Qué difícil es tomar una decisión, te dicen, decídete, te quedas o te vas, me amas o no me amas, te gusta tu vida o no te gusta, pero lo que sentimos no es blanco o negro, lo que sentimos tiene millones de matices y decidir qué es lo mejor o decidir qué es exactamente lo que queremos es algo sumamente complicado.

Y luego está el miedo,  miedo a equivocarse, a perder algo, a que no haya marcha atrás, a quedarse solo…

Por eso, porque el miedo es el mayor enemigo de las decisiones, lo primero y más importante que hay que descubrir es qué miedo hay detrás de que no seas capaz de tomar una decisión.

Un poco de miedo está dentro de la normalidad, hay que tener en cuenta que no tenemos todas las respuestas y tomar una decisión siempre es arriesgado, así que asume la incertidumbre y asume que tomar la decisión correcta no siempre equivale a que las cosas salgan perfectas.

Por otro lado, tomar la decisión correcta tampoco es sinónimo de sentirse de maravilla en el mismo momento porque, a veces, se necesita un periodo de tiempo para notar las consecuencias de lo que hemos elegido.

Hagamos un ejercicio: cierra los ojos e imagínate tomando la decisión. ¿Qué ves? ¿Cómo te sientes? ¿Qué te ves haciendo? ¿Qué obstáculos eres capaz de visualizar? ¿Cómo te ves superándolos?

No, no es metafórico, es literal. Cierra los ojos y echa tu mente a volar. La mente no tiene límites y en tu mente solo mandas tú. Imagínate libre de miedos y visualízate lo más feliz posible.

Hagamos las preguntas otra vez. ¿Qué has visto? ¿Cómo te has imaginado? ¿Qué había de diferente en tu vida?

Ahí tienes tus decisiones…

Del dicho al hecho hay un trecho, ¿verdad? Eso es lo malo, que pensarlo es una cosa y hacerlo otra muy distinta. Ese es el verdadero problema de las decisiones, que las tomamos, pero no somos capaces de llevarlas a cabo.

Volvamos al miedo otra vez.

El miedo solo toma malas decisiones, o peor, ni siquiera toma decisiones. El miedo bloquea, colapsa, estanca, nubla…

¿Y si me equivoco y me arrepiento? Pues al menos lo habrás intentado y, si usas bien el cerebro, sabrás dirigir tus pasos hacia el lugar que mejor te convenga.

No, este no es un artículo en el que te doy unos pasos para tomar la mejor decisión o, al menos, tomar una decisión porque, sencillamente, no existen pautas para ser valiente y, no nos engañemos, tomar decisiones es de valientes.

Arriesgar, atreverse, tirarse a la piscina o estancarse, quedarse parado y tener lo mismo de siempre.

Claro que no es sencillo tomar una decisión, pero ¿de verdad es más fácil no hacer nada? ¿Seguro? ¿Es más fácil vivir con la pena, con las ganas, con el miedo?

Pues no, ten por seguro que continuar con lo mismo de siempre, haciendo lo mismo de siempre por miedo no es lo más fácil, ni te aporta equilibrio, ni por supuesto te aporta seguridad, todo lo contrario, en realidad.

Cuando tenemos miedo de hacer algo diferente a lo que tenemos, dejamos de lado nuestros sueños y nos estamos dando un mensaje alto y claro de que más vale malo conocido que bueno por conocer. ¿Crees que eso no afecta a tu seguridad? ¿Crees que el hecho de dejar de lado tus ilusiones no pasa factura a tu autoestima?

A ver, no es malo querer estar donde quieres estar, no es malo no necesitar nada más de lo que tienes, lo malo es desear algo diferente, pero no hacer absolutamente nada para conseguirlo.

Al final has de poner en la balanza todo lo que tienes y todo lo que deseas y pensar realmente si vas a poder renunciar a tus sueños sin que te pase demasiada factura.

¿Qué significa demasiada factura? Significa estar triste, significa estar enfadado, significa estar deprimido por todo aquello que anhelas y no te atreves a conseguir.

Tomar decisiones es de valientes, valientes que tienen miedo pero deciden que merece la pena probar algo mejor o, simplemente, intentar algo diferente. Puede salir bien o mal, mejor o peor, pero sin acción nunca hay resultados.

Reflexiona sobre ello, sal a pasear, tómate unos días para meditar y luego, si sigues creyendo que debes tomar una decisión y ser valiente, traza una estrategia.

Ten en cuenta cómo eres (autoconocimiento), ten cuenta los obstáculos propios y ajenos que te vas a encontrar, ten en cuenta que los cambios no llegan de la noche a la mañana y sobre todo ten en cuenta que los tropiezos son inevitables.

Nadie te garantiza que lo vayas a lograr, nadie te garantiza que las cosas te vayan a ir perfectas, pero solo el hecho de cambiar algo ya puede cambiar tu vida por completo, así que, al menos, inténtalo.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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