Vive el momento, disfruta de la vida, libérate, aprovecha los obstáculos, no te rindas, puedes conseguir lo que te propongas, querer es poder, la vida es lo que tú decides, etc. 

¿Cuántas veces oímos estos mensajes a lo largo del día? Muchos, la verdad es que muchos, en la radio, en la televisión, en carteles publicitarios, en las esquinas de cualquier página web. La publifelicidad está por todas partes recordándonos continuamente que la tan perseguida felicidad está al alcance de nuestra mano.

Pero en ninguno de esos anuncios tan estupendos se especifica el contexto real de la vida: trabajar mucho, cobrar lo justo, atender, mimar y cuidar a los hijos, las obligaciones y las responsabilidades con familiares, pareja y amigos, los miedos, los conflictos, la falta de tiempo…, y podría seguir y seguir en una larga lista de obstáculos, decisiones y acciones que condicionan y mucho nuestra vida.

Así que, después de escuchar o leer esos benditos mensajes, te queda una sensación de estúpida impotencia porque sientes que es tu culpa no ser feliz, con lo fácil que parece y tú no lo haces (vamos, como si alguien quisiera ser infeliz a propósito).

Ante todo, analicemos primero este concepto: ¿qué significa la felicidad?

Si simplificamos las áreas de la vida en profesional, personal y emocional, la felicidad en todo su esplendor sería amar tu trabajo, tener exactamente el tipo de familia y amistades que deseas y sentirte a gusto con tu propia personalidad (facilito, ¿no?).

Pero la verdad es que, incluso teniendo las tres cosas, uno puede sentirse desdichado por millones de motivos, porque la vida es mucho más compleja que todo eso. Por lo tanto, lo primero que tienes que tener claro es que la palabra felicidad es un concepto bastante cruel porque nos genera una expectativa tan elevada que llegar a ella se convierte en una verdadera utopía.

Y, encima, todavía se complica más porque te dicen muy sabiamente: lo tienes todo, un techo, comida, trabajo, hijos, pareja… ¿Qué te pasa que no eres feliz? Has de estar agradecido.

Pues sí, ¿qué me pasa que no soy plenamente feliz si tengo todo lo que dicen que hace falta para serlo? Pues nada, no te pasa nada raro, simplemente nadie nos ha enseñado a manejar de forma sana, positiva y equilibrada todas las cosas que nos van sucediendo.

No, no es para desanimarte, es para que dejes de perseguir un invento publicitario y te centres en algo real y palpable que sí es más fácil de sentir y distinguir, los momentos felices.

¿Y qué son los momentos felices? Pues depende de la situación y depende de la persona; una cena con amigos, un cumpleaños, un paseo por el campo, un día en familia, sofá y Netflix, ir a la playa, una tarde de juegos con tus hijos e hijas, una comida familiar, salir a bailar… 

Los momentos felices son todos aquellos instantes plenos y divertidos que luego recuerdas y sonríes, porque eso sí podemos conseguirlo y porque eso sí es factible. Quizás no suene tan maravillosamente bien como la palabra felicidad, pero es mucho más realista. 

Pero, qué sería de un artículo de psicología sin un poco de trabajo personal:

Estamos de acuerdo en que perseguir la utópica felicidad es un trabajo verdaderamente difícil, así que seamos un poco más prácticos y un poco menos idealistas.

Yo no puedo decirte donde encontrar los momentos felices (eso sólo lo sabes tú), lo que sí puedo decirte es qué pensamientos, situaciones o acciones harán que sientas todo lo contrario, infelicidad pura y dura:

  • Si necesitas muchas cosas, ya sean materiales o emocionales, estás condenado a sufrir porque nunca serán suficientes.
  • Si intentas controlarlo todo a tu alrededor, estás condenado a sufrir porque, excepto lo que tú haces, piensas o dices, lo demás no está en tu mano.
  • Si vives por el qué dirán, estás condenado a sufrir porque las personas siempre hablarán de ti, de la misma forma que tú hablas de ellas.
  • Si te menosprecias o te infravaloras continuamente, estás condenado a sufrir porque tú mismo eres el enemigo.
  • Si te culpas cada día de tus errores, estás condenado a sufrir porque vives en el pasado.

Cuando sufres más de la cuenta, da igual por el motivo que sea, ni siquiera los momentos felices son suficientes para hacerte sentir bien, por lo que, a veces, es mucho más efectivo trabajar en no ser infeliz que trabajar en serlo.

Ya sé que no te estoy diciendo nada del otro mundo, es una verdad tan evidente que, cuando la lees, piensas, pues sí. Entonces, si es tan evidente, si sabes perfectamente los miedos que te hacen infeliz, no dejes que caigan en saco roto y haz algo con ellos.

No siempre pensar en grande es tan fantástico, nos lleva a crear un concepto de felicidad demasiado abstracto, demasiado irreal, demasiado perfecto y, en consecuencia, no tenemos ni idea de cómo alcanzarlo.

Pensemos en pequeño y en concreto y aparecerán ante nuestros ojos miles de instantes casi insignificantes que, en realidad, lo son todo. Ahí está el verdadero secreto de la felicidad, en ser consciente de que tus mejores momentos están dentro de tu vida diaria.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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