¿Por qué reflexionamos más en vacaciones? porque estamos más relajados, así de simple.

El cerebro es un músculo que necesita estar en reposo para rendir al máximo, así que en los periodos de vacaciones, al estar tranquilos, descansados o más felices, somos más conscientes de aquellas cosas que necesitamos cambiar o eliminar de nuestra vida.

Una relación que no funciona, una inseguridad que te limita la vida, un objetivo que no consigues cumplir, una rutina que te amarga…

Pero ser consciente de que querer cambiar y cambiar son dos cosas muy distintas. Es por eso que muchas veces lo pensamos, pero no lo llevamos a cabo.

¿Qué podemos hacer para que nuestras reflexiones no se queden en una mera idea?

  1. Mejor un objetivo sólido que cinco volando.

Seguro que de entre todas las cosas que has pensado hay una que destaca entre las otras. Pues elígela y ponte con ella.

  1. Mejor la estrategia que la espontaneidad.

Si quieres lograr los cambios que te propongas vas a tener que planificar una estrategia realista, adecuada a cómo eres, y tener en cuenta los obstáculos.

Si eres una persona de tendencia sedentaria y poco constante, no pretendas ir al gimnasio siete días por semana, ni alimentarte a base de verduras, porque el empujón te durará poco y lo dejarás al primer obstáculo. Mejor busca un deporte que te divierta, ves un par de veces o tres por semana y busca un dieta equilibrada y variada que no te aborrezca solo con leerla.

Si eres una persona con tendencia a ser negativa, no pretendas en una semana ser la positividad personificada, ni es real, ni es posible. Mejor busca pensamientos alternativos y ves practicando cada vez que seas consciente de que estás siendo negativo. Si vas practicando a menudo tu cerebro irá modificando tus pensamientos poco a poco.

Como ves todo es poco a poco, paulatinamente, paso a paso…

Los cambios eficaces son aquellos que conllevan un cambio de mentalidad y la mentalidad se modifica cuando instalamos una rutina nueva, ya sea mental o física, a nuestra vida.

  1. Los obstáculos son inevitables.

Habrá días que no tengas tantas ganas, días que volverás a viejas costumbres, días que lograrás cumplir tus expectativas, días que todo te saldrá mal y días que querrás mandarlo todo a la mierda. No pasa nada, es normal fluctuar entre emociones y es normal que no todo salga ni tan bien, ni tan rápido como querríamos.

No abandones solo porque haya días malos o porque hayas abandonado tu estrategia durante unos días. Es igual, en cuanto puedas, la retomas.

  1. Las excusas son nuestro peor enemigo.

“Haga lo que haga siempre me pasa lo mismo”, “no sirve para nada”, “nunca cambiaré”…

Excusas, excusas y excusas.

Si no te funciona lo que estás haciendo busca nuevas estrategias, pero no abandones por decirte que no funciona o no sirve, porque hay mil maneras de hacer las cosas y tu solo has probado algunas de ellas.

  1. Miedo a lo desconocido

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”, es un dicho cargado de miedo. Significa que es mejor estar en tu zona de confort, aunque ésta sea mala, que arriesgar por algo que no sabes. ¿Es cierto? Pues no. Estar mal en tu zona de confort es estar mal siempre ¿es lo que quieres?

Todos tenemos miedo a los cambios, porque la incertidumbre es una sensación que escapa a nuestro control. No saber si estás preparado, no saber qué pasará, no saber cómo reaccionarán… Pero para estar mejor hay que arriesgar, porque quedarte en el mismo sitio no te dará nada más, de lo que ya tienes.

Las vacaciones son un refugio del día a día, un poco de aire puro para recargar pilas y continuar con la rutina, pero también son el trampolín de los sueños, porque en vacaciones conectamos con nosotros mismos, en vacaciones somos capaces de ver todo aquello que queremos o anhelamos y con todo ese oxígeno nuevo volar hacia lo desconocido, para tal vez, encontrar cosas mucho mejores.

Así que reflexiona un momento sobre todo lo que pensaste qué harías después de vacaciones y coge lápiz y papel, porque es hora de comenzar.

Vani G. Leal, Psicóloga.

Despacho Psicoreset Barcelona: Qué tipo de psicóloga soy y cómo trabajo.

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