Todos creemos ser empáticos y comprensivos con los demás, pero lo cierto es que no lo somos tanto cuando algo nos afecta de un modo personal.

Pero, primero de todo, aclaremos los diferentes tipos de empatía que utilizamos:

Empatía emocional: sería aquella que nos hace conectarnos a otra persona a partir de las emociones. Por ejemplo, cuando ves llorar a otra persona y sientes pena y tristeza por ella (“pobrecilla, seguro que lo estará pasando mal, se la ve sufrir tanto, con lo duro que es estar en esa situación”).

Empatía racional: sería aquella que hace que te conectes a otra persona a través de la racionalidad. Por ejemplo, cuando ves a una persona llorar y comprendes los motivos que le han llevado a estar así (“pobrecilla, está triste y mal por las decisiones que ha tomado”).

Las dos empatías hacen que sientas lo mismo, pena, pero por vías muy distintas.

Todas las personas tenemos los dos tipos aunque en grados muy distintos. Hay quien tienen las dos muy desarrolladas (pocos, en realidad) y los hay que tienen mucho una y muy poco la otra (la mayoría).

¿Por qué es importante trabajar los dos tipos de empatía? Porque no saber empatizar con los demás, con lo que hacen, con cómo lo hacen o por qué lo hacen, son las causas más comunes de tristeza, estrés y ansiedad.

¿Alguna vez te has sentido poco apoyado, incomprendido, juzgado? ¿Cómo te ha hecho sentir? Pues tal vez no te hubieras sentido así si hubiera más empatía alrededor.  Y al revés lo mismo, si empatizas poco con las personas de tu alrededor, es fácil que muchas de ellas se sientan poco apoyadas, incomprendidas o juzgadas.

Pero vayamos a por faena:

¿Qué pasa si tienes más empatía emocional que racional?

Si tienes empatía emocional probablemente pasará (sobre todo si te afecta de algún modo) que aunque sientas pena por el sufrimiento de alguien te podrán más tus propias emociones que la pena, y te dejarás llevar  en vez de reflexionar y empatizar de verdad.

Por ejemplo, cuando alguien que te ha hecho algo o te cae mal le pasa algo malo, aunque te dé pena en un principio, luego acabas pensando: “se lo merece” o “que le den porque es…”

Y dirás ¿y qué? No quiero sentir pena por alguien que me ha hecho daño o por alguien que no tenga nada en común o por alguien que es malo o por alguien que no conozco de nada…

Sí, puedes pensar así, pero ¿sabes que estás obviando? Pues toda una realidad distinta a la tuya (vida más allá de tu propia persona). No sabes por qué esa persona es así o ha actuado de ese modo, no sabes qué clase de vida lleva detrás, no sabes sus miedos, sus fantasmas o sus experiencias, no sabes casi nada de la realidad de los otros (incluso conociendo a alguien de cerca, es mucho más lo que ignoramos que lo que sabemos de los demás).

Empatía no es ponerse en el lugar de alguien como yo o parecido a mí o que me cae bien, empatía es entender a otro ser humano a pesar de no estar de acuerdo con lo que hace, dice o piensa.

¿Qué pasa si tienes más empatía racional que emocional?

Si tienes empatía racional seguramente comprenderás la situación y te de pena, pero podrán más tus creencias y valores que la pena y te será más fácil alejarte o no inmiscuirte demasiado creyendo que cada cual ha de asumir sus consecuencias, osea que te alejes de las emociones.

Y dirás ¿y qué? Las personas han de asumir lo que hacen, me da pena pero hay que pensar las cosas antes de hacerlas. 

Sí, tienes razón, pero tú también estás obviando una realidad importantísima, las emociones y lo mucho que condicionan y limitan a las personas. Nadie se equivoca por gusto ni por capricho, ni todas las personas son tan conscientes como tú de lo que implica una decisión.

La empatía no solo consiste en comprender el por qué, también consiste en conectar y empatizar emocionalmente.

En conclusión, las personas empáticas emocionalmente han de pararse más a reflexionar y las personas empáticas racionalmente han de pararse más a sentir.

Vale, una vez sabiendo esto, ¿qué cosas podemos hacer para potenciar la parte que nos falta?

Pongámonos en situación: Alguien que es importante para ti ha hecho algo que te ha dolido o ha hecho algo totalmente inesperado que tú concibes como malo.

Da igual el tipo de empatía que tengas, en un primer momento, las acciones de los demás que nos afectan de algún modo nos despiertan emociones de enfado, tristeza, rabia, frustración… Contra esto nada podemos hacer, ni nada debemos hacer, las emociones hay que sentirlas porque nos ayudan a sacar fuera lo sucedido. Cuando lloras expulsas, cuando discutes expulsas, cuando te desahogas expulsas.

El cometido de las emociones es muy simple, adaptación. Si sientes una emoción significa que algo ha pasado y para saber qué es lo que ha pasado has de permitirte sentirlo. ¿Qué les sucede a las personas que hacen como si nada? Pues les pasa que acaban explotando por alguna parte porque no se permitieron sentir lo que había sucedido.

Bien, una vez ya lo hemos sentido (la rabia, el enfado, la frustración…) toca la segunda parte, los pensamientos. Y es aquí donde hay que diferenciar a los empáticos emocionales de los racionales porque sus formas de procesar el pensamientos son distintas.

Para los empáticos emocionales:

  • ¿Tú haces daño a los demás aposta?  No, ¿verdad? Pues los demás tampoco.
  • ¿Alguna vez has hecho daño a alguien por tus decisiones? ¿Querías hacerle daño? ¿Te supo mal? Pues a los demás también les pasa.
  • ¿Te has equivocado a lo largo de tu vida? Seguramente muchas veces, como todos. ¿Sabías que te estabas equivocando? Pues no, porque de haberlo sabido… Y si la respuesta es sí, a veces sabía que me estaba equivocando, significa que actuaste así por miedo, por inseguridad, por obligación…, por lo tanto, tampoco tenías demasiada alternativa, o al menos creías no tenerla. Pues al resto del mundo le pasa lo mismo, exactamente lo mismo que a ti.

Claro que afecta que alguien te haga daño y, evidentemente, depende de lo que sea no debes tolerarlo, pero si te lo llevas al terreno más personal perderás de vista la verdadera empatía, y la verdadera empatía no consiste en conectar con lo que ya entiendes, la verdadera empatía es aprender a conectar con las diferencias.

Empatizar con algo exterior que en nada te afecta o que estás totalmente de acuerdo no es empatía, es simplemente simpatía. 

Para los empáticos racionales:

  • ¿Alguna vez te has dejado llevar por tus emociones a pesar de saber que algo no iba bien?  Pues eso, saberlo es una cosa y hacer lo correcto o positivo otra muy distinta.   Si tú, que eres una persona más racional y reflexiva, a veces las emociones (miedo, amor, rabia, tristeza) te superan, imagina lo que le suponen esas mismas emociones a alguien que además es mucho más emocional que tú. 
  • ¿Qué pasaría si alguien que piensa o reflexiona más rápido que tú te hiciera sentir mal por ser más lento? ¿Te gustaría? Seguro que no, a nadie le gusta que le presionen a ser o hacer algo que no le sale. Las personas tienen un ritmo individual y el proceso de aprendizaje, tanto emocional como racional, es distinto en cada ser humano.

La verdadera empatía no solo consiste en entender el por qué a sucedido algo, también significa entender los errores como parte del aprendizaje y no dar la espalda solo porque no compartas las formas emocionales de otra persona, otra persona que no puede pensar como tú porque sencillamente tiene otro cerebro distinto al tuyo. 

Como veis empatizar no es un trabajo fácil porque requiere algo fundamental, pero a la vez poco valorado, comprensión. Y comprender es tener en cuenta que, por encima de todas las cosas somos seres humanos diferentes, con experiencias diferentes, con cerebros diferentes, con valores y pensamientos diferentes y que, la mayoría hace lo que puede con lo que sabe, a veces con maravillosos aciertos y otras veces con auténticas catástrofes.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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