sí podemos conseguirlo y porque eso sí es factible. Quizás no suene tan maravillosamente bien como la palabra felicidad, pero es mucho más realista. 

Pero, qué sería de un artículo de psicología sin un poco de trabajo personal:

Estamos de acuerdo en que perseguir la utópica felicidad es un trabajo verdaderamente difícil, así que seamos un poco más prácticos y un poco menos idealistas.

Yo no puedo decirte donde encontrar los momentos felices (eso sólo lo sabes tú), lo que sí puedo decirte es qué pensamientos, situaciones o acciones harán que sientas todo lo contrario, infelicidad pura y dura:

  • Si necesitas muchas cosas, ya sean materiales o emocionales, estás condenado a sufrir porque nunca serán suficientes.
  • Si intentas controlarlo todo a tu alrededor, estás condenado a sufrir porque, excepto lo que tú haces, piensas o dices, lo demás no está en tu mano.
  • Si vives por el qué dirán, estás condenado a sufrir porque las personas siempre hablarán de ti, de la misma forma que tú hablas de ellas.
  • Si te menosprecias o te infravaloras continuamente, estás condenado a sufrir porque tú mismo eres el enemigo.
  • Si te culpas cada día de tus errores, estás condenado a sufrir porque vives en el pasado.

Cuando sufres más de la cuenta, da igual por el motivo que sea, ni siquiera los momentos felices son suficientes para hacerte sentir bien, por lo que, a veces, es mucho más efectivo trabajar en no ser infeliz que trabajar en serlo.

Ya sé que no te estoy diciendo nada del otro mundo, es una verdad tan evidente que, cuando la lees, piensas, pues sí. Entonces, si es tan evidente, si sabes perfectamente los miedos que te hacen infeliz, no dejes que caigan en saco roto y haz algo con ellos.

No siempre pensar en grande es tan fantástico, nos lleva a crear un concepto de felicidad demasiado abstracto, demasiado irreal, demasiado perfecto y, en consecuencia, no tenemos ni idea de cómo alcanzarlo.

Pensemos en pequeño y en concreto y aparecerán ante nuestros ojos miles de instantes casi insignificantes que, en realidad, lo son todo. Ahí está el verdadero secreto de la felicidad, en ser consciente de que tus mejores momentos están dentro de tu vida diaria.

Vani G. Leal, Psicóloga.

El coronavirus nos pone sensibles ¿Cambio definitivo o mentalidad pasajera?

El coronavirus nos pone sensibles ¿Cambio definitivo o mentalidad pasajera?

Mucho se habla de como el coronavirus nos está haciendo valorar las cosas importantes, de cómo nos hará cambiar la visión que tenemos del mundo y de cómo las prioridades serán distintas a partir de esta experiencia pero, ¿es verdad? Pues no, lamentablemente no, porque el 90% de la población, siendo generosos, volverá a ser, pensar y a hacer lo mismo que hacía antes de la pandemia.

  • Sí, el coronavirus nos pone sensibles porque nos hace pensar en los que ya no están, nos hace recordar que lo principal son las personas que amamos, los abrazos que damos y recibimos, los encuentros divertidos con amigos o compañeros, los besos tiernos e intensos de aquellos a quien echamos de menos…
  • Sí, el coronavirus nos pone sensibles porque nos hace ser conscientes de cómo influimos en nuestro planeta, de cómo lo debastamos, lo explotamos, lo sangramos…
  • Sí, nos pone sensibles porque vemos en los animales enjaulados nuestro propio confinamiento y lo horrible que es vivir entre barrotes…
  • Sí, nos pone sensibles y recordamos que no existen colores, razas, géneros o identidades porque al final somos todos iguales ante el dolor, la tristeza o el sufrimiento…

Que importante sería seguir recordando todo esto cuando acabe la pandemia, que importante sería seguir recordando que la vida es pasajera y que lo esencial es lo que hacemos en el aquí y ahora porque lo auténtico y verdadero son los momentos felices que vivimos. Pero no, no lo recordaremos porque el ser humano no tiene memoria y lo demuestran los errores que durante siglos y siglos hemos ido repitiendo.

Algunos lo olvidarán al día siguiente, otros a la semana y la mayoría lo olvidará cuando dejen de oírlo a todas horas en las noticias, porque entonces ya no se hablará de enfermedad y se hablará de crisis, y todos los que defendían el cambio de mentalidad, los que enviaban mensajes a todas horas de unidad, superación, consciencia y amor enviarán las consignas pertinentes de la crisis económica del momento.

Vuelta a empezar, eso es lo que sucederá en la mayoría de casos, vuelta a empezar en la vida normal y diaria en la que priva lo que priva, el individualismo, el incivismo y el egoísmo social.

  • Los partidos políticos, tan educados la mayoría hasta ahora, sacarán las uñas buscando culpables para recuperar votos.
  • Cada grupo, ideológicamente hablando, culpará de lo que sucede al grupo de enfrente.
  • Volveremos a consumir indiscriminadamente, da igual de dónde venga, da igual si proviene de dudosa humanidad, si provoca deforestación, esclavitud animal o contamina ríos y mares.

Así somos como especie, egocéntricos, egoístas y desconsiderados porque, por normal general, nos cuesta ver más allá de nuestras propias narices. Pero no, no está todo perdido ni muchísimo menos, porque tal vez ese 10% restante sí que aproveche el coronavirus para cambiar su mentalidad y utilicen la experiencia para abrir los ojos a nivel personal, emocional, personal, familiar…

En definitiva, esta experiencia le servirá a las personas que hagan algo productivo con su vida, no solo pensar, sino hacer algo activamente durante el tiempo que dure el confinamiento porque, si algo nos hace cambiar son las acciones que llevamos a cabo más que los pensamientos que tenemos.

Pensar es fácil, es un proceso automático producto de lo que experimentamos y en este instante que estamos viviendo es fácil tener pensamientos epifánicos, instantes de lucidez donde creer que después de esto seremos seres humanos mejores, más responsables, más equilibrados, más cooperativos, más, bueno, más de todo. Pero como digo, el pensamiento es automático y refleja lo que estamos experimentando en cada momento, por lo tanto cuando todo esto termine y volvamos a la normalidad nuestro pensamiento volverá también a reflejar esa normalidad y ya no pensaremos en ser mejores ni más buenos ni más responsables, al menos no la mayoría.

Y tú, ¿dónde te quieres situar? Porque al final es una decisión, una decisión única, personal e intransferible que sólo puedes decidir con tus propias reflexiones. ¿Quieres ser de ese 90% que se olvidará rápido de todo aquello que importa o serás de ese 10% que utiliza los obstáculos para mejorar o cambiar su vida?

No, no creáis que culpabilizo a ese porcentaje tan alto de la población que seguirá como si nada, en ningún momento pienso en ellos como malos o irresponsables, solo son personas que siguen la corriente porque en este mundo es más fácil seguir la corriente que enfrentarse a la cruda realidad. Y la cruda realidad es que el mundo está más lleno de ciegos que de visionarios.

  • El coronavirus saca a relucir nuestra parte más emocional, más humana, más grupal, no lo olvides cuando termine.
  • El coronavirus saca a relucir las verdaderas necesidades, no lo olvides cuando termine.
  • El coronavirus saca a relucir los héroes y las heroínas que llevamos dentro, no lo olvides cuando termine.
  • El coronavirus saca a relucir las carencias que realmente tenemos, no lo olvides cuando termine.
  • El coronavirus saca a relucir una sensación poderosa de unión y fuerza entre todos los seres humanos, no lo olvides cuando termine. 

Está claro que un 10% no es demasiado, pero un 10% de millones de personas es un montón de gente y, si un montón de gente del mundo entero aprovechara estas circunstancias para mejorar, el mundo sin duda mejoraría al menos un poquito, y un poquito, puede ser una diferencia abismal entre el antes y el después de esta pandemia.

Muchos son los consejos que se escuchan ahora, en televisión, en redes sociales, en páginas de internet, en grupos de whatsApp, así que esta vez no voy a seguir con la cadena porque considero que ya hay mucha información y no diría nada que no se haya dicho ya. 

Solo puedo deciros que tengáis mucho cuidado con las teorías conspiratorias, los bulos dañinos y las noticias tóxicas, porque solo consiguen crear miedo y odio y, sinceramente, es lo último que necesitamos, sumar más miedo y odio a este mundo. 

Por último,  añadir que cuando esto acabe, inviertas en tu pueblo, en tu ciudad o en tu región, porque será momento de hacer piña y, si todos hacemos un poco de piña a nuestro alrededor (seas de donde seas), seguro que la crisis, que evidentemente vendrá, será un poco más llevadera.

Seamos responsables, seamos generosos, seamos cívicos porque al final todas las desgracias nos enseñan que lo único fundamental son las personas y nuestro pequeño gran planeta.

P.D : A los que dirán que olvido en este artículo a todos los más afectados por la pandemia, les diré que no los olvido, pero hablar de muertes, hablar de falta de dinero para comprar comida, hablar de supervivencia dura y pura es otro cantar, porque cuando uno lucha por sobrevivir, sobrevivir de verdad, lo último que necesita es alguien que le diga que abra los ojos.

Vani G. Leal, psicóloga.

La telerrealidad, ¿verdad o mentira? Criticar por criticar

La telerrealidad, ¿verdad o mentira? Criticar por criticar

¿Qué hay de verídico en un programa de telerrealidad? ¿Fingen los personajes?¿Tienen estrategias para ganar?¿Se enamoran o aparentan que se enamoran?¿Son profesionales de la televisión?

En primer lugar, y después de más de diez años de programas de vida en directo (Gran hermano, Supervivientes, La isla de las tentaciones, Gran hermano Vip, etc), podemos asegurar desde el punto de vista psicológico que todos los personajes que participan en los realities son absolutamente reales y verídicos. Eso no quiere decir que no manipulen, que no finjan, que no lleven estrategias, claro que sí, pero es que en la vida real las personas también manipulan, fingen  y elaboran estrategias.

¿Una persona puede enamorarse en dos días dentro de un concurso? Por supuesto, en la calle las personas se enamoran en dos horas, en un día, en una conversación, así que no existe diferencia alguna. ¿Algunos concursantes están predispuestos a enamorarse? Pues también, pero volvemos a lo mismo, en la vida muchas personas están predispuestas a enamorarse, ¿por qué iba a ser diferente en un programa de televisión?

¿Exageran comportamientos para destacar? Pues algunos de ellos seguramente, dependerá del grado de consciencia que tengan de las cámaras y de la visión que crean que es mejor mostrar, pero tampoco es nada nuevo, todos conocemos personas que exageran cuando alguien las mira, entonces, ¿qué diferencia hay dentro de un concurso?

La verdad es que el éxito de la telerrealidad radica en eso, en que al final todas las personas se ven representadas por alguno de los personajes que hay dentro y como espectador empatizas, sufres o te diviertes con ellos.

¿Los programas manipulan a los concursantes? Desde luego, es un show y, como tal, busca la confrontación, busca el drama, busca el amor, busca la reconciliación, busca todas y cada una de las situaciones que puedan dar audiencia y la audiencia no la dan un grupo de personas tranquilas, racionales y sosegadas, la audiencia la dan las emociones desbordadas y, por lo tanto, se buscan personas que puedan aportar esa dosis de explosión visceral. Los programas hacen su trabajo, quieren entretener y harán siempre todo lo posible para que eso suceda.

Ahora bien, ¿se extralimitan? Pues también, porque a veces crean situaciones psicológicamente muy duras que pueden traer consecuencias emocionales a los que las viven. ¿Quiere decir que al programa no le importa lo que les suceda? Bueno, yo no diría tanto, sí que les importan, pero supongo que parten de la base de que son mayorcitos para decidir dónde se meten y hay suficientes precedentes como para que sepan por las situaciones que van a tener que vivir. 

¿Todo el mundo está preparado para pasar por esta experiencia? Categóricamente, no.

Mentalmente hay que ser fuerte, hay que pasar del qué dirán y hay que tener los pies en el tierra para ir a un concurso de estas características. ¿El verdadero problema de la telerrealidad? Que entra mucha gente mentalmente más débil, a la que le afecta mucho el qué dirán y con los pies en todas partes menos en el suelo, pero vamos, no se diferencia en nada a la vida real porque en el mundo conviven personas muy variadas; fuertes, débiles, evitativas, confrontativas, realista, soñadoras, tranquilas, nerviosas, comedidas y desmedidas, así que en un concurso que imita la realidad, no podía ser de otra manera. 

¿Por qué tiene tantos detractores? Bueno, es fácil catalogar un concurso así como de superficial y banal, pero la verdad es que de superficial y banal lo único que tiene son las opiniones y críticas de las personas que lo comentan, que se amparan en que los concursantes saben a lo que están expuestos para despellejarlos sin ningún tipo de miramientos, pero vamos, nada nuevo tampoco porque en la vida también existen los criticones profesionales que juzgan con severidad todo lo que hacen los demás. 

Desde la perspectiva psicológica del asunto, que es mi único cometido, diré que venden un poquito su alma al diablo, exponen su vida a cambio de fama, de notoriedad, de espectáculo y es lícito, por supuesto, pero harían bien en prepararse mejor mentalmente porque es una forma de ganarse el sustento que no tiene marcha atrás. Una vez entras en ese círculo, tu vida queda marcada y grabada y a veces quitarse esa etiqueta, y más si no vas a vivir de ello, es una tarea muy complicada porque todo el mundo se creerá con derecho a juzgar lo que hagas.

Quizás ahí está verdaderamente el problema, que nos creemos con derecho a criticar más ferozmente a alguien solo porque sale en televisión.  Él o ella se lo ha buscado, para eso están ahí, que no se hubieran metido, ya saben a lo que iban, para eso cobran…

Todos podemos opinar sobre lo que hacen los demás, pero opinar es una cosa y despellejar otra muy distinta. Y hablando claro, las personas en su mayoría, fuera o dentro de un reality, son más propensas a los juicios negativos, los insultos y las faltas de respeto que a la comprensión, la empatía o la tolerancia.

Y aquí quería yo ir a parar, no son malos estos programas de televisión, no son telebasura como algunos los llaman, son solo un espejo de nuestra propia realidad, un espejo donde vemos reflejadas todas nuestras costumbres como sociedad y, tal vez no te guste lo que ves, pero que no te guste no significa que no sea real y que no sea auténtico, porque si miras en tu trabajo, con tu familia, con amigos y compañeros, todo lo que sucede dentro de la telerrealidad: peleas, conflictos, amores, infidelidades, dudas, posicionamientos, etc,  lo tienes representado en tu propio mundo cada día. La vida ya es un espectáculo de por sí, la televisión solo se aprovecha de ello. 

Vani G. Leal, Psicóloga. 

Odiar o amar la Navidad, he ahí la cuestión ¿Adoras la Navidad o crees que es una farsa consumista?

Odiar o amar la Navidad, he ahí la cuestión ¿Adoras la Navidad o crees que es una farsa consumista?

Luces de colores, abetos navideños, anuncios lacrimógenos, películas sensibleras, regalos, comer, comer y comer, reuniones familiares, emociones, compras, reencuentros y volver a comer, comer y comer.

La Navidad es una época rara del año porque parece que todos debamos ser más buenos, más generosos, más amigables, más bondadosos y, sobre todo y ante todo, más tiernos.

Se apela al sentimiento navideño, «es Navidad», y tú has decir: «ah, bueno claro, como es Navidad».

Sí, la verdad es que es una tradición hecha cultura o una cultura hecha tradición, hay que ser feliz y hay que estar alegre, ¿por qué? Porque es Navidad.

Supongo que antiguamente era la excusa para dejar un poco de lado la vida de mierda que llevaban e intentar disfrutar de lo poco que tenían.

Para muchos de nosotros es fácil estar cerca de las personas que queremos y comprarles regalos y, más fácil aún, comer cualquier cosa que se nos ocurra, pero eso es un privilegio de dos generaciones, porque para nuestros abuelos y bisabuelos seguramente la Navidad era una sensación muy distinta. Si tenían algo de suerte verían a familiares que estaban lejos y podrían poner algo diferente en la mesa para comer y, por supuesto, los regalos nada que ver con las aspiraciones que tenemos ahora.

Somos privilegiados y hemos de sentirnos privilegiados porque, por desgracia, no todos a día de hoy tienen nuestra suerte.

También tenemos la otra cara de la moneda, como en todo, aquellos que te anuncian y te intentan convencer de que la Navidad es una patraña, una farsa para que consumas y compres, una época totalmente hipócrita.

Bueno, en parte tienen razón, porque todo está pensado para que salgas a comerte las tiendas y te dejes el máximo dinero posible, pero si lo miramos así, también es un dinero que nos beneficia a todos, porque consumir no solo alimenta a las mega macro empresas, también a las tiendas de barrio que imprimen tarjetas o fotos, a los pequeños comercios de juguetes, de ropa, de regalos, a familias enteras que viven de hacer o vender turrones, polvorones o dulces navideños…

Que es una época hipócrita, pues a lo mejor, porque tal vez personas que no se pueden ver ni en pintura intenten hacer el esfuerzo de convivir unos días, pero si esa es la hipocresía bienvenida sea, porque a lo mejor ese esfuerzo ayuda a que dos personas se acerquen.

Quizás si es una tradición hipócrita y consumista el hecho de que en Navidad tengamos que sacar lo mejor de nosotros, pero si lo pensamos con un poco de sentido humano, menos mal que existe una época del año en que nos obligamos a ser mejores personas.

Puedes odiar o amar la Navidad, pero no puedes negar que la Navidad atrapa. Y atrapa por una sencilla razón: en el fondo a todos nos encanta tener la excusa para estar un poco más alegres.

 Vani G. Leal, Psicóloga.

Creo que mi hij@ tiene trastorno del espectro autista Asimilar y aceptar

Creo que mi hij@ tiene trastorno del espectro autista Asimilar y aceptar

El autismo es un trastorno neurobiológico que tiene como características dos aspectos fundamentales: dificultades en la comunicación y en la interacción social y patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, actividades o intereses.

Pero, ¿qué significa esto exactamente y, más importante, qué consecuencias tiene en la vida diaria?

En primer lugar, hay que decir que hay muchos y variados grados de TEA (trastorno del espectro autista) porque no solo depende de su propio desarrollo personal, sino también de los apoyos exteriores, por lo tanto, no hay dos personas con autismo iguales. Las hay que pueden vivir de forma independiente y las hay que necesitan ayuda y soporte para todo.

En segundo lugar, hay que decir que todo niño o niña con autismo mejora y progresa cuanto mayor sea el apoyo que obtiene de su entorno. Las familias que aceptan lo que está sucediendo suelen buscar ayuda en profesionales y, por suerte, a día de hoy hay diferentes herramientas como la Terapia ABA (Análisis conductual aplicado) que busca reforzar todas aquellas conductas positivas y extinguir aquellas que no le ayuden en su desarrollo. 

Abaterapia en Madrid es uno de los muchos centros que hace Intervención Terapéutica del Autismo infantil y su lema “L@s niñ@s tienen que aprender divirtiéndose” enseña lo fundamental que es integrar el juego en el aprendizaje.

Asumir el autismo de un hijo o hija con normalidad

Darte cuenta de que la persona que más amas tiene algún tipo de problema es sin duda un proceso doloroso y difícil, sobre todo por el miedo que conlleva no saber qué pasará el día de mañana o si sabrá valerse por sí mismo.

Las dudas y el miedo son una respuesta emocional normal ante este tipo de obstáculos y es sano y positivo ser capaz de hablarlo en voz alta.

¿Podrá vivir solo? ¿Será feliz? ¿Podrá tener amigos y amigas? ¿Me abrazará? ¿Entenderá todo lo que le digo? ¿Sabrá que le quiero? ¿Seré capaz de entenderle?

Seguro que tienes millones de preguntas que, si te digo la verdad, nadie podrá contestar, porque ninguna madre o padre sabe lo que le deparará a su hijo. Y sí, es evidente que el autismo es un obstáculo importante, pero el amor, la información y las ganas de ser feliz son un poderoso componente para lograr ayudar a tu hij@.

Las necesidades de un niñ@ con TEA

Si hemos dicho que no hay dos niñ@s con TEA iguales, las necesidades que presenten serán absolutamente diferentes. Sí que habrá aspectos en común, como establecer estructura y orden en las rutinas o potenciar la comunicación, pero cada niñ@ es único y requerirá herramientas, juegos o actividades diferentes.

Pero, lo que sí necesitan todos de forma general es que tengas paciencia. 

Y la paciencia es saber esperar a que esa persona vaya aprendiendo a su propio ritmo y no al que a ti te gustaría que fuera. Es bueno motivar, apoyar y asegurar herramientas de desarrollo, pero no es bueno presionar, atosigar o enfadarse cuando algo no sale como esperamos. 

Cada niñ@ tiene su ritmo, recuerda, no el tuyo.

Toda ayuda es bienvenida

A veces al no querer admitir lo que le está sucediendo dejas de informarte y buscar apoyo. Es un gran error. Es normal necesitar un periodo de adaptación hasta aceptar que tu hij@ tiene TEA, pero cuanto antes lo asimiles y aceptes, antes empezarás a buscar herramientas, ayudas o profesionales que te guiarán en este proceso. 

Implícate tú, implica a tu familia, implica a tus amigos, busca centros, ves a charlas, acude a grupos de apoyo, sin duda lo que vas a vivir con tu hij@ es una experiencia difícil, pero tú puedes decidir si difícil y triste o difícil y feliz.

Vani G. Leal, Psicóloga.

¿Cuán inteligente soy? Y, ¿de qué me sirve saberlo? El coeficiente intelectual y otras inteligencias

¿Cuán inteligente soy? Y, ¿de qué me sirve saberlo? El coeficiente intelectual y otras inteligencias

En un momento donde queremos medirlo todo, la inteligencia no podía ser menos, y conocer cuáles son nuestras habilidades se ha convertido en una herramienta para saber a qué dedicarnos, para qué servimos, hacia dónde dirigir nuestro futuro o, simplemente, para entendernos un poquito mejor.

A día de hoy, el Cociente intelectual y la Inteligencia emocional son los test más populares para averiguar nuestras aptitudes, así que vamos a tratar de explicar qué son y para qué sirven.

En primer lugar, tenemos el coeficiente intelectual que mide algunas habilidades como la inteligencia matemática, la viso espacial o la lingüística, entre otras, y su puntuación te da una orientación aproximada de en qué promedio te encuentras dentro de la población.

Aquí tienes un ejemplo de este test y que puedes realizar en 10 minutos.

Por otra parte, tenemos la Inteligencia Emocional que son las diferentes habilidades cognitivas que poseemos como la empatía, las habilidades sociales o la capacidad para motivarnos.

Y, dicho esto, ¿qué puede aportarte conocer tu inteligencia?

Lo que puede aportarte es información sobre ti mismo, algo que sí es importante para todo en esta vida. La información es poder y qué mejor que conocer cuáles son tus auténticos poderes y cuáles tus auténticas limitaciones.

Aquí no se trata de si eres tonto o listo, eso es un concepto absolutamente erróneo que, por desgracia, utilizamos con frecuencia. La realidad es que todos somos inteligentes, pero en diferentes cosas.

Habrá personas que tengan una asombrosa habilidad para las matemáticas, pero carezcan de habilidades sociales, y habrá personas que tengan una maravillosa habilidad social, pero carezcan de inteligencia matemática. Y, por supuesto, habrá personas que tengan las dos, pero que estén un poco faltos de otras.

Así es el cerebro, nos dota de unas cosas y nos limita otras y por eso somos todos tan diferentes a pesar de ser iguales.

Pero, si eres capaz de averiguar cuales son tus mejores armas para enfrentarte a la vida, las opciones se multiplican y podrás saber mejor hacia dónde dirigir tus pasos o qué cosas hacer para compensar tus limitaciones.

El éxito en la vida no es una cuestión de azar, por lo tanto, si lo qué quieres es éxito/felicidad, lo primero que has de lograr es conocerte un poco mejor.

Una cosa quiero añadir, muchas personas se sienten defraudadas cuando no obtienen los resultados esperados, es evidente que a todos nos encantaría ser genios, pero la realidad es que la mayoría somos personas normales, con parámetros normales, con puntuaciones normales.

De lo que se trata es de que encuentres una orientación, de que seas consciente de aquellas cosas que se te dan bien y de aquellas cosas que si quieres que se te den mejor tienes que potenciar, porque no olvides que los test están hechos para encontrar unos parámetros precisos, pero la voluntad, la actitud y el empuje es algo que depende y decides tú.

Por último, me gustaría explicar que no existen habilidades mejores que otras. Hasta hace relativamente poco, incluso a día de hoy, la inteligencia matemática o la lingüística son de las mejor valoradas, pero se ha demostrado que para la felicidad no importa si tienes la matemática, la viso espacial o la interpersonal, lo que de verdad importa es cómo la utilizas y para qué, lo que importa es que sepas sacar partido a las que tienes sin importar cuáles sean.

La felicidad no es exclusiva de los matemáticos (Inteligencia matemática), ni de los arquitectos (Inteligencia viso espacial), ni de los políticos (Inteligencia lingüística), la felicidad es de quién aprovecha sus cualidades para aprender a suplir sus defectos, la felicidad es de quién utiliza las herramientas que tiene a su alcance y no se deja amedrentar por los obstáculos.

Así que, busca cuestionarios y averigua tus puntos fuertes, porque la batalla comienza por el autoconocimiento, una información que puede ayudarte a caminar con mucha más felicidad por la vida.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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Inteligencia Emocional de lunes a domingo

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