Rellenar vacíos es algo que se nos da muy bien, aunque muy mal a la vez. Comemos, bebemos, fumamos, compramos, nos enganchamos a personas, al trabajo, a drogas, a situaciones y pretendemos que nos alivie la sensación angustiosa de no saber por qué sentimos un vacío constante.

Es complicado saber qué parte de nosotros no está satisfecha, qué es lo que nos falta o lo qué nos sobra, qué es lo que nos ahoga o nos abruma, qué es lo que no nos deja ser feliz,  ¿o sí lo sabemos? Quizás lo difícil no es saberlo, lo difícil es reconocerlo, sentirlo, aceptarlo y hacer algo adecuado para cambiarlo.

El auto engaño es lo primero que tenemos que tener en cuenta. La mayoría de veces al no ser capaces de hacerle frente a la realidad nos protegemos (mecanismo de defensa) y nos engañamos con excusas y mentiras creyendo así que estamos a salvo, pero no lo estamos.

No querer admitir tus problemas es normal porque da miedo, a veces parece una solución adecuada ignorarlos o hundirlos en algún lugar de la mente, pero por mucho que los guardes los problemas te afectan igual y aunque los acalles con muros alrededor, el vacío sigue apareciendo una y otra vez.

Por eso comes, por eso bebes, por eso vas de una persona a otra, por eso compras, por eso tienes comportamientos dañinos y negativos creyendo que te ayudan a taponar lo que sientes.

Pero lo siento, nunca vas a rellenar el vacío de esta forma, lo único que vas a conseguir es que un pequeño agujero se convierta en un enorme pozo de ansia y necesidad.

¿Y qué podemos hacer? Escuchar, sentir y aceptar.

  1. Escucharnos para empezar. Escuchar más allá de tu muros, escuchar aquello que te da miedo o no quieres oír. No creas que el hecho de no pensarlo hace que no exista.
  2. Sentir la tristeza, el dolor, la frustración, la rabia…, sentir esas emociones que no quieres sentir, aunque estas te parezcan negativas, no es malo, solo duelen eso sí y eso nada ni nadie puede evitarlo y lo sabes, lo sabes porque a pesar de tus intentos desesperados por rellenar el vacío, sigue  doliendo y sigue estando vacío.
  3. Aceptar la realidad, aunque esta no te guste y aceptar que, hoy por hoy, es lo que es y te afecta del modo en que te afecta.

¿Y ahora qué?

Pues ahora toca reflexionar un poco sobre tu vacío y entender que es normal sentirse así. Lo que deseamos, lo que necesitamos, lo que anhelamos tiene mucha fuerza, tanta como para generar un bucle de tristeza y ansiedad que no se va por mucho que quieras.

Tal vez desear algo diferente hace que tengas que renunciar a tu zona de confort, tal vez lo que necesitas choca con lo que necesita otra persona, tal vez lo que anhelas hace que tengas que replantearte tu estilo de vida. Sí, es complicado, no te lo voy a negar porque los cambios provocan pánico (más vale malo conocido que bueno por conocer), produce demasiada inseguridad lo nuevo y nos aferramos a lo que conocemos, aunque no sea lo que de verdad queremos.

Pero, ¿cuánto tiempo puede sostenerse una mentira? Exacto, puedes sostenerla años, pero el precio es muy alto.

¿Vale la pena? eso es algo que tendrás que decidir por ti mismo, pero pregúntate si merece la pena que el miedo sea más poderoso que tu felicidad.

Y sí, también sé que el miedo es difícil de combatir, pero no te creas ni por un instante que los cambios sólo se producen cuando uno deja de tener miedo porque el miedo es una constante en la vida y lo único que podemos hacer es aprender a combatirlo a base de decisiones a pesar del miedo; el miedo no se supera, se practica.

Los vacíos emocionales son horriblemente pesados, pero son auténticos mensajes de que algo no va demasiado bien, no te escondas, no los entierres, no los pases por alto porque son mensajes que vienen directamente de la persona que mejor te conoce en el mundo, tú mismo.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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