Luces de colores, abetos navideños, anuncios lacrimógenos, películas sensibleras, regalos, comer, comer y comer, reuniones familiares, emociones, compras, reencuentros y volver a comer, comer y comer.

La Navidad es una época rara del año porque parece que todos debamos ser más buenos, más generosos, más amigables, más bondadosos y, sobre todo y ante todo, más tiernos.

Se apela al sentimiento navideño, «es Navidad», y tú has decir: «ah, bueno claro, como es Navidad».

Sí, la verdad es que es una tradición hecha cultura o una cultura hecha tradición, hay que ser feliz y hay que estar alegre, ¿por qué? Porque es Navidad.

Supongo que antiguamente era la excusa para dejar un poco de lado la vida de mierda que llevaban e intentar disfrutar de lo poco que tenían.

Para muchos de nosotros es fácil estar cerca de las personas que queremos y comprarles regalos y, más fácil aún, comer cualquier cosa que se nos ocurra, pero eso es un privilegio de dos generaciones, porque para nuestros abuelos y bisabuelos seguramente la Navidad era una sensación muy distinta. Si tenían algo de suerte verían a familiares que estaban lejos y podrían poner algo diferente en la mesa para comer y, por supuesto, los regalos nada que ver con las aspiraciones que tenemos ahora.

Somos privilegiados y hemos de sentirnos privilegiados porque, por desgracia, no todos a día de hoy tienen nuestra suerte.

También tenemos la otra cara de la moneda, como en todo, aquellos que te anuncian y te intentan convencer de que la Navidad es una patraña, una farsa para que consumas y compres, una época totalmente hipócrita.

Bueno, en parte tienen razón, porque todo está pensado para que salgas a comerte las tiendas y te dejes el máximo dinero posible, pero si lo miramos así, también es un dinero que nos beneficia a todos, porque consumir no solo alimenta a las mega macro empresas, también a las tiendas de barrio que imprimen tarjetas o fotos, a los pequeños comercios de juguetes, de ropa, de regalos, a familias enteras que viven de hacer o vender turrones, polvorones o dulces navideños…

Que es una época hipócrita, pues a lo mejor, porque tal vez personas que no se pueden ver ni en pintura intenten hacer el esfuerzo de convivir unos días, pero si esa es la hipocresía bienvenida sea, porque a lo mejor ese esfuerzo ayuda a que dos personas se acerquen.

Quizás si es una tradición hipócrita y consumista el hecho de que en Navidad tengamos que sacar lo mejor de nosotros, pero si lo pensamos con un poco de sentido humano, menos mal que existe una época del año en que nos obligamos a ser mejores personas.

Puedes odiar o amar la Navidad, pero no puedes negar que la Navidad atrapa. Y atrapa por una sencilla razón: en el fondo a todos nos encanta tener la excusa para estar un poco más alegres.

 Vani G. Leal, Psicóloga.

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