Qué poco hablamos de la muerte siendo algo tan presente y natural. Supongo que nadie quiere pensar en algo que duele y asusta tanto, pero que no lo queramos pensar no significa que no vaya a suceder.

Nunca estamos preparados para decir adiós a un ser querido. Y no estamos preparados porque es algo a lo que no nos acostumbramos por muy normal que sea.

Pero, una vez que ha sucedido, una vez que ya se ha ido alguien importante para nosotros, ¿cómo podemos superarlo? ¿Cómo podemos llevar el duelo?

Lo primero que has de saber es que no hay una forma concreta de llevar el duelo. Dependiendo del tipo de personalidad, creencias, valores, entorno… cada persona sentirá, reaccionará y lo asumirá de forma muy distinta.

Dolor, pena, rabia, frustración, soledad, tristeza… son algunas de las emociones que se apoderarán de nosotros durante algún tiempo. ¿En qué orden y con qué intensidad? Pues depende de las circunstancias, depende del momento y depende de la persona que se haya ido. Pero lo que debes tener claro es que no son emociones que puedas eludir o bloquear porque son necesarias para llegar a la aceptación.

Si has de llorar llora hasta vaciarte, si has de enfadarte y gritar, enfádate y grita lo que necesites, si has de dormir y descansar, duerme todo lo que puedas, si has de hablar sobre lo que sientes, háblalo hasta quedarte sin voz y si lo que quieres es no hablar de nada, no hables de nada.

Hay personas que necesitarán unas semanas para asumir lo que ha pasado, otras algunos meses y otras necesitarán años. ¿Se supera? bueno, la verdad es que se asume, más que se supera. Sobre todo cuando son muertes inesperadas o trágicas, como puede ser la muerte de un hijo.

Por desgracia no todas las personas tienen la misma facilidad para saber lo que necesitan. Habrá que necesiten hablar pero ni si quiera lo sepan o no sepan cómo hacerlo y habrá que necesiten llorar pero no se lo permitan a sí mismas. Lo siento, poco podemos hacer ante eso.

El duelo es un camino personal e intransferible y respetarlo es importante, aunque sea complicado. A veces queremos ayudar a nuestros seres queridos pero no entendemos las reacciones que tienen y les apretamos para que actúen como lo haríamos nosotros. Pero olvidas que ellos no son tu. No tienen tu personalidad, ni tus herramientas, ni tus creencias…tienen las suyas. Respeta ese espacio y respeta esa diferencia y si quieres ayudar acércate por si te necesitan, expresa tus sentimientos y espera a ver si hacen lo mismo o pregúntales qué clase de ayuda necesitan. Porque no todos necesitamos lo mismo para superar un duelo.

Pero hablemos de la vida…

Si algo nos enseña la muerte es que estamos vivos y, eso significa, que aun tenemos tiempo para cumplir nuestros sueños y cambiar o mejorar todo aquello que nos preocupe.

Hay personas que después de una muerte sienten el impulso de correr riesgos, de cambiar de vida o de cometer locuras. Bueno, es una opción, aunque suele ser un lapsus temporal producto de las emociones que has sentido y por eso con el tiempo se vuelve a la normalidad.

Pero ese primer impulso es maravilloso en realidad. Cuando muere alguien lo primero que pensamos es que la vida tiene fecha de caducidad y pensamos que hay que ponerse las pilas.

Y es verdad, hay que ponerse las pilas…

  • Has de valorar lo que tienes y si no te gusta, corregirlo o cambiarlo.
  • Has de evaluar tus prioridades porque a veces perdemos mucho tiempo en cosas que al final no son tan importantes.
  • Has de repasar las personas que tienes en tu vida y ajustar las relaciones para que sean lo más equilibradas posible.
  • Has de solucionar todo lo que creas tener pendiente.
  • Has de preguntarte cómo quieres que sea tu vida y si estás haciendo lo necesario para conseguirlo.
  • Has de decir a las personas que quieres que son importantes para ti.

La muerte no suele tener nada de bueno, pero puede tenerlo si conviertes esa tristeza del que se va por la alegría de los que si están. Si conviertes la rabia o el enfado por empuje y fuerza hacia tus sueños. Si conviertes el dolor del vacío por recuerdos que se quedan contigo.

No, no tiene nada de bueno la muerte, pero la vida sí que lo tiene. Y tú estás vivo. Así que como dijo Horacio, poeta romano, aprovecha el momento, CARPE DIEM.

Vani G. Leal

Psicóloga

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