¿Cuántas veces has pensado que alguien es falso porque crees que no dice lo que piensa? Y, ¿cuántas veces has pensado que alguien es demasiado sincero en sus opiniones?

Hoy hablaremos de dos actitudes completamente opuestas, las actitudes «sinceras» y las actitudes «falsas» (pero como estas etiquetas conllevan un valor positivo y negativo, que no me gusta nada, los cambiaré por comportamientos «directos» y comportamientos «discretos»).

Las personas que se comportan de forma directa suelen opinar que todo hay que decirlo a la cara, que es más honesto decir lo que se piensa y que la verdad siempre ha de ser escuchada.

Las personas que se comportan de forma discreta opinan que no hace falta entrar en conflicto por una opinión, que no es necesario decir todo lo que se piensa a la cara y que no siempre se tiene por qué compartir con los demás las ideas o creencias.

Los dos comportamientos tienen razones de peso para actuar así, por lo tanto, cada uno de ellos cree que su verdad es la lícita y correcta. Y tienen razón, los dos tienen razón, pero a la vez los dos están equivocados.

Para los directos:

  • ¿Por qué siempre hay que escuchar tu opinión si, seguramente, no siempre te la piden?
  • ¿Por qué crees que tu verdad, por ser en voz alta, es más verdad que la de quien no la dice?
  • ¿No crees que las personas tienen derecho a preservar algunas opiniones o a no querer expresarlas públicamente?
  • ¿Por qué crees que los demás han de ser como tú? ¿Por qué crees que es mejor ser así?

 Para los discretos:

  • ¿No crees que a veces se resuelven mejor las situaciones cuando uno se pronuncia en voz alta, aunque eso conlleve un mínimo enfrentamiento?
  • ¿No crees que a veces los demás tienen derecho a escuchar tus opiniones, sobre todo si les afecta?
  • ¿Crees que las personas pueden saber cómo tratarte si no expresas muchos de tus pensamientos? ¿Han de leerte la mente para averiguarlo?
  • ¿Por qué crees que los demás han de ser como tú? ¿Por qué crees que es mejor ser así?

No es mejor quien dice la verdad más alta ni es mejor el más discreto y neutral. No hay mejor ni peor, no hay bueno ni malo, lo que hay son dos formas de enfrentarse a las situaciones, y cada una de ellas tiene algunas ventajas y algunos inconvenientes.

Las personas con actitudes directas se enfrentan a las situaciones desde las vísceras, se enfadan y se exaltan, a veces pierden los papeles y luego tienen que disculparse por las formas. Suelen ser personas más emocionales y no pueden evitar saltar ante lo que ellas no consideran cierto.

¿Qué ventajas tiene ser directo? Que cargan menos peso porque dicen las cosas prácticamente cuando las piensan, que son personas que ves venir porque son bastante transparentes y que, igual de rápido que se enfadan, también se les pasa pronto.

¿Los inconvenientes? Que discuten continuamente y pueden ofender a los demás, que a veces al enfadarse dicen cosas que no dirían y que se llevan muchas decepciones cuando no coincide su verdad con la del otro.

En cambio, los discretos se enfrentan desde el control y la evitación, son personas más introvertidas y comedidas, con actitudes más opacas, lo que causa inquietud en los demás, al no saber bien cómo son o qué piensan. Normalmente, no se encuentran cómodas en medio de batallas dialécticas y prefieren hablar en privado y solo con gente de mucha confianza.

¿Qué ventajas tiene ser discreto? Que tienen menos enfrentamientos y son de convivencia más fácil, que no caen tan rápido en provocaciones y que puedes estar más en desacuerdo sin llegar a pelearte por ello.

¿Qué inconvenientes? Que se acaban tragando muchas cosas que les iría mejor decir, que no siempre pueden evitar el conflicto y eso les causa ansiedad, y que los demás tienden a desconfiar de su actitud.

(Ojo, esto es una mera aproximación porque, desde luego, somos muchos y variados y hay un abanico muy amplio de personas «directas» y «discretas»).

Como ves, no es cuestión de razón ni de verdad, solo es cuestión de personalidad, y la equivocación más habitual es creer que solo una de las actitudes es la adecuada o la correcta.

¿Qué pasaría si todo el mundo opinara a la cara, si todos dijéramos exactamente lo que pensamos del otro? Pues, seguramente, estaríamos todo el tiempo peleados, porque las verdades no siempre coinciden pero todo el mundo cree tenerlas. 

Y, ¿qué pasaría en un mundo donde nadie dijera lo que piensa y no habláramos abiertamente de las cosas que nos suceden? Seguramente, seríamos personas mucho más apáticas y estancadas, porque nadie pondría los problemas encima de la mesa y no sería tan fácil encontrar soluciones.

¿Es más positiva una actitud que otra? En realidad, no, porque lo verdaderamente positivo sería encontrar el término medio entre los dos comportamientos, pero siendo sinceros no es nada fácil teniendo en cuenta que, normalmente, tenemos una u otra tendencia.

Lo que sí puedes hacer es, por una lado, dejar de catalogar como mejor lo que tú eres y como peor lo que son los demás y, por otro lado, tratar de modificar la parte de tu actitud que te cree problemas. Si crees que ser una persona tan directa te ocasiona demasiados conflictos tendrás que aprender técnicas de control de impulsos, y si crees que tus problemas vienen de ser una persona demasiado discreta tendrás que aprender técnicas de asertividad.

Lo que está claro es que tanto una actitud como la otra tienen cabida en este mundo porque las dos son sumamente necesarias. Así que, cuando juzgues el comportamiento sincero o falso de alguien, recuerda que no es mejor ni peor, es solo alguien que se enfrenta a la vida de un modo diferente al tuyo.

Vani G. Leal, Psicóloga.

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